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En la despensa

El colibrí y las anémonas

El artista Vik Muniz firma la imagen de Belle Epoque Rosé 2005 de Perrier Jouët. Es una edición limitada de belleza indiscutible.

Si encuentra una de estas botellas, tómela con sumo placer. Si encuentra una de estas botellas, consérvela porque es una obra de arte. Hablamos de Belle Epoque Rosé 2005 de Perrier Jouët, un gran champagne reinterpretado por el artista Vik Muniz. Su belleza es indiscutible.

Las anémonas blancas son el emblema de la casa francesa Perrier Jouët, desde que en 1902 las dibujara el maestro vidriero Émile Gallé. A su alrededor, liviano y curioso, revolotea un colibrí. Se trata de un sensual encuentro imaginado por Vik Muniz, elegido por la firma para la nueva imagen de su etiqueta Belle Epoque Rosé 2005. Es, como era de esperar, una edición limitada. Y el precio asciende a 160 euros.

Considerado uno de los grande nombres del arte contemporáneo, Muniz se ha inspirado en ambos elementos para plasmar un encuentro fugaz de la naturaleza, que alumbra belleza única. Él juega con la luz rosada del champagne y el vuelo del pequeño colibrí. Con un brillo dorado, el pajarillo ansía el néctar.

Conocido por sus obras elaboradas con materiales naturales de todo tipo, desde diamantes hasta polvo, la extensa obra del brasileño se ha expuesto en museos y galerías como el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid o el Pabellón de Brasil en la Biennale de Venecia. Y para Perrier Jouët la búsqueda de la belleza es fundamental. De ahí el vínculo con el arte, y la apuesta por el diseño de obras únicas (y limitadas) por parte de artistas de renombre. Como Muniz, elegido para ‘dibujar’ el que es, en palabras del chef de caves, Hervé Deschamps, “el vino más extravagante y sensual de la colección Belle Epoque”.

Belle Epoque Rosé 2005 es el resultado de una añada de excepcionales contrastes en lo climatológico y de un minucioso ensamblaje. El invierno de aquel año fue muy frío y la primavera llegó acompañada de heladas. Luego, en junio y hasta mediados de julio, la calidez permitió la floración de las viñas, en particular de las de Pinot Noir y Pinot Meunier. Acaeció un agosto algo frío y bastante húmedo; y a mediados de septiembre, el sol, los vientos secos y las noches frescas permitieron la maduración de la uva.

Los aromas de esta joya son de fresa, cítricos, naranja y cereza amarga, con ligeros matices de nata y especias. En boca, destaca su frescura y las notas de naranja confitada, melocotón blanco y cacao que conducen a un final redondo e intenso. En definitiva, hablamos de un champagne de gran intensidad aromática que destaca por su armonía y por su persistencia.

Así que si encuentra una de estas botellas, enfríela y disfrútela en el aperitivo, durante un almuerzo o cena exquisitos, o guárdela para el postre. Si es así, elija algo dulce y frutos rojos. Y maravíllese con el vuelo del grácil colibrí sobre las delicadas anémonas.

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