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Restaurantes

En el Paseo de las Acacias, MadridAtrapallada, deliciosa Galicia

Es un restaurante familiar con larga tradición y, desde hace unos meses, presume de estética renovada. La esencia permanece intacta.

Si debiéramos ser concisos, diríamos que Atrapallada se resume en: un suave y delicado aroma a aceite, ajo y pimentón; un producto excepcional (elijamos el que elijamos) y un servicio altamente profesional y cercano. Sin embargo, no lo seremos porque el recuerdo de nuestra experiencia nos inspira multitud de palabras. Pero tampoco seremos demasiado extensos, queremos que usted, querido lector, sienta apetito y al concluir la lectura, reserve y lo conozca en primera persona.

En este bonito y amplísimo establecimiento se adivina, pronto, que la tradición y el oficio son capitales. Se percibe, también rápido, que quienes allí trabajan no son nuevos, saben lo suyo, conocen las maneras. En 2015, la pareja formada por María Ángeles Antes Rieles y José Rodríguez Gómez tomó las riendas. Ella es hija de Francisco, quien hace casi 40 años, comenzó con un barcito en una esquina y terminó adquiriendo un local de más de mil metros cuadrados. Atrapallada que, precisamente, es una palabra gallega que significa algo construido con retales, con partes diferentes de un tejido, es una buena metáfora de cómo este negocio creció.

Pero los tiempos cambian y se hace preciso amoldarse a ellos. Así, una de las tres hijas de aquel emprendedor de origen gallego, echó el cierre al restaurante que junto a su marido había regentado en el barrio de Salamanca, y regresó al negocio familiar. Ángeles y José estaban decididos a introducir cambios. Y así fue.

Casi 40 años después, sigue siendo un restaurante en el que durante el fin de semana se reúnen las familias en torno a sus amplias mesas y comparte platos de toda la vida. Además, ha estrenado una bonita y gran barra, en la que degustar buen marisco y todo lo demás. Se antoja como el paraíso de quienes adoran el aperitivo, sí, pero en mayúsculas.

Estéticamente, Atrapallada nada tiene que ver con lo que fue. Obra del estudio Zooco, se ha potenciado la amplitud y se han creado diferentes zonas. En todas, el comensal se siente cómodo, digamos que ‘a sus anchas’. De hecho, cuenta con elegantes mesas redondas y diversos reservados. Aunque se encuentre al máximo de su rendimiento, esto es, 200 comensales, se percibe un suave y alegre sonido de fondo, pero nada de ruido. La acústica es otro de esos detalles que no han dejado al azar. Y es algo muy importante teniendo en cuenta que éste es un restaurante perfecto para las grandes mesas en familia. ¡Y qué alegría da comprobar que siempre hay motivos de celebración!

En cuanto a la propuesta culinaria, es gallega, bañada por el Atlántico y con el producto como bandera. Si aprecia el marisco, ésta es su dirección. Atención al calibre y calidad de los percebes, por ejemplo.

Pulpo a la gallega, bocaditos de merluza, almejas a la sartén, gamba blanca, ostras… son algunos de los bocados con los que abrir boca. Sin olvidar, porque lo lamentaría profundamente, degustar las croquetas, tanto las de queso de tetilla como las de carabineros, ambas cremosas y delicadas.

Después, con apetito, dar cuenta de un buen pescado, sugerimos el rodaballo salvaje o el sapito. Y sí, suspire, si así lo necesita, con los cachelos que acompañan.

No pase por alto tampoco al apartado de arroces. Deseará probar todos. Entre las carnes, cómo no, chuletón de vaca vieja y churrasco, por citar algunas. Las raciones son contundentes porque hay algunas cuestiones que no han cambiado por mucho tiempo que haya transcurrido.

Como broche dulce, por ejemplo, unas maravillosas filloas de auténtica crema. Se nota. Descubrirá que las que había probado anteriormente, sin duda alguna, habían pasado por el microondas. Deléitese con el aroma y sabor de éstas. Las recordará durante mucho tiempo.

Estamos ante un templo del buen producto, un establecimiento en el que el comensal sabe que no asume riesgos y en el que, además, la decoración y el ambiente resultan sumamente agradables. Como lo es, no olvidemos, el servicio. Ah, y no tema el precio. Le sorprenderá gratamente.

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