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Bares y lugares

Laverónica

Nueva imagen, misma filosofía para una de las joyas del Barrio de Las Letras de Madrid.

Llevar 25 años siendo un punto de encuentro y un referente en Madrid, significa que las cosas se han hecho muy bien y que hay una clientela que ha pasado de generación en generación. Esa es la historia de Laverónica, un coqueto local en el Barrio de las Letras, que se ha renovado por completo para adaptarse a los tiempos, manteniendo el espíritu y la buena cocina que le han hecho perdurar tantos años.

Para acomodarse al devenir de las modas y de las vanguardias, se han hecho varios cambios. Primero, el nombre, atrás ha quedado La Vaca Verónica, para quedarse como Laverónica. Segundo, y como merece cualquier buen lavado de cara, ha sido renovar la decoración, manteniendo su característico color amarillo para los detalles, conservando esa especial declinación por el arte y dotando de mayor luminosidad al establecimiento. Jesús Regueira (Neutra) ha sido el artífice de esta transformación que pretendía definir un espacio neutro en el que situar distintas piezas maestras del diseño del siglo XX y algunas otras realizadas expresamente para el lugar, por diseñadores actuales en estrecha relación con artesanos tradicionales. El resultado no puede ser más acertado, el cliente no sólo se encuentra inmerso en un espacio que da tranquilidad, y que gracias a jugar con la intensidad de la luz acompaña a lo largo de todo el día transformándolo según marca el reloj; sino que puede disfrutar de la exclusividad de una vajilla de porcelana realizada ex profeso, o de la imponente lámpara Atomic de Robert Hausmann del año 70 con 100 bombillas, así como asientos de Piretti o de Van Severen para Vitra, de las lámparas de Vico Magistretti, Mario Botta o Gino Sarfatti en ediciones originales. Un gustazo.

En esta nueva singladura, Tati Casado comparte timón con su sobrina Mariana Gyalui, quien decidió dar esta vuelta de tuerca al local: “Cuando se lo comenté a mi tía al principio dijo no y después le pareció muy bien”. Que nadie llegue a ningún equívoco, Laverónica sigue queriendo ser ese lugar de reunión de artistas, músicos y escritores que le han convertido en una de las joyas del Barrio de Las Letras. “Es un lugar de encuentro y queremos que siga así, es su espíritu. Para ello realizamos muchas tertulias, actividades para escritores, guionistas… para que seguir creando cultura”, nos comenta Mariana que antes de llegar a dirigir el restaurante ha sido promotora musical.

Otros detalles que se han mantenido, han sido sus dos buques insignia de la carta, su pasta fresca con carabinero y su carne. El primero es toda una oda a los sabores profundos del mar y a la jugosidad de la buena pasta. El segundo es legendario, en ningún sitio se puede degustar ese corte de carne que se convierte en mantequilla ante el cuchillo, plato que está desde el primer día que se abrieron las puertas y que ha sido un reclamo constante. El resto de la oferta gastronómica se pasea con soltura por recetas clásicas dándoles un twist como sus albóndigones de rape con salsa de azafrán, de pollo en salsa pepitoria, de ternera en salsa de zanahorias o de sepia con gambas y crujiente de espinacas, o su escabeche de pollo y berenjenas. “Nosotros siempre hemos apostado por lo que ahora llaman la cocina de mercado, y es básicamente elegir el producto más fresco y desechar aquello que no es de temporada y que no llegaría a la calidad que buscamos”, nos explica Mariana. Prueba de ello es que el comensal encontrará todos los días un plato de cuchara, perfecto para el invierno, inspirado por la compra de la jornada y tres menús de diferentes precios (11, 14 y 16 euros) con los que saborear el producto en su máximo esplendor. No podía faltar el postre, pecados capitales son sus helados caseros, su tarta Maruja, de chocolate negro o blanco con frambuesa que alegran el día, o sus tartas de queso o manzana; ojo que siempre hay sorpresas y postres nuevos.

En cuanto al vino: “Si te digo la verdad, buscamos que sean muy ricos, claro, pero también que aporten algo más con sus diseños”, siguiendo la filosofía de la propia casa. Su carta apuesta por clásicos infalibles como Enate Tapas, Marqués de Riscal o Protos Verdejo, en las variedades tinto y blanco, pero también por lo que ellos llaman vinos invitados, dando así lugar a que el cliente pueda siempre probar caldos nuevos y no tan conocidos.

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