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Eduardo Noriega y su pasión gourmet

Es uno de nuestros actores más queridos y, quizá por ser del Norte, todo un gourmet.

Su naturalidad, físico y sobre todo su carrera, que le hace pasearse por Hollywood con soltura, han convertido a Eduardo Noriega en un reclamo publicitario valioso para las marcas. La última, Mahou Sin, ha querido convertirle en su embajador, título que el actor porta con ganas ya que es todo un experto en el arte de irse de cañas. De paladar sabio, nacer en Santander es lo que tiene, nos recibió en el hotel Wellington de Madrid donde nos desveló su lado más hedonista.

Recién llegado del Mercado de Sabores, donde has tirado algunas cañas, la pregunta es obligada, ¿cuándo te tomaste la primera?
Mi primera Mahou (risas)… Uff, no sabría decirte, pero desde que recuerdo voy de cañas, antes comentábamos que lo de ‘ir de cañas’ es muy de Madrid, en otras zonas más del Norte era más de quintos o de blancos, pero sí, no me cuesta nada decirlo a mí me gusta ir de cañas, y entre caña y caña un tapeo.

Entonces ¿eres de los que se lían?
De verdad que me encanta comer de cañas, se pide una ración o media, y sin darte cuenta, de pie, ya has comido. Prefiero comer así porque creo que el tiempo que se dedica a la comida en España es exagerado: primero, segundo y copa. Por ejemplo, cuando tienes una comida de trabajo en realidad estás dos horas sentado perdiendo el tiempo, porque hasta los postres no se habla de lo importante. En cambio, si estás de pie en seguida se entra en materia, no hay tu tía, y creo que irse de cañas es un ritual muy nuestro, muy cercano y muy de andar por casa.

Siendo del Norte comerás bien, ¿qué tapeo es el que más te llama la atención?
(Risas) Sí, soy muy disfrutón con la comida, me gusta mucho comer de todo. Las tapas me encantan, en general, innovadoras, pero me gusta que la raíz esté en lo tradicional, es decir, lo increíble de una espuma de cocido es que tenga ese sabor de verdad, y para ello se tiene que saber hacer un cocido de campeonato porque si no, no sale nunca. Los grandes cocineros de este país se han basado en la cocina de la abuela para luego inventar otros platos con texturas o con colores nuevos.

Habrás disfrutado entonces del Mercado de Sabores.
Sí, la verdad es que sí. No mucho las tapas, más bien las cañas. Me pasaré con más tranquilidad porque hay cocineros de nivel y restaurantes de calidad. Por tres euros que vale la tapa puedes probar un Roncero, un gusto.

A la hora de elegir un tipo de cocina, ¿con cuál te quedas? Más experimental, más casera…
Soy muy de cocina casera, pero también de cocina muy internacional. Me encanta la gastronomía peruana, japonesa… creo que Madrid, especialmente, te da esa oportunidad de probar cosas de fuera. Al final llega a todas las ciudades, pero Madrid va a la vanguardia. Me acuerdo que cuando probé la comida japonesa por primera vez en mi vida fue rodando Cha, cha,cha, porque había una escena que transcurría en un restaurante japonés, te estoy hablando del año 97, que no parece que haya pasado mucho tiempo, pero sin embargo en Santander el primer japonés se ha abierto hace unos cinco años. Ahí está la diferencia.

Madrid y también tu trabajo, porque has podido viajar mucho y probar la gastronomía autóctona de muchos lugares. ¿Ha habido alguna que te haya sorprendido especialmente?
Pues mira sí, la boliviana. Estuve rodando en Bolivia, que tiene partes muy diferenciadas, tiene una zona que es toda frondosa, con mucha vegetación, muy verde a la altura del mar; y otra, que está a más de 3.000 metros de altitud, desértica, que apenas crece nada en la tierra y donde hay que llevarlo todo, es un entorno muy pobre… y a mí me llamó mucho la atención cómo con alimentos muy elementales son capaces de dar mucha vida a su cocina, por ejemplo la quinua me gustó mucho. Un cereal que lo utilizan para todo y cuyo sabor me encantó, ahora la puedes encontrar en algunos supermercados, entonces no llegaba hasta aquí y de hecho tenía un contacto en Bolivia para que me la trajera (risas). Me gusta probar la comida autóctona tal y como es en realidad, si es picante quiero probar lo picante que es.

