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Con Kattya Cascante

Lo que entra en nuestras neveras llega marcado por las mesas de negociación de estados, multinacionales y organismos multilaterales. Ella les conoce a todos… y los vigila.

Politóloga y especialista en Relaciones Internacionales y en Cooperación al Desarrollo analiza las causas de la crisis mundial de los alimentos. Kattya Cascante lleva años colaborando con la Fundación Alternativas y la Campaña de Derecho a la Alimentación descifrando la repercusión que alcanzarán las consignas de los organismos internacionales en la vida cotidiana de la ciudadanía anónima, la de países acomodados y, especialmente, la de quienes dependen de la ayuda alimentaria. Porque mientras en España se destina a la alimentación el 35% del presupuesto mensual, en los países más empobrecidos este porcentaje alcanza el 70%. ¿Qué les queda, entonces, para educación? ¿o sanidad? ¿o cultura? ¿o imprevistos?

Kattya aprovecha la ocasión de esta entrevista para amplificar el eco que nuestras decisiones cotidianas alcanzan  en el sistema de producción agrícola imperante. Compramos naranjas con brillo, tomates acorchados y verduras importadas desde la otra punta del planeta, enriqueciendo con nuestro dinero a los impulsores de ese modelo. “Todos somos responsables de haber cedido a la vista el lugar que siempre ha tenido el gusto. El comercio justo debería ser nuestro horizonte más próximo”.

¿Cómo se conjuga hoy ‘economía’ y ‘sistema financiero’ con  ‘Derechos Humanos’?
De ninguna manera. El sistema financiero que dirige la economía no sabe de coherencias con el respeto y la realización de los Derechos Humanos.

Empiezas rotunda…
Es que son tres elementos que deberían estar altamente imbricados en una sociedad tan globalizada como la actual y que pretende el desarrollo integral como fin último. Sin embargo, la relaciones de poder que mueven el mundo no les otorgan el mismo peso. ¿Cuántos recursos se han destinado a paliar los efectos de esta crisis financiera y cuántos a perseguir la vulneración de los derechos fundamentales del ser humano?

Está claro…
Encima la crisis ha supuesto una relajación en las reivindicaciones históricas y un cambio en las prioridades sobre el modelo social, incluso de la democracias más avanzadas, donde la cohesión y el reconocimiento de derechos van por detrás de la economía y la rentabilidad financiera de las decisiones políticas

¿Y qué pasa con el derecho a la alimentación de las personas?
La alimentación es una necesidad vital del ser humano, pero su reconocimiento como derecho es algo meramente retórico. Ningún estado asume la responsabilidad de alimentar a su población como un instrumento legal obligatorio. Con la crisis financiera este punto se ha hecho mucho mas evidente y sin duda ha corrido la misma suerte que el resto de los Derechos Humanos.

¿Los alimentos pueden ser tratados como activos financieros? ¿Está ocurriendo eso?
Las materias primas alimentarias son tratadas exactamente igual que el resto de materias primas (petróleo, minerales….) a pesar de tener la peculiaridad de ser imprescindibles para vivir. La crisis provocada por la subida de precios de los alimentos que se inició en 2007 se ha visto amplificada precisamente porque los alimentos han sido tratado como activos financieros.

¿Por qué?
Cuando la burbuja de las hipotecas basura explotó, los especuladores financieros encontraron en los alimentos un gran refugio para seguir ganando dinero.

Ya. ¿Y qué quiere decir eso de “soberanía alimentaria” que algunos defendéis?
La soberanía alimentaria es un modelo alternativo al actual sistema productivo agroalimentario para enfrentar las causas del hambre. Es un movimiento secundado por los países más afectados por sus bajos ingresos y el desigual acceso a los alimentos que el sistema actual permite, que reivindica el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas de producción, distribución y consumo de alimentos. ¿Qué sentido tiene que en África el arroz forme parte de la dieta básica si allí no se cultiva? Y ¿qué significa que en la Amazonía la población consuma preferentemente pasta? La soberanía alimentaria quiere evitar que estos anacronismos se sigan sucediendo a costa del hambre de muchos en beneficio de unos pocos.

