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Tienen presencia en España, Inglaterra, Irlanda y Estados UnidosAlonso G. de Gregorio, de The Georgian Manor House

Co-dirige una una consultoría boutique de educación, que acompaña a los alumnos desde la infancia hasta las mejores universidades del mundo.

Alonso G. de Gregorio es actualmente director asociado de The Georgian Manor House. Este joven de 31 años, formado en 7 países, 6 universidades y con 5 idiomas, inició su carrera profesional en Louis Vuitton Möet Hennesy, primero en Suiza y luego en Francia. Más tarde, abandonó el mundo del lujo para iniciar su propio proyecto: una consultoría boutique de educación, que acompaña a los alumnos desde la infancia hasta las mejores universidades del mundo.

Esta firma, que se ha convertido en el secreto mejor guardado de las mejores familias españolas, recibe a menudo a personalidades del arte, la empresa, la música, el cine para diseñar el futuro de sus hijos, como si se tratase de trajes de educación a medida. Pero, como él dice, su misión es “guiar a las personas hacia un futuro mejor, sacando todo su potencial a relucir”.  Ahora, también, ayuda a adultos a rediseñar su destino profesional.

– ¿Cuál es el nombre y a qué se dedica tu empresa?
Se llama The Georgian Manor House.  Somos una pequeña consultoría boutique, que ayuda al alumno a encontrar  su vocación, y le diseña un itinerario educativo a medida que le lleve hasta ella.
Hoy, hemos acompañado a alumnos desde la infancia hasta las puertas de universidades tan prestigiosas como MIT, London School of Economics o Columbia, entre otras, siendo en muchos casos, los únicos españoles que entran ahí.
Ahora, también ayudamos a adultos que quieren redirigir su carrera profesional y no saben por dónde empezar. Por ejemplo, en estos momentos estoy trabajando con una alumna de 30 años de la rama de consultoría financiera con la que estamos planificando un cambio hacia el sector del lujo.

– ¿Cuándo y por qué nace?
Existe una enorme cantidad de herramientas para orientar al profesional, pero apenas hay nada cuando se trata de orientar a alumnos en edades tempranas. Irónicamente, esa es la etapa en la que éstas son más útiles.
Los niños crecen basando sus decisiones en estímulos externos, es decir, lo que opinan familiares y conocidos, lo que hace el vecino o la escasa información que tienen a su alcance. Pero en ningún momento se paran a reflexionar sobre quiénes son o para qué valen realmente. Su futuro se va trazando a medida que avanzan sin un plan concreto y el azar, en vez del talento, va marcando el paso.
La mayoría de estos niños o adolescentes se inician en un camino que exige del entreno de unas habilidades que no poseen y acaban, en muchos casos, en sectores profesionales que poco tienen que ver con su verdadera vocación. Esta es una vía directa hacia la frustración.
Este fue mi caso, y por eso quise crear una empresa que orientara a los jóvenes hacia aquellas profesiones que desarrollaran su talento, y lo más importante: explicarles paso a paso qué es lo que tienen que hacer para llegar hasta ahí.

– ¿Cuántos socios sois? ¿Cuántas personas trabajan en ella?
Somos dos socios, y trabajan alrededor de 40 personas, entre España, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos.

– ¿Con qué dificultades te has encontrado en los inicios?
Bastantes, pero la más significativa fue la elaboración del servicio que lleva nuestro sello. Se trataba de un sector novedoso, sobre el que no había casi nada escrito, y en el que cada vez que uno se aventuraba demasiado se encontraba con importantes barreras.
Pero llegó un punto en que me cansé de oír las palabras “imposible” y “poco rentable”, y junto con mi socia, Montserrat Viñamata Martorell, que lleva en el mundo de la asesoría educativa desde los 80, nos pusimos a investigar y a contactar con científicos, especialistas y académicos en Estados Unidos e Inglaterra. No sólo hemos sido los primeros en España en hablar de la detección del talento a edad temprana, si no en diseñar y proveer este servicio.

