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Restaurantes

A tener en cuenta. Arahy

Lo nuevo de José Ynglada, un restaurante con vocación de clásico.

José Ynglada, conocido como Mundy y quien durante 16 años fue chef del Mentidero de la Villa, se lanza y capitanea Arahy. Propone, según sus palabras, “una cocina justa en el tratamiento del producto y apasionada en su interpretación. Nosotros secundamos que es así y añadimos que probarla es un auténtico placer.

Ocupa el local del emblemático Club 31. Y ya se sabe que, cuando mueren los clásicos y llegan ‘otros’ en su lugar, las miradas y las críticas pueden ser más incisivas, si cabe. Creemos que Arahy gustará a quienes echan de menos aquel restaurante, y que conseguirá convencerles porque el proyecto de Mundy tiene, en nuestra opinión, vocación de convertirse en un clásico. Avales no le faltan.

Para su personal aventura, buscó un nombre inspirador y eligió el de su mujer. Además, según explica, el significado es ‘cambio’. Y eso, precisamente, es lo que él afronta, con ilusión, ahora. También se trata de una declaración de intenciones respecto al anterior restaurante, Club 31. Porque él ha querido crear un restaurante moderno, de calidad y posicionado en la actualidad tanto en el precio (se puede comer por 40 €), como en el horario (no cierra en la sobremesa) y en las formas (no hay dress code).

Olvide, por tanto, la corbata y preocúpese solo de disfrutar. Empiece por las croquetas de jamón ibérico, las tomará como si de pipas se tratara, pero más suculentas, claro. También es una buena elección la alcachofas salteadas con un toque de queso Idiazábal. Si le apasiona la trufa, se emocionará ante la variedad de platos. Por ejemplo, el tiradito de pez mantequilla con oliva, soja y trufa.

Si le fascina el atún, éste es su restaurante. En estos momentos, en carta, cuenta con seis platos, dado que es uno de los ingredientes clave en la cocina de este chef. No pierda la cabeza o sí, hágalo, pero tome el atún rojo picante con wakame y almendras fritas. O el tatar con guacamole, soja y lima. Bueno, decida usted mismo, pero tome, por favor, alguna de estas delicadas especializadas. Volverá a convencerse de que hay atunes y atunes. Y que no todos son rojos. Y que no todos proceden de Barbate, Cádiz.

Hay más pescados y, cada día, también alguno fuera de carta. Entre los fijos, rape a la brasa, la merluza de Burela o la caldereta de carabineros. Las carnes son asimismo exquisitas. Como muestra, solomillo de vaca vieja rubia gallega con trufa y foie o tartar de solomillo, acompañado de patatas soufflé. Sin olvidar, los callos al estilo de la madre del cocinero.

Hablemos de los postres. Sí, hagámoslo porque son verdaderamente necesarios. Imagine cómo debe ser la textura y dulzura de recetas como la tarta fina de manzana con helado de caramelo, de limón y merengue, o el bizcocho caliente del mejor chocolate del mundo.

Se trata de alta repostería en manos de un maestro como el que fuera jefe de pastelería en Jockey, Francisco Clavijo. Y éste es otro detalle para que Arahy llegue a convertirse en un clásico.

En cuanto a la decoración, es la propia de un restaurante llamado a perdurar. Es clásica, elegante, sofisticada y atemporal. En lo estético y en lo humano, se advierten pequeños detalles que parecen de otro tiempo. Sí, de esa tradición culinaria y hostelera, que conviene revisar y observar de vez en cuando. La pulcritud también se nota en las maneras del equipo de sala. Atento, silencioso, en su lugar.

Cabe felicitar a este hombre de origen cubano y padres españoles, y decirle que no se equivocó cuando dio un giro. Él, que se licenció en Ingeniería Industrial, tomó otra senda y se entregó a su verdadera pasión y vocación: los fogones.

Por último, un dato importante para algunos clientes: Arahy dispone de servicio de aparcacoches.

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