El Hedonista El original y único desde 2011

“Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo.”. Julio Cortázar

Menu abrir sidebar

Experiencias

La Unión Europea ha sido una impulsora de la regulación del ruido ambiental¡Basta de ruido!

En la cultura popular española la diversión, sin ruido, no era diversión y nadie se quejaba de ello. Hasta que llegó la Ley del Ruido y con ella, el derecho al silencio.

El ruido es un problema social, político y económico de gran envergadura, capaz de condicionar la convivencia de una pequeña comunidad,  el desarrollo de un complejo urbanístico o el diseño de una gran infraestructura.

Bares presididos por máquinas tragaperras, molinillos de café y televisores a todo volumen, botellón multitudinario a altas horas de la madrugada, restaurantes con eco repletos de adultos y niños chillando, el fútbol en casa del vecino, el afilador y el vendedor de melones, ferias y verbenas…  el bullicio de la España cañí está inevitablemente unido al ruido. Hasta hace poco o nada, en la cultura popular española la diversión, sin ruido, no era diversión y nadie se quejaba de ello, aunque a más de uno le hubiera gustado. Hasta que llegó la Ley del Ruido y con ella, el derecho al silencio.

En el día a día son los ayuntamientos y las comunidades de vecinos los que tienen que lidiar entre el derecho de unos a montar juergas y el de los otros a dormir. Un encaje complicado cuando las fiestas dan votos y atraen al turismo, pero irrumpen en el descanso de los más vulnerables al ruido como niños pequeños, jóvenes estudiantes, ancianos o enfermos. La protección del medio ambiente contempla la contaminación acústica como una afección más que no sólo provoca reacciones adversas en los humanos, sino también en la fauna salvaje, provocando cambios en sus migraciones y asentamientos cuyas consecuencias aún están por valorar.

Derecho a descansar por Ley

La Unión Europea ha sido una impulsora de la regulación del ruido ambiental: a finales del siglo XX, diversas directivas europeas comenzaron a obligar a todos los países miembros a evaluar y gestionar el ruido, en particular el ocasionado por el transporte y las infraestructuras, los mayores generadores de ruido ambiental.  La Directiva 2002/49/CE impuso una serie de indicadores que se incorporaron al régimen jurídico español a través de la Ley del Ruido 37/2003 que por fin concedió a los ciudadanos el derecho a descansar. Tras ella, dos directivas posteriores establecieron los  límites y las zonas de protección.  Se comenzaron a establecer indicadores de ruido comunes y tipos de afección al entorno; se fijaron niveles y horas del día, y se identificaron aglomeraciones urbanas, grandes ejes viarios, ferroviarios y grandes aeropuertos a los que hoy día se les exige, entre otros, contar con mapas del ruido y planes de acción para mitigarlo. En España además, cada Comunidad Autónoma genera su propia normativa, y por último,  los ayuntamientos, más cerca de la ciudadanía, decretan sus ordenanzas particulares.

¿Qué se considera ruido?

La Ley del Ruido define contaminación acústica como “la presencia en el ambiente de ruido o vibraciones, cualquiera que sea el emisor acústico que los origine, que implique molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes de cualquier  naturaleza, incluso cuando su efecto sea perturbar el disfrute de los sonidos de origen natural, o que causen efectos significativos sobre el medio ambiente”. La unidad que se utiliza para medir el sonido es el decibelio, la décima parte de un bel, unidad creada por Graham Bell y que ha permitido que en España se establezcan unos  niveles máximos de ruido en el interior de edificios públicos: en hospitales 25 dB; en cines, teatros,  centros docentes y hoteles 40 dB; en oficinas y despachos públicos 45 dB y en grandes almacenes, restaurantes y bares 55 dB. Si tomamos como referencia que una conversación normal gira entorno a los 40 dB, podemos hacernos una idea de los valores estimados.

Sin embargo, la realidad supera bastante esta limitación. En su página web, la UE señala que un 20% de la población europea sufre niveles de ruido inaceptables que provocan molestias, problemas de sueño y deterioro de la salud. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de un 40% de los europeos están expuestos a niveles de ruido de tráfico superiores a 55 decibelios – zona de incomodidad acústica-  y de ellos, más del 30% lo sufren durante la noche.

