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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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En la despensa

Un lugar llamado La Vinyeta

Creen en la diversidad y en la sostenibilidad. Con esos parámetros producen deliciosos vinos y alimentos.

Comenzaron trabajando un par de viñas viejas en Mollet de Perelada y han terminado produciendo deliciosos vinos, aceite y huevos. Muy pronto, amplían la despensa con quesos y conservas. La Vinyeta es su lugar en el mundo. Y ellos son Josep y Marta.

Son pareja y cómplices en una aventura a la que se entregan, cada día, en cuerpo y alma. En 2002, cuando estudiaban Enología y Viticultura, alguien les hizo un ofrecimiento. Un viticultor del pueblo, Mollet de Perelada, en la Denominación de Origen Empordà (Gerona), mayor y cansado por tantos años de trabajo, les ofreció dos viñas viejas, de 50 y 80 años que habían pertenecido a su familia. Se las compraron con la condición de recibir sus consejos y ayuda. Comenzaba así la historia de La Vinyeta.

12 años después, aquellas cuatro hectáreas se han convertido en 65, han construido una bodega y han traído un hijo al mundo. 12 años después aseguran tener la misma ilusión que el primer día y su pasión por un estilo de vida cada vez más olvidado, pero tan beneficioso, no ha disminuido ni un poquito. Todo lo contrario.

Junto a ellos, trabajan 12 personas. Todos creen en la diversidad y la sostenibilidad, y las reivindican. Son conscientes de la importancia que tiene su labor para el medio ambiente. Por ello, recuperan olivos que durante décadas fueron olvidados y aprovechan las pepitas de la uva para alimentar a las gallinas. Las ovejas les ayudan a mantener cuidadas las viñas durante el invierno y de ellas obtendrán la leche para el queso. Además, en estos momentos, construyen la quesería y en pocos meses lo comercializarán. Respetando los ciclos naturales y las posibilidades de su finca, también desean obtener frutos y elaborar conservas. Éste es otro proyecto que verá la luz en breve.

Pero degustemos lo que ya es realidad. Como el aceite de oliva Fosc, que debe su nombre al olivar de la variedad Argudell, autóctona del Empordà, que recuperaron en 2003. Su color es verde intenso dado que su recolección es temprana y su aroma es intenso y afrutado, también se percibe hierba fresca recién cortada. En boca, es picante y amargo.

En cuanto a los vinos, son diversos y diferentes entre sí. Cada uno cuenta una historia vinculada al terruño y muy singular. Como Punt i apart*, el más complejo de todos. O pequeñas ediciones como Microvins*, es decir, monovarietales de viñas viejas —algunas de más de cien años— de variedades autóctonas y de parcelas de tipicidad extrema. Son vinos con mucho carácter, en cuya elaboración se ha experimentado y se han recuperado técnicas ancestrales. Entre los más jóvenes, los llamados Heus*, que proceden de pequeñas viñas, de notas alegres y afrutadas.

Los huevos los ponen gallinas ampurdanesas aperdizadas. Esta especie minoritaria, que ellos recuperaron gracias a los pocos ejemplares de una masía de Castelló d’Empúries, pone huevos oscuros y moteados. En La Vinyeta son las dueñas y señoras de un pequeño corral y al aire libre, cerca de los pinos y los olivos, se les adivina felices.

Porque los lugares se componen de la energía de quienes los moran y trabajan. Por eso, la de este rincón del Empordà resulta tan brillante y por eso, desde hace tiempo, quieren compartirla con los demás. No solo promueven visitas y desayunos en la finca, sino también talleres de cerámica o de cocina, paseos en bicicleta, actividades infantiles… La primavera está aquí y tras ella, muy pronto, llegará el verano; entonces, cuando las noches son cálidas, organizan visitas, cenas con música, poesía…

Josep y Marta saben que quien conoce la magia de su lugar en el mundo, La Vinyeta, sueña con regresar. Y  le abren sus puertas de par en par.

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