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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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En la despensa

Para untar (y pecar)

Un buen pan o unas deliciosas galletas. Y por encima: mermelada o crema de chocolate. ¿Quién se resiste?

Podría ser salado: rilletes, paté de pescado, de carne o de vegetales, mantequilla con o sin sal. Pero hoy nos ponemos dulces, nos quedamos con las mermeladas y confituras de la firma gallega Solal y la crema de la casa catalana Triticum . Y las untamos –generosamente- sobre pan calentito, recién tostado, o sobre una gran torre de galletas, como cuando éramos pequeños. 

Quizá podría decirse que septiembre es el mes de la mermelada. Muchos recogemos moras y otros frutos maduros para elaborar recetas caseras. Vuelven los recuerdos de infancia, medimos la cantidad de azúcar para que el resultado tenga la dulzura oportuna; le damos, incansablemente, vueltas al chino para dejar una textura fina; cerramos los botes, los ponemos al baño maría y luego, etiquetamos con la fecha. Ahora, es momento de disfrutar de esta afición doméstica que, compartida con los niños de la casa, es más emotiva si cabe. Pero como no siempre se tiene un pueblo en el que recoger moras, ni el tiempo para que el almíbar sea delicado, siempre nos quedarán excepcionales mermeladas elaboradas y envasadas por otros. Las de Solal nos encantan (sobre todo la de fresas y Campari).

De melón, fresa, higo o pera. Combinaciones como la de mora y frambuesa; cereza y albaricoque; o naranja y zanahoria. Así como con el toque de una especia o ingrediente aromático, quizá la canela junto a la manzana y el limón; o la vainilla con melón y piña. Las posibilidades son muchas, más de 20, de modo que haber, hay para todos los gustos. Se pueden adquirir online en forma de bonitos estuches de cuatro ó nueve sabores. La cuestión es ser capaz de empezar por solo uno y no querer la gama completa.

Algunos papás no se limitan a las marcas comerciales. Los hay que incluso recuerdan el estribillo, ‘leche, cacao, avellanas y azúcar’, y la elaboran en casa. Para quienes no pueden, no quieren o no saben, otra opción es visitar esa tiendita de ensueño que los creadores de Triticum, abrieron en Vilassar de Mar y que se llama El Rebost de la Juliette. O pasar por el centro de Barcelona, por el M-Store Fábrica Moritz y buscar su mostrador.

Xevi Ramon y Marc Martí empezaron dejando boquiabiertos a los amantes del buen pan. Suyas son muchas de las originales especialidades que comemos en los mejores restaurantes. Luego, pensaron en otros alimentos, sencillos y en apariencia simple, para acompañarlo a la hora del aperitivo, en la merienda. Y encontraron como imprescindibles el aceite, la sal y, por supuesto, la crema de cacao.

La suya, la de Juliette, que tanto tiene que ver con los recuerdos de infancia, se elabora en dos versiones. Para adultos, con chocolate Valrhona, aceite de girasol y sal, que intensifica los sabores. Y con leche, para niños.

Y claro, ya que estamos en uno de sus dos puntos de venta que tan bien huele, no nos iremos sin sus cruasanes, sus galletas, sus magdalenas o su célebre pan. El placer está servido. Untar y pecar.

Dónde:
El Rebost de la Juliette.
Sant Ignasi, 73 bis
Vilassar de Mar. Barcelona.

Triticum by Moritz.
Ronda Sant Antoni, 39
M-Store Fábrica Moritz Barcelona.

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