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En la despensa

Bodegueros del Alentejo

Bodegas Ervideira y Heredade dos Coelheiros, la pasión por el vino.

Vaya por delante: no somos expertos catadores, pero sabemos disfrutar de un buen vino. Si es además en la propia bodega, frente a los viñedos donde nace, aprendiendo cómo se elabora y quién está detrás, un vino puede llegar a emocionarnos. Ocurrió en el Alentejo, en las bodegas de Ervideira y Heredade dos Coelheiros.

Ya lo decía Serena Sutcliffe, la gran dama del vino: “La gente aburrida no hace grandes vinos”. Duarte Leal da Costa, director ejecutivo y miembro de la saga familiar propietaria de las bodegas Ervideira desde 1880, es todo menos aburrido. Un viticultor de pura cepa, apasionado del vino y socarrón, con quien nos citamos en su tienda de Évora para visitar después una de sus fincas, considerada uno de los 10 mejores destinos de enoturismo de Portugal, cercana a Reguengos de Monsaraz.

La tienda Ervideira ocupa la antigua capilla en la casa de la abuela. Frente al altar y junto a la pila de agua bendita, Duarte va descorchando una botella tras otra mientras nos ofrece una lección de vino y pasión. Comenzamos con un vino blanco transparente: “Invisível” lo han bautizado. De uva tinta Aragonez (Tempranillo), es un vino fresco, muy aromático y elegante. La uva se vendimia durante la noche, de forma rápida y a máquina, para conseguir el mínimo grado de oxidación. A la entrada en bodega se le da un choque térmico muy fuerte (-20º) para conseguir bajar la temperatura de la uva a 7º y lograr una extrema concentración de partículas. Las uvas se sacuden para extraerles el primer mosto, sin que la piel roja toque el zumo. De este modo se logra un mosto cristalino, transparente. Duarte nos cuenta, con justificado orgullo, que este vino “invisible” ha sido el elegido para acompañar la gran final del concurso mundial de sushimen que se celebra este mes de noviembre en Tokio. Todo un honor. Del “Invisível” se producen al año 50.000 botellas y su precio en tienda ronda los 9,50€.

Ervideira tiene entre manos otro gran proyecto: el “Vino de Agua Conde de Ervideira”, elaborado con variedades autóctonas Touriga, Trincadeira y Alicante Bouschet, que ha pasado entre diez y doce meses en barrica de roble. Este otoño se han terminado de sumergir 40.000 botellas lacradas del Conde de Ervideira 2014 en el pantano de Alqueva. Permanecerán bajo el agua a 30 metros de profundidad durante casi un año. En la oscuridad total y a una temperatura constante de 17º, como si se tratase de un naufragio. En abril o mayo del 2016 nacerá el “Vino de Agua Conde de Ervideira”. Esperamos estar presentes en el bautizo.

Este caluroso año de 2015 la vendimia finalizó el 10 de agosto, antes de lo que suele ser habitual por estas tierras. Cuando llegamos a la finca Ervideira, donde trabaja Nelson Rolo, el enólogo amigo de la casa, en las cepas tan solo colgaban las uvas destinadas a la cosecha tardía. Con ellas se elaborará el “Antao Vaz”, el vino de la familia como lo llama Duarte, que cada sábado descorcha una botella para compartirla con su mujer. ¿Será este el secreto de su felicidad?

Heredade dos Coelheiros es una bodega relativamente joven, creada en 1981, aunque la heredad se remonta a más de 200 años atrás. En esta finca tradicional alentejana, situada muy cerca de Arraiolos junto al pequeñísimo pueblo de Igrejinha, se extienden cerca de 1.000 hectáreas de “montado” (alcornocales), olivos, viñedos y huertos de nogales, con una de las mayores producciones de nueces de la península ibérica. En otros tiempos la finca fue coto de caza, pero hoy los ciervos y gamos viven tranquilos en su hábitat natural.

En Coelheiros nos recibe el administrador de la finca, José Pedro Simoes, un hombre que sabe descorchar como nadie una buena botella de vino. El sonido que desprende el corcho densísimo, de primera calidad, al liberarse de la botella, es un estallido seco magnífico, prueba del vacío que se acaba de romper. En la sala de catas se exponen decenas de títulos enmarcados, premios y medallas de oro concedidos a los vinos de la heredad. “Buscamos la consistencia, la continuidad. No nos vale que nos premien un año, queremos mantener la excelencia añada tras añada”, nos dice José Pedro.

Para conseguir la excelencia, en la Heredade dos Coelheiros apuestan primero por más calidad y menos cantidad. En junio se realiza una primera preselección a mano, y ahí ya la producción de uva se reduce a la mitad. Al no haber irrigación, la producción sigue menguando de forma natural y se obliga a las cepas a buscar la humedad en suelo profundo, rico en minerales. El vino que nace en este terroir contiene más azúcares y su estructura es superior a la normal. Otra característica de los vinos Heredade dos Coelheiros es el coupage: mezclan variedades autóctonas como Roupeiro y Arinto con Chardonnay, y Trincadeira y Aragonez o Tempranillo con Cabernet Sauvignon y Syrah. En la Heredade se produce también Merlot y Petit Verdot. Estas uvas se aclimatan a los suelos y al sol alentejanos y dan vinos de gran personalidad que al mismo tiempo resultan familiares al paladar internacional.

Cuando una cosecha es extraordinaria, y esto es algo que de momento sólo se ha producido una vez en los 30 años de vida de la bodega, Heredade dos Coelheiros decide elaborar un vino de colección, un “garrafeira”. La cosecha del 2009 lo fue y ha dado lugar al Tapada de Coelheiros Garrafeira Tinto 2009, del que sólo se produjeron 3.500 botellas. Es muy posible que la cosecha del 2014 también haya sido extraordinaria, en cuyo caso, al cabo de un año en barricas nuevas de roble francés, se decida ahora que este vino merece un año más de barrica. La bodega trabaja con los mejores maestros toneleros franceses: François Frères de Burdeos y Vicard de Cognac.

En Heredade de Coelheiros, aparte de los vinos Premium, también apuestan por un cambio en los hábitos del consumidor joven, y para fomentar el paso del consumo de cerveza, fácil y rápido, a un consumo más lento y trabajado como es el del vino, producen unos vinos bajo la etiqueta En Cante, ideales para un “poteo” entre amigos.

La cata ha terminado y a estas alturas ya hemos confraternizado con José Pedro Simoes. Nos saltamos a la torera el programa establecido y nos dejamos guiar por él a través de las serpenteantes carreteras comarcales alentejanas hasta el restaurante de Sandra María Eustaquio, el Pateo da Aldeia, en Igrejinha. Más rico y más casero, imposible.

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