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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Bares y lugares

La Gabinoteca

Presenta creaciones divertidas que no pasan por alto que se trata de comer bien. Eso es lo primero y fundamental.

Es ese lugar al que siempre apetece volver. La Gabinoteca sigue lleno hasta la bandera y estrena platos que son una delicia y un buena muestra de que el equipo de Nino Redruello de creatividad e imaginación anda sobrado.

La Gabinoteca crea adicción. No solo a quien este texto firma, sino también a una amplia mayoría. Eso explica que, seis años después de su apertura, o llegas temprano o te toca guardar turno para la mesa. Y es que Nino Redruello y Hussi Istambuli siguen fieles a cuestiones como no hacer reservas (comer o cenar en la barra resulta perfecto) y a crear, como apuntan, “ideas alborotadas en pequeñas dosis”.

Hablaremos sobre las novedades de la carta, pero antes diremos que es una delicia encontrar platos que no salen de ella. Que son clásicos porque la clientela los ha convertido en eso. Nos referimos a la ensaladilla rusa (tremendamente buena), a las croquetas de jamón (que rozan la perfección), a las carrilleras (inimitables) o al potito, es decir, huevo, patata y trufa, que provoca que, de mesa en mesa, se escuche el ruidito de la cucharilla buscando más en el fondo del tarro. Pero hay algo que no perdonaremos: la retirada de aquella tarta de manzana que tan felices nos hizo.

Entre las incorporaciones, auténticas maravillas de la primera a la última. Cabe destacar el punto álgido de creatividad en el que se encuentran Nino Redruello y su mano derecha, Patxi Zumárraga. Demuestran una sobresaliente interpretación de platillos con un punto de humor y sin perder la materia de calidad y el buen sabor. No les falla ni la imaginación ni la técnica. Dicho esto, reclamamos algo: ¡¡Una Gabinoteca no en todas, pero si casi en cada esquina de la ciudad!!

De obligada degustación son platos como el tomate asado con ventresca; la pasta fresca, siempre presente en la carta, pero que ahora se acompaña de bogavante y oreja muy frita; las chuletillas de conejo embadurnadas en ‘chino-churri’ (adictivas). Pero la lista no acaba aquí, debe continuar con el taco pato que sirven con un irresistible tequila Herradura; la divertida y no auténtica ensalada césar, que precisa de la implicación del comensal. Él debe cortar unas hojas, poner el pollo y la berenjena y mojar en la salsa, a modo de rollito vietnamita. No olvidemos que a estos chicos les encanta ‘liar’ a quien se encuentra en la mesa. Queda en el recuerdo aquel postre en el que el camarero llegaba con un walkman y una nariz de payaso…

Como deliciosos son el salmonete ‘PANÉ’, el bacalao negro macerado en miso, o la carne roja al estilo de los hypsters de Brooklyn, con diferentes especias y café que le aportan un gusto y unos matices únicos. Si en esta ocasión, no se siente con fuerzas, deje para la próxima vez la hamburguesa, pero no deje de pedirla. Le sorprenderá no solo por el sabor y textura.

Han pasado los años, han creado más de 300 platitos y La Gabinoteca es tan divertido y sorprendente como el primer día. Las miradas se cruzan de mesa a mesa porque llama la atención lo que llega a cada una y la cara de quien lo pidió. Es esa dirección a la que volver siempre porque la mayoría ya tenemos nuestra lista de ‘hits’.

Cabe destacar, además, que colabora con la Fundación Raíces a través de su proyecto Cocina Conciencia. Y eso también suma puntos.

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