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La Guinness Storehouse, que abre sus puertas en el corazón dublinés, diseña su futuro.Dublín bien vale una pinta (o varias) de Guinness

La Guinness Storehouse es un museo con todos los secretos de la stout negra más famosa del mundo. Recorremos el recinto de la fábrica, una miniciudad dentro de la capital irlandesa.

Hay muchas formas de hacerlo, pero comenzar la visita a Dublín a 40 metros de altura, frente a la excepcional panorámica urbana de 360 grados que ofrece el Gravity Bar de la Guinness Storehouse, proporciona un subidón de entusiasmo. Si, además, el visitante se asoma a la ciudad del río Liffey bebiendo una pinta de la stout negra número uno del mundo, la emoción, como la espuma, crece. Ciertos días, hasta el sol acompaña y permite que algunos rayos esquiven el puzle de nubes. Todo parece encajar y brindamos a la gaélica manera: Sláinte!

El Gravity Bar ocupa el piso siete del Guinness Storehouse, un edificio industrial histórico de ladrillo rojo y vigas a la vista que en su día fue sala de fermentación. Desde el año 2000 alberga un extenso museo con todo tipo de objetos, actividades e historias relacionadas con la cerveza negra –o rojo rubí intenso– más consumida en 120 países. Su forma interna es la de una gigantesca pinta de 44 metros de altura: siete pisos circulares, cuya espuma son las cristaleras del Gravity Bar.

El éxito ha sido rotundo: en 2018, 1,7 millones de personas pasaron por la Guinness Storehouse, la atracción turística más visitada de Irlanda. Aquí se sirvieron 4.000 pintas diarias de media; la festividad de San Patricio (17 de marzo), 10.000. La mayoría brindaron en el Gravity Bar, que en 2020 tendrá un “gemelo” justo al lado, como delatan las obras en curso. Se trata de evitar las aglomeraciones en este lugar tan concurrido de Dublín y, ¡cómo no!, de duplicar los ingresos de tan burbujeante negocio.

Así nos lo explica Michael Ruse, un Guinness ambassador (guía) que también nos introduce en otros sabores de la marca: la rubia lager Hop House 13, que llegará a España pronto, la West Indies Porter, algo más dulce, la Rye Pale Ale o la lager Pure Beer, una sin alcohol que “aumentó un 100% sus ventas el pasado enero, desde que se popularizó entre británicos e irlandeses el dry January o enero seco, un parón abstemio después de los excesos navideños; se la conoce como the beer when you are off the beers” .

Antes de descender de las alturas, merece la pena fijarnos a vista de pájaro en los hitos históricos y monumentales del perfil capitalino que se alzan en la lejanía; los textos impresos en las cristaleras del Gravity Bar nos guían la mirada: las torres de las Catedrales de St. Patrick (1191) y Christ Church; el Trinity College, la universidad más antigua del país, cuya biblioteca alberga el valioso Libro de Kells, manuscrito ilustrado de hacia el 800; el Phoenix Park, el mayor parque urbano de Europa con 712 hectáreas por las que corren los ciervos; el Estadio Aviva, donde juegan las selecciones irlandesas de Rugby Union y fútbol; el Croke Park, sede de la Asociación de Deportes Gaélicos, además del estadio más grande de Irlanda y tercero de Europa, donde U2 y Tina Turner han celebrado sonados conciertos.

Quien agudice más la vista podrá descubrir la fina Spire of Dublin, también conocida como Monumento de la Luz, una espigada escultura de acero inoxidable que se alza 120 metros en el centro urbano, desde una base de 3 metros de diámetros hasta la cima, de solo 15 centímetros. Cuando los vientos arrecian, el pincho de la “aguja” puede balancearse hasta un arco de 1,5 metros.

Las instalaciones de la fábrica Guinness, según nos explica Mike, “van a cambiar por completo su piel en los próximos cinco o diez años”. El complejo de naves y edificios abandonados, depósitos inmensos, chimeneas y tuberías, que se extienden sobre un recinto de 220.000 metros cuadrados, una auténtica miniciudad dentro de Dublín, con calles reguladas por semáforos, pasos de cebra, ambulancias, un túnel peatonal…, va a rehabilitarse y transformarse para albergar más oferta de ocio: hoteles, restaurantes, teatros, cines, propuestas culturales… “Los arquitectos están en la fase de proyecto para presentarse al concurso”.

