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“¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!”. Mario Benedetti

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Ha convertido una tradición en su forma y medio de vidaYolanda Andrés, bordadora y artesana

Afirma que el trabajo manual es gratificante y único. Para ella, bordar fue el bálsamo en un difícil momento vital. Hoy, sus piezas cotizan al alza.

Yolanda Andrés creció en un pueblo muy pequeño de Zamora, en Sanabria. En la montaña, rodeada de animales. Recuerda que durante los inviernos nevados, no pasaba el autobús a recogerles para ir al cole. Y ella creció libre. 

Pinta con hilos. Y es que sus bordados son verdaderas joyas. Además, imparte clases en su taller, en el madrileño barrio de Lavapiés, y en la Escuela Superior de Diseño (ESD) y en el Instituto Europeo di Design, (IED), también en la capital. 

Eres bordadora. 
Sí, artesana, aunque mi base es la pintura y el diseño gráfico.

Al presentarte como tal, ¿qué cara suele poner tu interlocutor?
De entrada un poco perplejo, un poco después con muchísima curiosidad.

Te viene de familia y también te enseñaron en el colegio. ¡Cuéntanos tu historia, por favor!
Sí, con seis años ya hacía mis pinitos, me encantaba bordar. Mi madre tenía una mercería, siempre estuve rodeada de hilos, dedales, cintas… Y además toda mi familia borda, aprendí de ellas y también de las vecinas.

Tus comienzos tienen que ver con tardes al sol, con otras mujeres, con la aguja… ¡Bonitos recuerdos!
Sí, entrañables, todavía sigo bordando al sol siempre que puedo, y todavía queda gente en estos pueblos que me echa una mano de vez en cuando, aunque lo de la mezcla de mis colores no lo llevan bien. ¡Alguna siempre protesta!!

¿Y ahora cómo es tu trabajo? ¿Solitario?
Sí, muy solitario, aunque tengo muchas visitas en el taller, ellos hablan yo sigo bordando. Parte de mi trabajo es la enseñanza, aquí ya me explayo. Paso de la calma a la tempestad.

Pero no siempre bordaste de manera profesional. ¿Qué sucedió para que descubrieras el que hoy es tu oficio?
Trabajé unos diez años en agencias de comunicación y en 2008 nació mi primera hija, gran prematura, con menos de un kilo. Lo dejé todo, estuve medio año en la UVI, muchas operaciones, y después, dos años enganchada a una máquina de oxígeno. Este recogimiento y horas de silencio en el hospital me hizo retomar los hilos… Fue un verdadero punto de inflexión.

Si te diriges a alguien absolutamente ignorante en el arte del bordado, ¿Qué le dirías que te produce? 
Es difícil, algunos te toman por loca. Le diría que sobre todo es gratificante. Siempre digo que el bordado es para valientes. Precisa cachitos de tenacidad, de anhelo; luchamos con los nudos, con las hebras cortas, con agujas que desaparecen y sobre todo con la vista cascada.

¿Cómo es tu trabajo?
La técnica que utilizo es la del bordado tradicional, el de toda la vida con hilos de algodón, de seda, sobre telas de lienzo, lino… ¡Y mezclo colores imposibles! Por ejemplo, en París, he hecho un curso de alta costura en L’atelier Lesage, aprendiendo otras técnicas.

¿Qué bordas en estos momentos? 
Pues ahora mismo estoy con una paloma en plan alta costura, con perlas, abalorios de murano e hilos de oro. Pero cuando deje este curso sigo con una serie de linos cultivados e hilados por mi familia donde estoy bordando como una especie de parches. Tengo también una máquina semi-industrial de 16 bobinas, con esto llego a más público, ahora estoy haciendo unas cositas para la tienda del Museo Thyssen, también los productos que  vendo en mi tienda online y en el taller. Y entre manos, además, bordados para Japón y NY, que todavía no puedo contar.

¿Alguna vez imaginaste dedicarte a una profesión que hunde sus raíces en la tradición, en la artesanía?
Jamás, lo pienso todos los días y me río, pero es un trabajo duro y lento. Cuando tengo fechas de entrega… ¡Uff!

¿Te sientes feliz?
Me siento bien, me encanta lo que hago aunque un autónomo nunca es feliz del todo (risas).

Vivimos una vuelta a actividades manuales, la caligrafía, por ejemplo, también vive un buen momento. ¿Por qué sucede, en tu opinión?
Pues que nos cansamos de todo, tanto lío digital no es bueno… el trabajo con las manos es gratificante y sobre todo único.

Has colaborado con diversas firmas de moda. ¿Cuáles han sido esos proyectos? 
Mis primeras colaboraciones fueron con CH, esto me vino fantástico. Ahora tengo entre manos unas cuántas, ya os enteraréis. Firmo unos contratos de confidencialidad que a veces dan miedo.

¿Quién compra tus obras? ¿Te dicen por qué las adquieren?
Suelen ser caprichos y muchos por encargo, personalizados. La mayoría son para regalar. Cuando ven la pieza final se quedan sorprendidos, nunca hago dos iguales. A mí a veces me da pena desprenderme de ellas, tanto tiempo y mimo en cada obra…

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