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Bares y lugares

De carácter nómada.Banquete pop up

Se conoce el nombre del chef, pero no el escenario de la cita. Siempre es una cita sorprendente.

Cada propuesta es diferente a la anterior y también a la siguiente. Participar, como comensal, a un Banquete pop up implica un componente de sorpresa. Y he ahí parte del encanto de cada nueva experiencia en torno a la buena mesa.  

Cuando surgió el proyecto, incluso, se desconocía el nombre del chef encargado de la velada, pero sus impulsoras se dieron cuenta de que era preciso tener, al menos, ese dato. Desde que se conoce, el número de asistentes se ha multiplicado. Porque, claro, ellas –de quienes ahora daremos más datos- tienen las herramientas para conseguir que sean nombres más que relevantes dentro de la gastronomía.

Detrás de esta idea se encuentran dos mujeres. Son Natalia Urbina y Cristina Jiménez, ambas procedentes del mundo del periodismo y de la gastronomía. A lo largo de su carrera han trabajado en televisión y, sobre todo, han cultivado su amor por la cocina y su buen olfato para descubrir las tendencias del sector.

No se trata de una reserva en un restaurante al uso en el que, por ejemplo, cocina un chef invitado, o tiene lugar un evento a dos manos, es decir, entre él y el propietario del establecimiento. La primera diferencia es que los cocineros tienen gancho y la segunda es que el espacio en el que se celebra es realmente atípico y especial. Nunca se trata de un restaurante.

La última cita fue el pasado 3 de octubre con Begoña Rodrigo, propietaria de La Salita, en Valencia. Desplegó su sensibilidad culinaria en un novísimo espacio de rodajes. Antes que ella, aceptaron el reto de sorprender y salirse del guión, otros profesionales como Juan Pablo Felipe, jefe de cocina del restaurante Aspen y director del nuevo Complejo Florida Park, o Andrea Tumbarello, conocido como el rey de la trufa.

En cuanto a los espacios, deben ser prácticamente desconocidos, con gran atractivo y que, por supuesto, permitan disfrutar cómodamente de la cena. Puede tratarse de un garaje dentro de un palacio, una galería de arte, un jardín en pleno centro de la ciudad o de un casino abandonado. La cuestión es que sean altamente impactantes. Y la dirección se desvela 10 horas antes del evento.

Banquete pop up es, en palabras de sus promotoras, “Una experiencia que encaja a la perfección con el carácter de un público moderno. Su condición de eventos nómadas, temáticos y para solo unos elegidos, le confieren un toque único que representa a la perfección el estilo del ocio  londinense. Sabor efímero, pero único y pensado, solo, para auténticos sibaritas”.

En relación al perfil que reserva cubierto, es un amante de la buena mesa y de todo lo que la rodea, que aprecia que grandes cocineros cocinen para un pequeño grupo. Es decir, la exclusividad. Valora la experiencia, participa del juego y vive la oportunidad de conocer, antes de que se lo cuenten, nuevas tendencias y productos que todavía no han llegado al mercado.

Otro de los atractivos es la interacción entre chef y comensal. El primero explica las recetas, esto es, los ingredientes y elaboración. Y el comensal, quizá, incluso deba poner de sus parte y terminar el plato antes de degustar y disfrutar.

El precio es de 85 euros por persona. Incluye cóctel y menú además de una selección de las mejores bodegas españolas e internacionales así como una selección de champagnes y de destilados de primeras marcas.

Si siente curiosidad, esté atento a su web y no deje pasar la próxima oportunidad. Luego, podrá contarlo.

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