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Bares y lugares

Tés del mundo, limonadas, mochi o dorayaki.La dulce delicadeza de Panda

Madrid ya puede presumir de pastelería japonesa y matcha bar. Convive, sin tocarse, con el espacio gastronómico Hattori Hanzō.

Una calle que cae de la incombustible y siempre agitada Gran Vía. Un espacio concebido como izakaya, el más callejero e informal de los conceptos gastronómicos japoneses. Un nuevo proyecto llamado Panda y un enérgico objetivo, convencer de que la pastelería japonesa tiene mucho que decir y ofrecer.

Cuando dan las 17.00h en Hattori Hanzō la atmósfera vira de forma radical. Las orquídeas presiden las mesas, la energía fluye serena y se deja atrás el ajetreo del turno de almuerzo. Y es que ya no estamos allí, estamos en Panda. Entrada independiente -por la calle Desengaño- y carta independiente. No es la oferta dulce de un restaurante alargada en forma de merienda, es una apuesta propia y viva donde cualquier amante del té se vuelve absolutamente loco. Donde descubrir el lado más goloso de Japón.

Y es que un país que viene disputándose con los galos los primeros puestos en pastelería mundial en La Coupe du monde de patisserie cada dos años no puede hacer las cosas mal. Que no tomen postre no significa que no adoren el dulce, apartado que reservan a desayunos y meriendas. Dulces tradicionales (wagashi) o revisiones más occidentalizadas, pero todas ellas pasadas por el filtro de la delicadeza y el detalle, el color y la naturaleza.

Eso es lo que uno encuentra cuando está en Panda. Eso y Anpan (pan brioche horneado diariamente) y relleno, por ejemplo, con crema de sésamo negro y mascarpone, confitura de fruta de la pasión y coco rallado; dorayaki (esponjosos pancakes japoneses) también rellenos, como el de ganache de chocolate blanco y rosas, lichis, fresas y flor de cerezo en salazón; mochi (ligeras esferas de arroz glutinoso) con corazón helado de sugerentes sabores como frambuesa o piña.

Los macaron merecen mención aparte, solo por el reto que supone adaptar un postre tan francés a productos de Japón como matcha, sésamo negro o confitura de judía roja azuki. Como la merece también el matcha swiss roll, un bizcocho genovés de té verde relleno de crema de mascarpone y té verde, confitura de judía roja y frambuesa liofilizada crujiente. Tierno, cremoso, buenísimo. Algunos de los dulces de la carta se pueden comprar para llevar (bajo pedido) en un coqueto packaging perfecto para detalles y eventos.

Y si el apartado dulce sorprende, el líquido está a la altura. Una treintena de tés japoneses y del mundo, donde destacan unos muy especiales infusionados en frío que no encontrarás en ningún otro lado. Burbujas, café, frappé y unas limonadas –de yuzu y de sakura- impresionantes.

La propuesta creativa dulce de Panda es el resultado del trabajo conjunto entre el maestro pastelero Ricardo Vélez, de la pastelería madrileña Moulin Chocolat, y la chef de pastelería de Hattori Hanzō, Hanayo Ueta. Un mano a mano que ha conseguido dar forma a la carta ideada por Borja Gracia, chef ejecutivo experto en Japón y creador de Hattori Hanzō. Una delicia.

Una respuesta a La dulce delicadeza de Panda

  1. María Nájera dijo:

    ¡Qué buena propuesta! Queda anotada. Septiembre llega cargadito de lugares por descubrir.

    Gracias, Hedonistas!

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