Comida mala y fast food has tenido que comer, seguro, precisamente también por tu trabajo.
Totalmente, yo siempre intento hablar con producción para explicarles que con muy poco se pueden hacer cosas muy ricas y sanas. Me acuerdo un rodaje que no tenían mucho presupuesto, la comida era muy básica, nos la traían de un sitio muy pequeño, pero estaba muy rica. El equipo estaba muy contento, era todo ensaladas, un gran pescado al horno y una opción de carne, pero con ingredientes buenos. No se me olvidará nunca el nombre del sitio: Catering Hepburn, en Barcelona.

¿Eres cocinillas?
Sí, bueno, no le doy mucho, pero sí sé hacer algunas cosas, como cuando estaba en Londres e invitaba a alguien a cenar a casa siempre hacía pescado al horno, se quedaban de piedra y encantados porque allí es un lujo, es muy caro y no se hace. También sé hacer unos chipirones, o hace poco tiempo mi suegra me ha enseñado un guiso facilísimo: metes en una cazuela un pollo, yo lo limpio bien y le quito la grasa así queda un plato muy liviano, uvas pasas, ciruelas pasas, piñones, una cerveza que además siempre es Mahou Clásica, que es la que tengo en casa, en este caso con alcohol, y lo dejas todo a fuego lento, que se haga despacio. Riquísimo, es una receta que ya he dado a varios amigos.

¿Sabores de tu infancia que sean inmejorables?
Muchos platos de mi madre, por ejemplo el arroz con leche, los habrá mejor hechos pero como el de mi madre ninguno; las lentejas caseras o el bacalao al ajo arriero, en este último caso no era una receta de ella, era de la madre de una cuñada y es un plato que también hago yo, muy laborioso de hacer, pero muy rico.

¿Un restaurante que te haya emocionado?
Pues el Cenador de Amós, en Cantabria. Me encantó porque su chef, Jesús Sánchez, tiene sus raíces en lo tradicional. Recuerdo un detalle que lo dice todo: cuando entramos a cenar, de aperitivo nos sacó una anchoa, nos la limpió, vimos con qué cuidado se tiene que hacer, le echó aceite de oliva extra virgen y nos la sirvió en una lata. Allí, de pie en una barra, me pareció una cosa muy sencilla, muy rica. Pensé, así tiene que ser la cocina. Un homenaje a esa anchoa de Santoña, tan tradicional de la zona, donde se dejan en salmuera hasta seis meses que es cuando cogen un sabor que parece jamón. Fue un detalle que me enamoró directamente del sitio y del cocinero.

Dejando un poco tu lado más hedonista, hablemos de tus proyectos futuros. Primero, una serie que aún no se ha estrenado, Llueven Vacas, junto con Maribel Verdú y un elenco muy potente que se esperaba para principios de año.
Es un proyecto para una web serie, pero que se hizo sin la televisión, creo que en esta profesión, la televisiva o la cinematográfica, cuando te saltas algún paso del proceso, te penaliza. Tengo esa sensación. Es un texto de Carlos Be, maravilloso pero muy duro, en el que se habla del maltrato físico y psicológico a la mujer como algo cultural que por desgracia ha permanecido a lo largo del tiempo.

Ahora mismo estás rodando tu próxima película, Los miércoles no existen, con otro grupo de actores que arrasan actualmente: Inma Cuesta, Alexandra Jiménez, Andrea Duro, Gorka Otxoa y William Miller. Peris Romano es el director, quien ya presentó esta obra en teatro, con gran éxito.
Sí, está siendo un rodaje muy bueno. En realidad primero fue un guión cinematográfico, no encontró financiación y por eso se llevó al teatro. Lo más difícil ha sido estar ante un director con un texto tan trabajado, es el tercer elenco con el que lo desarrolla. Así que lo de llegar y aportar ideas lo descarté en seguida (risas).

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Miguel de Santos

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