– ¿A qué tipo de público os dirigís?
Niños, adolescentes, adultos y profesionales. Nos visitan padres con hijos de entre 8-17 años que quieren asegurarles un buen futuro académico y profesional y buscan la mejor orientación educativa, universitarios que desean completar su currículum para hacerlo más atractivo a las empresas, o profesionales que buscan un cambio de carrera y no saben por dónde empezar.
Algunos padres me preguntan que si es un poco pronto empezar a planificar la educación en la niñez, yo les contesto que se trata de un momento ideal, pues no sólo nos permitirá saber en qué es bueno nuestro hijo y cuáles son sus carencias, sino orientar su desarrollo con cabeza.
Todos destacamos en algo de manera natural, y un talento que no se conoce es como si no existiera.  Para mí, el error está en orientar al alumno hacia una vocación en la que se valoran y necesitan otros talentos que no posee. Esto es llevar al niño directamente hacia una adultez problemática.
Por ejemplo, el otro día me decía un padre con un hijo con una elevada inteligencia musical que le orientáramos hacia una carrera que no fuera la música, porque según él: “se iba a morir de hambre”. Yo le contesté que eso dependería de cómo enfocáramos su desarrollo. Evidentemente,  si este alumno consigue entrar en el Berklee college of Music de Boston, y a través de su bolsa de trabajo accede a la filarmónica de Nueva York, el panorama será bastante distinto. Claro que para entrar ahí hay que preparase bien y con tiempo…
Se trata de empezar a tomar las decisiones apropiadas desde la infancia, y no ahogarle de extra-curriculares que le servirán de poco, mientras va forjando un currículum sofisticado que le permita acceder el día de mañana a aquel sector profesional que valorará quién es él.

 – ¿En qué países tenéis presencia?
Tenemos presencia en España, Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos, damos servicio a todos los mercados y clientes que quieran orientar su carrera o estudios.
Iniciamos nuestra andanza en España, pero con el tiempo, gracias al boca a boca, nos han buscado clientes de Italia, Francia, Dinamarca, Luxemburgo, Inglaterra, Estados Unidos e incluso Kuwait

– ¿Qué satisfacciones has encontrado? ¿Merece de verdad la pena?
Para serte sincero, los éxitos de mis alumnos son mi mayor satisfacción. Sentir que, de alguna manera, hemos contribuido a que sus sueños se hagan realidad.
Me encanta cuando una madre de un antiguo estudiante me llama años más tarde para contarme lo bien que le va. Disfruto cuando los estudiantes me mandan fotos de su nueva vida, con sus nuevos amigos o en sus primeras prácticas en el extranjero.
Mira, este año una alumna mía de un pueblo montañés, entró en Columbia. Cuando vino hace cuatro años y le hablé de esa posibilidad me miraba con sorpresa y bastante escepticismo. Apenas hablaba inglés. Según me contó, años después, lo que le decía le sonaba a película americana… Ahora es una realidad.

– ¿Qué consejos darías a otros que, como tú, quieran montar su propia empresa?
Diría que lo piensen y lo valoren con detenimiento. Ser emprendedor no es un hobby, es un estilo de vida. Tener una empresa es como tener un hijo, y, como tal, implica responsabilidad, auto sacrificio y dedicación casi plena.
Si quieres emprender, debes asumir que tu empresa te acompañará en todo momento. No sólo en la oficina, sino en el gimnasio, en tus fines de semana, en tus desayunos, comidas y cenas. Vivimos en un mundo en constante cambio, con un mercado en permanente evolución, que no sólo nos exige estar al día si no avanzarnos a lo que vendrá. Lo que hoy es de una manera, mañana será de otra completamente distinta, y la empresa pequeña, la que tiene menos medios, es la que más sufre.
Creo que es importante prepararse mentalmente para ese momento, ser tolerantes a la frustración y, si nos lanzamos, estar dispuestos a dar todo de nosotros, pues si no el proyecto no prosperará.
Pienso que mucha gente se equivoca al emprender. Quizás desean deshacerse de una rutina, sacarse una renta adicional o, aún peor, el reconocimiento que no obtienen en su puesto de trabajo. Yo recomiendo, antes de tomar una decisión tan importante, que realicen una labor de introspección y piensen si realmente ese es su camino. En estos momentos, hay una creencia popular que dicta que todos tenemos que ser emprendedores. Nada más lejos de la realidad.

– ¿Montaste la empresa que querías o la que pensaste que era rentable? ¿Volverías a meterte en una aventura similar?
Monté la que quería, no creo en la rentabilidad, creo en la vocación. No me importaba ganar dinero o no, quería dedicarme a lo que me apasionaba: la psicología y la educación. Como te he dicho anteriormente, a eso dedico mi día a día y mi tiempo libre, y es un verdadero placer.  Estoy constantemente formándome, viajando y haciendo networking. Cualquier momento es bueno para crear una alianza estratégica.
En cuanto a si repetiría la experiencia, quizás habría hecho algunas cosas de manera distinta, pero desde luego lo volvería hacer, no sólo porque me interesa, sino porque lo llevo en la sangre. Mi primer intento de empresa fue a los dieciséis y desde entonces no he parado hasta que lo he conseguido.

 

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