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Bares y lugares

La Chelo, de Iñaki Oyarbide

Sea para tapear o para comer a lo grande, si lo firma Iñaki Oyarbide es un SÍ con mayúsculas.

Cuando las cosas se hacen con cariño es imposible no sentirse como en casa, así es La Chelo. Un restaurante chiquito y al mismo tiempo enorme: una terracita donde contemplar El Retiro, una generosa barra y la sala-restaurante. Todo el mundo tiene su sitio, como en las familias. Para los que gustan de picotear encuentran una carta con más de 25 pintxos, de los de siempre y que ya nunca se encuentran, para algo Iñaki Oyarbide es el artífice de esta maravilla. Además de una barra como es debido, amplia, llena de vida, con camareros encantadores dirigidos por Ángela, jefa de sala. No podría tener mejor entrada.

Si uno es fuerte y supera la tentación de dejarse seducir por un tapeo de los de recordar, llega a la sala.Quería un sitio para mis clientes de siempre, para los que quieren venir a comer y sentarse”, explica Iñaki que, feliz, recorre el local (homenaje a su madre Consuelo Apalategui) saludando, comandando, ajustando y sonriendo.

Una decoración sencilla, elegante y acogedora es el escenario donde se desenvuelve la otra carta. La que piensas: de esta no salgo. ¡Qué elegir! Sobre todo, si antes, el propio chef se ha paseado ofreciendo pintxos de tortilla de patata y casi se te han saltado las lágrimas de lo ricos que estaban.

Nos dejamos llevar de la mano por Iñaki: salmorejo de pochas con careta de cerdo; tortilla de bacalao, bacalao asado con purrusalda y piparra y mollejas de ternera glaseadas con patatas y verduras. Nos han regalado el paladar previamente con un par de croquetas. Platos de toda la vida y sorpresas imprevistas, “cuando me llaman con productos que no puedes rechazar los meto fuera de carta, lo hago bastante” confiesa el chef que mira a su alrededor con alegría. “La Chelo está llena de recuerdos, la vajilla es del Príncipe de Viana, y este mantel de lino, lo mismo de Zalacaín” ríe divertido.

Sobre su carta, en la que regresa a platos como las manitas de cerdo deshuesadas o las ya mencionadas mollejas, declara: Soy la anti lujuria de la gastronomía (risas). Quería cocinar la cocina de siempre, con buenos productos, volver a platos que se habían perdido y que están buenísimos. El postre, canutillos de crema pastelera, es el último bocado perfecto. Un festín de sabores, recuerdos, risas y placer. Marcharse de La Chelo es como irse de casa de tu madre, no tienes un pie fuera y ya estás echando de menos su cocina y su calor.

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