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Restaurantes

Aldaba

Se come, como siempre: de maravilla. No hay peros en esta casa que, tras dos décadas con las puertas abiertas, luce una imagen sofisticada y enriquece su oferta

Existen restaurantes que nunca fallan. Uno de ellos es Aldaba, en Madrid. Un establecimiento que abrió al público hace veinte años, que tiene camareros de los de antes (sí, ya sabe a qué nos referimos: amables y que saben del oficio), y en el que la materia prima habla por sí sola. No precisaba más, pero sus propietarios decidieron dar un giro y el resultado es sobresaliente. De ello tiene casi toda la culpa, Leo Gómez, hijo del fundador Leopoldo Gómez, que se incorpora al equipo.

También se incorporan el chef Antonio del Álamo y el sumiller Javier Gila, que conoce los mejores secretos de las más de 500 referencias que componen la bodega. Estéticamente ha sido renovado. Firma el cambio –radical-, Isabel López Villalta. Madera, color blanco, líneas depuradas, mesas con la distancia oportuna y vestidas de suave hilo… Y unas sillas que despiertan opiniones encontradas. Para nosotros son cómodas y singulares, muy bonitas.

Del Álamo mantiene clásicos de la carta e introduce propuestas más ligeras. Entre los primeros: Steak Tartar con huevo escalfado, caviar y aceituna negra; Judías verdes templadas con langostinos o la célebre Menestra de verduras. De reciente estreno: Verduras braseadas con lascas de Idiazábal; Tartar de atún; Ensalada tibia de tagliolini, habas y gamba roja; o Vieira glaseada con puerro y seta.

Capítulo aparte merecen los arroces: con verduras, liebre o manitas de cerdo; todo depende del producto de temporada, pero siempre están presentes en la carta. Los pescados –lubina, cocochas de merluza de pincho- y las carnes –callos, rabo de toro, solomillo…- son tratados con absoluto mimo, en su punto, con arte y maestría. Como colofón, un carro de quesos, de tartas caseras y de destilados ante el que resulta imposible resistirse.

Entre las novedades fruto de la llegada del joven Leo, la carta de coctelería y el horario ampliado a los sábados a mediodía y festivos. La intención no es otra que llegar a un perfil de cliente joven que, como él, siempre ha comido y buscado buenas mesas. Y así, sumar a los fieles comensales, nuevos adeptos. En Aldaba se come, como siempre: de maravilla.

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