¡Menudo cambio de óptica!
Sin duda implica una confrontación de dos modelos económicos. Por un lado, el dominante agroexportador basado en políticas neoliberales y libre comercio que ve la agricultura familiar como un modelo ineficaz que debe desaparecer, y en el que la solución al hambre pasa por generar empleo y divisas a partir de la exportación, para importar alimentos más baratos. Y por otro lado, el modelo de la soberanía alimentaria basado en las economías locales y en el desarrollo económico nacional y local, que ve la conversión de tierras a grandes monocultivos, para la exportación, como una fuerza que impulsa el crecimiento del hambre en las áreas rurales.

Y esto se relaciona con la subida de los precios de los alimentos que ha provocado la crisis económica ¿no?
Sí, porque el fenómeno de la globalización es sobre todo un fenómenos de interdependencias. Qué duda cabe que la subida de los precios de los alimentos -que tiene sus propias causas estructurales- también se ha visto claramente impactada por la crisis financiera. Coyunturalmente para mí el elemento que más ha influido en esta tendencia de encarecer los precios de los alimentos -por otro lado artificialmente mantenidos desde hace demasiado tiempo a través de los subsidios de los estados- es precisamente el que mencionábamos antes: la especulación financiera. Los activos financieros necesitan movimiento, cuanto más mejor, así que los alimentos dada su escasa regulación han sido y son el producto perfecto.

Y en este panorama, ¿cuánto poder tienen las grandes multinacionales agroalimentarias?
Demasiado. No son muchas más de diez las que controlan todo el mercado. Pero esto es así, entre otras cosas, porque la Organización Mundial del Comercio lo permite. Hace años que se reivindica un sistema de comercio internacional más equitativo mientras se avanza hacia justamente lo contrario. Más vacíos legales donde los más poderosos tengan más oportunidades de ser ingeniosos a la hora de enriquecerse y quedar impunes por sus practicas escasamente transparentes. Pero ya se sabe que quien hace la ley, hace la trampa….

Hoy se habla de economías industrializadas, economías emergentes y economías en desarrollo ¿dónde se sitúa España en ese panorama?
España ya no importa sin el sistema de integración regional al que pertenece. Es decir, España tiene la “suerte” de estar integrada en la Política Agrícola Común, algo que nacionalmente nunca nos ha beneficiado pero sí nos permite participar en un sistema de comercio internacional con claras ventajas. De hecho, en España la crisis de la subida de los precios de los alimentos apenas ha tenido repercusiones sobre nuestro modo de vida. Sobre todo, si tenemos en cuenta que aquí alimentarse apenas supone un 35% de nuestros gastos mensuales. Algo muy distinto es el impacto que ha tenido en aquellas economías donde comer supone más del 70% de los ingresos mensuales de una familia.

¿Qué gestos puede tener en cuenta un ciudadano cuando va al mercado si quiere hacer una compra responsable?
Priorizar a quien produce bajo las condiciones de un comercio más equitativo, si se puede, ya que suele ser un producto más inaccesible y caro. Creo que los consumidores tenemos bastante más responsabilidad de la que creemos en lo que consumimos. Me refiero a que si compramos fruta empaquetada o la seleccionamos solo por su aspecto, “fruta de diseño”, estaremos colaborando en que aquellas empresas que apuestan por los transgénicos sigan ganando cuota mercado en detrimento de la agricultura más sostenible. Todos somos responsables de haber cedido a la vista el lugar que siempre ha tenido el gusto y de no querer reconocer la huella ecológica que nuestras acciones producen sobre el medio ambiente. El comercio justo debería ser nuestro horizonte más próximo y asumir la responsabilidad que de ello se deriva nuestro objetivo como ciudadanos comprometidos con el medio ambiente.

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