El Hedonista El original y único desde 2011

“Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.”. Michel de Montaigne

Menu abrir sidebar

Experiencias

Es un sistema más introspectivo, perfecto para estos díasYin Yoga en torno a la meditación (y más)

Cada cierto tiempo 'se inventa' un nuevo estilo. A quienes huyen de las modas, les diremos que se acerquen al Yin Yoga porque verdaderamente es un regalo

No somos amigos de booms ni de tendencias pasajeras. Practicamos yoga desde hace años, pero confesamos nuestra última debilidad: Yin Yoga. Porque un buen hallazgo siempre hay que compartirlo, recogemos las palabras de Kathy Paéz, al hilo de su reciente libro que nos ofrece muchas claves para desear practicarlo ad aeternum. No es la única porque Valeria Gay, instructora en Madrid, comparte con nosotros otras razones para descubrirlo y dejarse fluir. 

Kathy Paéz firma El libro del yin yoga. Potencial de la quietud. Y casualidades de la vida, fue la maestra de Valeria Gay, dado que imparte formaciones en lugares como España, México, Uruguay y Noruega. Algo que desconocíamos antes de iniciar este artículo. Así de pequeño es el mundo.

Kathy llegó al Yin Yoga porque estaba practicando un estilo intenso de Ashtanga y le dolía el cuerpo por exigirse demasiado.

Asegura que el Yin Yoga tiene aspectos influyentes del taoísmo, pero es un estilo que también proviene del Hatha Yoga de India. Es una practica quieta, funcional y complementaria a prácticas más yang de yoga o actividades físicas.

Las posturas suelen ser mayoritariamente de suelo aunque también existen secuencias yang. El tiempo de mantener varía de una persona a otra, puede empezar con 1 minuto y llegar hasta 7. Cada postura tiene una zona objetiva que busca estirar. Cada cuerpo va a encontrar esta zona con variaciones diferentes y por eso agrego la palabra funcional.

Explica que “Al ser un estilo complementario a otros más dinámicos (yang) trae equilibrio en todos los sentidos. No solo físico -nutriendo el tejido conectivo que es yin- sino también interno cultivando estas cualidades yin que nos permiten descansar del bombardeo de estímulos externos, actividades y obligaciones que tenemos en el día a día”.

Mientras actividades dinámicas (Vinyasa yoga, correr, fitness) fortalecen los músculos, el Yin Yoga trabaja el tejido conectivo del cuerpo, estimulando éste a través de sus posturas que se sostienen largos ratos. Este tipo de estimulo es bueno porque ayuda a que el cuerpo se mueva con facilidad al trabajar los fibroblastos que crean el colágeno, esto permite mayor movimiento entre las fibras musculares y las articulaciones ya que todas estas están hechas de tejido conectivo y fascia.

A ella, a Kathy, la práctica en lo físico le permite moverse con más facilidad y sentir menos tensiones musculares. “En lo interno, me aporta equilibrio y estabilidad. En lo espiritual me conecta con la fuerza que me permite confiar”, concluye. (Y ahora lo necesitamos, añadimos nosotros)

Valeria Gay imparte clases de esta modalidad en Californian Hot Yoga.  A lo largo de los años ha practicado diferentes estilos, primero Hatha y Vinyasa para gradualmente interesarse más y más por sistemas menos dinámicos, Iyengar y Yin Yoga, que le permiten utilizar el tiempo en las posturas como investigación ilimitada del cuerpo, la respiración, la mente y los sentidos.

Ella subraya tres ‘patas’: el trabajo del cuerpo (alcanzamos el tejido conectivo y tratamos de recuperar el rango de movilidad máximo de nuestras articulaciones); el trabajo energético (estimulamos las líneas energéticas o nadis para los yoguis, que coinciden con los meridianos de medicina tradicional china); y el aspecto meditativo, ya que al mantener las posturas durante varios minutos y en quietud, cada una de ellas se convierte en una postura de meditación.

En su opinión, a simple vista parece un estilo pasivo pues la mayoría de posturas son de suelo y tratamos de soltar, de relajar, de no activar los músculos.

“Cada uno tiene que buscar el equilibrio, el punto medio: debe haber sensación y trabajo, pero con la suavidad necesaria para poder mantener, quedarnos ahí.  Si nos excedemos, si vamos a nuestro máximo, se hace muy difícil respirar de forma equilibrada, soltar la musculatura, permitir 0que la gravedad actúe y mantener un tiempo más o menos prolongado.  Si nos quedamos cortos, no estamos haciendo nada”, explica.

A Valeria le fascina el aspecto meditativo del yin yoga: “Siempre digo a mis alumnos que se trata tanto de un sistema de yoga (utilizamos asanas) como de un sistema de meditación (respiramos de forma consciente, observamos la propia actividad mental).  Utilizamos las sensaciones que generan las posturas para llevar la consciencia a nuestra dimensión física.  El cuerpo no miente.  Así, a través de esta información aprendemos a estar con nosotros mismos, a conectar con nuestra intuición, a elegir nuestra respuesta ante los estímulos en vez de ser prisioneros de nuestras reacciones, primero en la esterilla y, de forma paralela fuera, en la vida”.

Le preguntamos qué le brinda a ella la práctica y responde: “Paro, reconecto, vuelvo a mí. Respiro, siento, relajo. Acepto, priorizo, agradezco. Suelto, dejo ir -no sólo el aire- en cada exhalación”.

Sin duda es un buen resumen de todo lo que aporta la práctica de Yin Yoga.

Experiencias

Todo esto
y mucho más
en Experiencias
+