De momento, el entretenimiento está garantizado en los siete pisos de la Guinness Storehouse, donde cada nivel alberga todo un universo de sensaciones: bares donde te enseñan a tirar la pinta perfecta, con sus 30 millones de burbujas, y tu retrato puede aparecer impreso en la espuma, restaurantes, salas de degustación de expertos y aficionados, exposición de carteles publicitarios, con imágenes icónicas de la marca, un mundo de plasmas y luces de neón para explicar la elaboración de la cerveza negra (malta de cebada tostada, agua de las montañas de Wicklow, al sur de Dublín, levadura y lúpulo), una muy bien nutrida tienda de souvenirs con todo tipo de merchandising, la colección de todas las botellas, el archivo histórico, con tesoros bibliográficos, donde Eibhlin Calgan se encarga de explicar la historia de Guinness mediante valiosa documentación: un grueso volumen con las 9.000 etiquetas, la receta secreta de la stout negra, el primer libro Guinness de los records, guías antiguas…

En el nivel de entrada, a ras de suelo, una vitrina iluminada aloja el origen de todo el imperio cervecero: el contrato de arrendamiento de Arthur Guinness, el fundador de la fábrica, que en 1759, alquiló la cervecera en desuso de Saint James Gate, con su pequeño equipamiento de destilería, por un periodo de 9.000 años, tal era su visión de futuro… Diez años después ya habían comenzado a exportar la cerveza a Inglaterra. Y en 1902, cuando la fábrica comienza a exportarse al otro lado del océano, la fábrica contaba ya con 3.240 empleados, 10.000 personas dependían indirectamente de ella, uno de cada 30 habitantes de Dublín.

El enorme tamaño de las instalaciones que la fábrica Saint James llegó a tener puede experimentarse hoy caminando entre sus depósitos, edificios industriales antiguos, canalizaciones y naves modernas. La Brew House 4 (sala de fermentación 4) es parada obligada del recorrido. Fue creada, tras quedar pequeñas la 2 y 3, para aumentar la capacidad y la diversidad. En sus brillantes y plateados tanques fermenta durante dos días y medio la cerveza negra, de la que se producen aquí cuatro millones de pintas al día. Y no es la única que los ocupa: también se elaboran la lager Hop House 13, la West Indies Porter… y otras bajo licencia como Carlsberg y Budweisser. En la Roast House se tuestan cada año unas 21.000 toneladas de cebada a 232 grados para conseguir el mágico color negro o rojo rubí característico de la Guinness. Se trata de una de las pocas cereveceras que tuesta su grano in situ.

La Open Gate Brewery, epicentro de la innovación y la experimentación, abre solo tres días a la semana, pero merece la pena concertar la visita. Se trata de una “minifábrica” dentro del recinto, donde tres maestros cerveceros elaboran nuevas fórmulas y recetas, reinterpretan otras antiguas… de las cuales algunas llegarán a bares de todo el mundo, otras se quedarán aquí para siempre. Muchos entusiastas de la cerveza llegan con la ilusión de probar recetas realmente exclusivas, de degustar sabores que quedarán recluidos para siempre en el interior de los muros de esta inmensa fábrica Guinness. Ellos saldrán de aquí sintiéndose privilegiados por haberlas probado. Y muy felices…

Menu Guinnes en Locks Restaurant

Locks Restaurant, situado a orillas del gran canal y galardonado como mejor restaurante de Irlanda en los Restaurant Awards de 2018, ofrece un delicioso menú degustación maridado con diversas cervezas Guinness en un entorno tradicional muy agradable.

Menú maridado con Guinness:

Ostras con vinagreta de puerro; con Guinnesss Original
Pan negro Guinness, con mantequilla casera; con Rockshore Irish Lager
Lengua de Ox con caracoles y setas; con Guinness Rye Pale Ale.
Cordero de montaña Comeragh, polenta y ajo salvaje; con West Indies Porter,
Pudding de tapioca con avellana, chocolate blanco caramelizado; con Guinness Foreign Extra.
Macaroon de Guinness y chocolate

Guinness Malted Martini

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