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Es socio de Alem, una agencia de comunicación de marcas premiumJuan Botello, memorias de Nueva York (2)

Nació en Las Palmas, ha vivido y frecuenta Nueva York. Nos das las claves de su agenda y compartimos un gintonic con Seagram's Gin.

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Juan Botello nació en Las Palmas de Gran Canaria, y a pesar de mil viajes y estancias en el extranjero, su tierra le permanece en la voz, en el acento y en la sonrisa. “Cuanto más mayor me hago, más me hace falta volver regularmente a mi casa, al lugar donde nací. Y a la vez, más a gusto me encuentro en Madrid“. Nos recibe en su casa y al llegar, está preparando el gin tonic. Conoce bien el arte de recibir y se anticipa siempre a los deseos de sus invitados.

Llegó de Las Palmas a Madrid a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas, pero curiosamente tuvieron que pasar muchos años y varios viajes, tanto emocionales como físicos, para que acabara trabajando en este campo que le apasiona. Ahora es socio de la agencia de comunicación Alem, a la que se dedica en cuerpo y alma.  “Somos un equipo pequeño, entusiasta y especializado en belleza y lifestyle”, –comenta Juan. “Tenemos la fortuna de trabajar con marcas extraordinarias, de gran calidad, sin tiempo para aburrirnos ni para la rutina- ¡Cada día es un reto nuevo!”

Conversando con Juan es inevitable hablar de viajes, y sobre todo de Las Palmas, New York, Sidney y Madrid. En todas esas ciudades ha vivido y disfrutado con pasión, y conoce bien cómo moverse. Su agenda es agenda siempre es una referencia para amigos que se desplazan a esos destinos.

¿Cómo llegas a NY?

Al acabar la carrera, estuve un tiempo sin saber dónde dirigirme exactamente, por lo que aproveché para viajar a Nueva York y conocerla a fondo, como habitante, y no como turista. No sólo fui a perfeccionar mi inglés, sino a vivir el día a día de esta ciudad, a conocerla de otra forma, y fue apasionante.

– ¿Cómo es la ciudad?

Energética, pero eso ya se sabe. Y abierta, muy abierta. Es muy fácil hacer amigos, abrirse a la gente. Es una ciudad a la que llega constantemente gente de todo el mundo, y es por tradición y convicción un lugar abierto a los demás. Y frenética, es una ciudad donde aprendes a caminar a una velocidad de infarto, donde todo pasa con rapidez y donde el cambio es la única constante.
Es una ciudad a la que la gran mayoría llega a trabajar y a hacer carrera, por lo que se dedica muchísimo tiempo y energía a lo profesional. Las jornadas laborales son larguísimas y extensas, se trabaja muy, muy duro. Eso que hace que quedar con amigos se planifique al milímetro: no es tan fácil quedar como en España, donde basta con enviar un par de mensajes. Allí, los encuentros entre amigos se marcan en la agenda y se planifican con antelación.
Me gusta también lo diferentes que son unos barrios de los otros, casi como universos diferentes separados sólo por unas cuantas calles.

-¿Cómo definirías tu vida allí?

Fue un tiempo afortunado, porque llegué haciendo “house-swapping”: tuve la fortuna de poder alojarme en el apartamento de alguien que a su vez se quedó todo ese tiempo en el mío de Madrid. Vivir sin pagar renta en Nueva York es un lujo único, ¡único! Ese tiempo tuve la suerte de poder dedicarme sólo a estudiar por las mañanas y a disfrutar de la ciudad por las tardes.

– ¿Cuáles eran tus lugares preferidos?

Donde más movía era por el East Village y el Soho, aunque ahora cuando lo visito también voy mucho al Meat Packing district, que ha sufrido una transformación increíble.
* Un hotel: The Standard.
* Barrios: Soho, Village y Meat Packing District.
* Restaurantes asiáticos:
Lure y Nobu
* Restaurantes clásicos :
Grand Central Oyster Bar and Restaurant. (en el Midtown). Está en el corazón de Central Station, en los bajos de la estación, en el Food Court. Es el sitio más famoso de NY para comer ostras.
Union Square Cafe. (junto a la plaza) (001212/243 40 20) 21 East, 16th St.
* Para desayunar: Bubby’s.
* Para el brunch del domingo: Balthazar
* Tiendas: Para ropa, sin duda Jeffrey. ¡Me lo llevaría todo!
Me apasiona la sección de moda y de cosmética de Barneys.
* Un gintonic: The Rose Bar and Jade Bar y The Top of the Standard.

¿Podrías ‘programarnos’ un día, de la mañana a la noche, en la vida de un gentleman que vive en NY?

Running por la mañana en el East River. ¡El amanecer más espectacular!
Desayuno en el Bubbys.
Perderme en el museo Metropolitan.
Paseo por el Central Park.
Comer ostras en el Grand Central Oyster Bar.
Shopping por el Soho.
Primera copa antes de cenar en The Top of the Standard.
Cena en Nobu.

– ¿En qué se parecen NYC y Madrid?

Son ciudades llenas de energía y en las que sus habitantes son muy abiertos a los visitantes. Es muy fácil sentirte parte de la ciudad cuando vienes de fuera. Son ciudades acostumbradas a recibir a mucha gente de otros lugares, y lo hace con los brazos abiertos.

–  ¿En qué se diferencian?

Obviamente NY tiene mucha más oferta gastronómica, es una de las cosas que más me gusta, pero la noche de Madrid está más viva. Como curiosidad, decir que en NY se liga mucho de día, no sólo de noche.
La oferta cultural de NY es la envidia de cualquier ciudad – ¡aunque te pueda arruinar y necesite un presupuesto aparte para los espectáculos!
Algo que me llamó siempre la atención es la cantidad de servicios que en Nueva York se “contratan” de fuera y que en Madrid hacemos en casa, desde pasear al perro, lavar la ropa (pocas casas tienen lavadora) a plancharla o cocinar. ¡Es la meca de la comida a domicilio! Hay servicios baratísimos, de gran calidad y que se encuentran en todas partes.

– ¿Qué lugares de Madrid son los más neoyorkinos?

* Gin: Del Diego ; Le Cabrera y La terraza de El Dry Cosmopolitan Madrid
* Restaurantes: Kulto; Ramdom; Umiko; Punto Mx, SQD y Sudestada
* Tiendas: Isolée

Cuando tienes nostalgia de New York… ¿qué haces?

La verdad es que cuando me entra nostalgia empiezo a programar mi próxima escapada a Manhattan. Algo tiene NY que es complicado de replicar su energía en otro sitio por mucho que los locales repliquen su estilo.

– ¿Volverías a New York a vivir?

Aunque por mi vida personal y laboral lo veo complicado, sin lugar a duda volvería si las circunstancias lo permitieran. De hecho, al menos intento compensarlo viajando una o dos veces al año allí. Sobre todo, a principios de verano, es casi una cita obligatoria. Y me apasiona el indian summer de finales de septiembre, ese “veranillo de San Miguel” del otoño en que el clima es maravilloso y la ciudad está en un momento espléndido.

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