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En la despensa

Coravin, o cómo llegar al corazón del vino sin romperlo

De eso se trata, de enamorarse poco a poco, copa a copa, y no desperdiciar un solo sorbo.

La vida se disfruta más en tragos pausados. El vino, también. A veces lo impide la propia rutina, el ritmo frenético que envuelve a más de uno, las obligaciones, los compromisos y el miedo a enfrentarse en la intimidad al descorche de un buen caldo que, de no acabarse el día que se abre, acabará yéndose por el fregadero unos días después. 

Por eso nace Coravin, como herramienta que permite dar rienda suelta a los sentidos y catar cuántas referencias se nos antojen sin necesidad de airear por completo el contenido de la botella. Es posible evitar así, con el tiempo, echarla a perder.

Imagínate al caer el sol, en el sofá de casa, sin nada ni nadie que pueda distraerte de ese esperado momento. Suave jazz de fondo, media luz, momento de aflojar corbata, desabrochar zapatos y dejarse conquistar por ese recién llegado a la bodega. Tranquilo, no es necesario llamar a amigos ni vecinos para terminarlo.

Con Coravin es viable acceder, escanciar y disfrutar de una copa de ese vino favorito en cualquier momento, sin  retirar el corcho que lo sella receloso, sin alterarlo.  Una aguja fina y hueca, de calidad médica, lo atraviesa de manera casi imperceptible, dejándolo intacto. La botella se presuriza después con las cápsula de argón, gas que no afecta en modo alguno al producto, a la vez que éste fluye a través de la aguja y cae sobre la copa. A continuación, se retira y vuelve a sellarse, tan sencillo como leer estas líneas, protegiéndose de la oxidación y facilitando volver a degustarlo pasados días, meses, tal vez años.

Diez, concretamente, son los que ha tardado su creador, Greg Lambrecht, en desarrollarlo. Médico, físico, ingeniero… Tantas disciplinas podrían definirle que sería más acertado presentarle por una sola: amante del vino. Fue Lambrecht el primero en verbalizar el problema de la apertura de una botella y su posterior mantenimiento, y ha sido él mismo el primero en resolverlo. Hacer el vino más accesible, esa es su gesta, con un descorchador que es toda una joya del diseño y la funcionalidad.

Con Coravin es posible enamorarse una y otra vez del buen vino o descartar el que no nos convenga. Es posible paladearlo en el momento elegido, en la ocasión perfecta. Es posible sentirlo sin necesidad de compartirlo, aunque ya se sabe que, en selecta compañía, sabrá aún mejor si cabe.

Profesionales y amateurs lo encontrarán en el Club del Gourmet de El Corte Inglés (PVP 299 euros).

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