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En la despensa

Rosado, no solo en verano

El rosado fermentado en barrica 2013, de bodegas PradoRey, en Ribera de Duero, convence por su frescura, carácter y cuerpo.

El rosado de PradoRey, fermentado en barrica 2013, es un vino que apetece siempre por su gran carga frutal y marcado equilibrio. Bebámoslo entonces.

Hay quien se empeña en decir que algunos vinos son para ésta u otra estación. Y nosotros creemos que lo son del momento en el que apetece descorcharlos y alzar la copa. Algo similar sucede con el maridaje, ahí quizás guían los matices de los ingredientes y de la referencia, pero igualmente, sabrán mucho mejor si fue el puro deseo de un buen rato el que marcó la elección.

De ahí que nos digan que el rosado fermentado en barrica 2013 de PradoRey sea perfecto para el verano y que nosotros lo hayamos probado con la llegada del otoño. Seguramente en la estación cálida y, dada su gran carga frutal y equilibrio, hubiese sido una delicia, pero ahora, igualmente fresco y muy elegante, haberlo compartido durante un improvisado aperitivo ha funcionado, y muy bien.

Este vino es una de las joyas que marca la diferencia a la hora de trabajar de Bodegas PradoRey. Ya a finales de los años 90, apostó por la innovación y produjo el primer rosado elaborado con Tempranillo y Merlot, a partes iguales y fermentado en barrica que años más tarde, en 2005, fuera aceptado por el Consejo Regulador de la Ribera del Duero. Hablamos de un vino de intenso color rosa frambuesa, con la potencia aromática y frutal propias del mejor tinto.

Hoy como ayer, este vino confirma que PradoRey no se equivocaba al querer recuperar el estilo y la calidad de los rosados de barrica que antiguamente realizaban en las bodegas familiares. Contemporáneo y exquisito, se elabora a partir de un coupage de Tempranillo y Merlot al 50%, siempre con las mejores uvas seleccionadas de los siete pagos que alberga la finca Real Sitio de Ventosilla.

De suelos profundos de tipo arcillo-calcáreos y ubicados a una altitud media de 790 metros, cada uno de ellos presenta cualidades diferenciales que aportan mayor complejidad gracias a una vendimia manual, por separado y en función del grado de maduración del fruto. Para obtener mayor cantidad de aromas afrutados, las uvas se maceran en frío y, posteriormente, se realiza la fermentación alcohólica en barricas de madera francesa de Nevers y de roble europeo del Cáucaso que confieren al vino cuerpo, estructura y matices tostados.

En primavera y verano, cuando los días y sus noches son suaves o calurosos, y también en otoño e invierno, cuando el frío convierte el estar en casa en el mejor plan, este rosado apetece. Lo hace por su aroma a frutas rojas del bosque con un fondo tostado y de vainilla, como apuntamos, de su paso por barrica. En boca es delicioso, cremoso y lleno de recuerdos con un final largo y persistente que deja agradables aromas. Así que, confirmado, las bicicletas pueden ser para el verano, pero el vino… es para el momento que cada uno elige. Y éste cuesta 7 euros.

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