Año tras año, con la promulgación de cada nueva directriz se acota el espacio al ruido, generando normativas que pueden cerrar un local, variar la orientación de un edificio, modificar la fabricación de un motor, o cambiar el diseño de una carretera. Para los creadores de todas estas regulaciones el trabajo es un auténtico quebradero de cabeza: si la actividad que provoca el ruido se genera a nivel del suelo, la colocación de una pantalla evita que incida en las primeras plantas, pero  ¿a qué altura debe estar para las más altas? Si imponemos paredes en las viviendas con mayor grosor de ancho o ladrillos especiales ¿hasta dónde encarecer el precio de las construcciones? ¿Cómo evitar el paso del ruido si es obligatorio poner rejillas de ventilación?

El Código Técnico de Edificación ha mejorado sensiblemente la calidad de la nueva construcción en cuanto a contaminación acústica, promoviendo viviendas de mayor calidad en las que en principio no deberíamos oír el centrifugado de la lavadora del piso de arriba. El problema está en lo que tenemos ya, que poco podemos cambiar. Establecer normas éticas de buena convivencia requiere mucha labor de concordia pues nadie se libra de la culpa, ni el que pone la televisión al máximo, el conductor acelerado, el fabricante del motor del coche o el que puso ese asfalto atronador.

Son muchas las ciudades que ya toman medidas para reducir los altos niveles de contaminación acústica: reducen los volúmenes de tráfico, fomentan el transporte público, hacen diseños urbanísticos adecuados o se peatonalizan algunas calles. Algunos conflictos generados por el ruido han durado años, como el acontecido en el aeropuerto de Barajas. Con la apertura de las dos nuevas pistas de la T4 surgieron cientos de denuncias de residentes afectados por el ruido de los aviones. Muchas viviendas tuvieron que ser reformadas con sistemas de aislamiento y, como dato curioso, desde entonces Aena ha puesto a disposición del público una herramienta en internet que hace un seguimiento de los aviones que despegan o aterrizan en el aeropuerto con información del número de vuelo, tipo de avión, su altitud, y el nivel de ruido generado.

La contaminación acústica afecta a la salud

Al legislador tampoco le resulta fácil impartir justicia con el daño provocado pues por más que se midan los decibelios, las apreciaciones subjetivas no son fáciles de obviar: un avión de gran fuselaje puede ser más silencioso que uno de menor tamaño pero si pasa por encima de tu casa, la sensación de ruido es mucho mayor debido al miedo. Se mida como se mida, la percepción del ruido tiene un componente altamente subjetivo. Y es que, por encima de todo, la contaminación acústica es  un problema de salud. El ruido desquicia, impide descansar, favorece el insomnio, produce taquicardias y en casos extremos puede provocar sordera o incluso la muerte. A las alteraciones físicas le suceden las psíquicas, como un aumento de nerviosismo y agresividad, véase este caso real, aunque parezca un episodio de A sangre Fría: C.L. salió de su casa a las 5 horas de la madrugada con un cuchillo de grandes dimensiones en la mano. Saltó la valla del vecino y sin más, le clavó a la hembra de rottweiler del vecino más de veinte cuchilladas. Horas después, en comisaría,  C.L. alegó como única defensa que el perro llevaba meses sin parar de ladrar… Obviamente, el protagonista de este hecho, que tuvo lugar el verano pasado en un barrio de Madrid, no estaba en buenas condiciones mentales, pero para los jueces afrontar día tras día casos como éste u otros, no es tarea fácil.

Las leyes van tomando terreno y los hábitos cambian, en este caso a mejor. La misma civilización que nos trajo el ruido ahora se lo lleva. Puede que con el tiempo dejemos de escuchar las intimidades del vecino a través de  “paredes de papel” y de adormecernos en la siesta del verano con el run run del aparato del aire acondicionado. Seguro que no lo echaremos de menos.

Etiquetas

Experiencias

Experiencias

¡Basta de ruido!

Miguel de Santos

En la cultura popular española la diversión, sin ruido, no era diversión y nadie se quejaba de ello. Hasta que llegó la Ley del Ruido y con ella, el derecho al silencio. leer

Todo esto
y mucho más
en Experiencias
+