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El hedonista elige

Jaén tiene la mayor concentración de restos íberos de toda la penínsulaMuseo Íbero de Jaén, lo mejor está por llegar

Un magnífico edificio con un contenido realmente valioso, aunque todavía escaso

Imaginemos un enorme cofre del tesoro que contuviera una sola joya. Esa es la sensación que produce el Museo Íbero de Jaén, un edificio de espectaculares proporciones que acoge unos exiguos fondos. Sin embargo, las pocas piezas que posee son realmente magníficas. Lo mejor de este museo está por llegar.

Hay que amar el arte íbero por su belleza y también porque procede del pueblo que nos dio nombre. Los íberos vivieron en el sur y el levante de nuestra península y dejaron huellas de su paso desde el siglo VII al I antes de nuestra era.

A los íberos les gustaba construir con piedras grandotas sus santuarios y templos, amurallar con solidez sus ciudades porque en esos tiempos la seguridad brillaba por su ausencia y enterrar a sus finados con todas sus cosas.

Los íberos estaban en plena Edad del Hierro, así que también fabricaban armas, herramientas, artilugios agrícolas, figuritas de adorno y exvotos, joyas y abalorios… de ese metal. Ya tenían tornos para hacer alfarería magnífica con decoraciones de ondas y círculos, diseños minimalistas unos y a la moda griega otros.

Además, se entretenían en esculpir voluminosas figuras, a juzgar por las que se han encontrado, con las que decoraban necrópolis y santuarios.

Jaén lo tiene casi todo

Hay más de 550 yacimientos íberos en Jaén, por el momento. Allí se encuentra el mayor legado íbero no solo en cantidad, sino también en calidad. Existen ejemplares más famosos en otras partes, como la bicha de Bazalote, que apareció en Albacete, o las damas de Elche y de Baza que, con independencia de su origen, habitan en el Museo Nacional de Arqueología. Pero Jaén tiene la abundancia, la originalidad y una universidad entregada desde hace años al arte íbero, a su investigación, difusión y restauración.

En Jaén ha habido hallazgos felices. Uno impresionante tuvo lugar en el municipio de Porcuna, en el que hoy es el Parque Arqueológico Cerrillo Blanco. Allí aparecieron esculturas de mujeres con niños en actitud frontal y formal, guerreros luchando con gesto cruel, cazadores peleándose con bestias, animales enzarzados unos con otros… Todas son figuras potentes datadas en el siglo IV a. n. e.

Otro tesoro apareció en El Pajarillo, en el término jiennense de Huelma, donde se hallaron restos de la estatua de un joven (lo suponen porque el tamaño de sus atributos deja mucho que desear) y de un guerrero poderoso. Hay también leones, grifos, lobos y otros animales que no está claro lo que son porque en esa época, sin documentales de La 2, los artistas tenían que esculpir de oídas.

La colección del Museo Íbero

Una exposición temporal titulada «La dama, el príncipe, el héroe y la diosa», con la que fue inaugurado el museo en 2017, es todo cuanto puede verse de arte íbero. Las piezas son notables y están magníficamente presentadas, con un recorrido didáctico por la cultura de esa época, articulado con lo más destacado de su iconografía: las damas hermosas, los príncipes que acaparaban el poder político y económico, los héroes prestigiosos como los futbolistas de hoy y las diosas, siempre necesarias. Destaca el ajuar del príncipe Iltirtiiltir (más fácil de escribir que de decir), otro feliz hallazgo encontrado en la necrópolis de Piquía, en Arjona.

Se supone que de esta exposición temporal se quedarán todas las piezas, excepto dos, como fondo permanente del Museo Íbero. Actualmente, el contenido sabe a poco, incluso aunque peguemos la nariz al cristal de su espaciosa sala de restauración para ver las piezas que esperan la llegada de los arqueólogos.

Por suerte, a dos minutos andando está el Museo de Jaén, el de toda la vida, que en el batiburrillo de su sección de arqueología y en una moderna sala anexa aloja piezas fabulosas de arte íbero, como el conjunto escultórico de El Pajarillo del siglo IV a. n. e., con más guerreros, leones, grifos y felinos inclasificables. De aquí saldrá todo lo que queda de este periodo, que es bastante, para el nuevo museo.

El envoltorio

A lo mejor no sabemos mucho de historia de los íberos, pero esta otra seguro que nos suena: la construcción de un edificio que acumula un montón de años de retraso y de millones de más, peleas entre la Junta de Andalucía y el Gobierno de la nación, arquitectos que se cabrean, sentencias que no llegan, apelaciones y más apelaciones… Esa es la realidad del Museo Íbero.

El proyecto inicial fue de los arquitectos Álvaro Soto y Javier Maroto, premiados en un concurso internacional presidido por el gran Moneo. Al final, la ejecución fue de Eddea, una firma de arquitectura y urbanismo con sede en Sevilla.

Lo que al visitante más debe importarle es que el resultado constituye un acierto pleno. En sí mismo y también en su integración con el espacio que rodea al edificio, con mucho aire, en una parcela de más de once mil metros cuadrados, ubicado en una zona moderna, en el paseo de la Estación de Jaén.

El Museo Íbero es un edificio moderno y bellísimo por dentro y por fuera, con textura, del color de la poca tierra que en Jaén dejan libre los olivos. Espacioso en sus salas, con un área de conservación y restauración magnífica, talleres, auditorio, biblioteca, etc.

Para mayor gloria, con su construcción se demolió la antigua cárcel de Jaén, de infausta memoria, no como todas, sino más. Jaén tuvo más presos hacinados que aceitunas: desde mediados de 1939 hasta finales de 1941, cuatro mil hombres pasaron días, meses y años recluidos en un centro pensado para ochenta.

El Museo Íbero es único en el mundo. Se supone que cuando los Gobiernos locales, autonómico y central se pongan de acuerdo, cuando los políticos empiecen a trabajar por los intereses de los ciudadanos y no por los propios… llegará el día en que este museo fabuloso tendrá la dotación que merece.

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Maria Luisa Fuentes

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