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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Bares y lugares

Vailima

Aquel salón de té, con aroma envolvente y dulces de acento francés, cambia de lugar en Madrid.

Les conocimos en el número 54 de la calle General Pardiñas. Nos encantaba entrar, descubrir la pequeña tienda, con las latas de colores pastel, y sí, tras aquella cortina gris, tomar asiento y pasar la tarde. Tiempo después, tuvieron un jardín con flores y mucho té, también en el barrio de Salamanca, y ahora, el único lugar en el que se encuentra a Clara y Juana, es en el 18 de Salustiano Olózaga. Madre e hija pasan en el nuevo Vailima las horas de sus días, de ahí que sea el único lugar, o casi, en el que coincidir con ellas.

Han buscado una localización con más movimiento y han apostado por el salón para desayunos, meriendas y almuerzos, y no tanto por la tienda. Y es que las ventas de un té tan exquisito como el suyo, Theodor, desafortunadamente no son lo que eran. Si bien, muchos no se resisten al placer de tomarlo servido con calidad, en una bonita taza y con un ratito de calma por delante. Cuentan con multitud de referencias: negros, verdes, blancos, rooibos, infusiones, mates… De poderoso aroma, con saludables propiedades y de calidad indiscutible.

Para acompañar, habrá quien diga que no desea nada más, peor la mayoría, débil o astuta, caerá ante el mostrador de tartas, por ejemplo de chocolate blanco y frambueas, bizcochos y delicada bollería, elaborada en el propio establecimiento. Sin duda, quien adora la merienda, no podrá resistirse ante el nuevo Vailima. Por su encantador ambiente, su buen servicio, su delicada decoración y, claro está, por sus magdalenas, macarons y otras tentaciones.

Llegada la hora del almuerzo, además, se puede optar por ensaladas, quiches y platos del día equilibrados. Desde unos pimientos rellenos a unas carrilleras con patatas al horno y romero.

A media mañana o mediodía, para cargar la pila y poder continuar con una sonrisa, por la tarde, tras finalizar la larga lista de quehaceres… Vailima, por cómo huele y cómo sabe, apetece en cualquier momento. También en este preciso instante.

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