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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Bares y lugares

Una nueva tasca llamada Wilbran

Suelo y azulejos de otro siglo, una cocina con sabores de siempre y sillas tapizadas de vivo color.

Atravesar esa fachada con aires de otro tiempo. Una gran puerta de madera y cristal que augura mimo y buen gusto. Pisar un suelo que enamora, Patrimonio de la Humanidad Madrileño, o entretenerse con los detalles de azulejos que, pese a lo nuevo del local, se revelan testigos de no pocas conversaciones. Entramos en Wilbran.

No es de extrañar que Natalia Jumnaklap Alonso se encaprichara de este espacio desde la primera vez que lo visitó. Ahora, esta licenciada en Hostelería de padre tailandés y madre española, ha visto cumplido el sueño de trasladar allí un concepto gastronómico cargado de nostalgia. Nostalgia por los sabores de siempre, de una cocina española que también marcó su infancia; nostalgia por ese ambiente de taberna madrileña, por un escenario único alejado de plásticos y minimalismo. La calidez de la madera, su barra de roble, unos grandes ventanales originales recuperados, cerámica en la pared y un suelo que, aunque hubiera podido cambiar jamás lo hubiera hecho, son una puesta en escena que poco más necesita.

Natalia no es ajena al negocio. Se nota. Y ya lo ha demostrado tras el tailandés Krachai también en la zona de Las Salesas. Ahora son dos los proyectos gastronómicos que abandera, como homenaje a sus dos ramas familiares. Pero aquí, en Wilbran, la propuesta gastronómica no genera confusión alguna. Croquetas, calamares fritos, una tortilla de patata jugosísima, langostinos al ajillo, pucheros o ensaladilla. Carnes de la Finca de Jiménez Barbero, guisos de sello castizo como los callos, un sabrosísimo rabo de toro o un bacalao con gratinado de suave alioli son algunas de las apuestas más contundentes de la carta. Productos 100% nacionales y con atención a las temporadas.

El espacio tiene una zona de barra, donde cobra protagonismo una gran mesa alta de forma redonda, una zona abierta a ésta de corte más informal y un salón interior de mesas vestidas. Cierra para un descanso oportuno tras el turno de mediodía pero la tarde-noche se anima también a ritmo de champán y coctelería. Porque no deja de ser un concepto adaptado a los tiempos, aunque a la mesa se siente una sopa castellana o se pise un suelo de los que ya no hay.

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