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Restaurantes

Casa Marcelo

Este restaurante, derroche de imaginación y buen hacer, merece un peregrinaje a Santiago de Compostela.

Si hace unos años el concepto de Casa Marcelo era el de un restaurante gastronómico con estrella Michelin y menú degustación único, hoy Marcelo es sinónimo de libertad total: nos sigue ofreciendo los platillos de cocina gallega que todos reclaman y por eso no desaparecen de la carta, a los que se han ido sumando otros de inspiración japonesa, peruana, mexicana y oriental. Una auténtica fiesta de la gastronomía universal en Santiago de Compostela con los mejores productos gallegos, que es como decir, del mundo.

Viajo con la imaginación”. Así de claro nos lo cuenta Marcelo Tejedor, propietario de Casa Marcelo, un restaurante pequeño, escondido y absolutamente genial en Santiago de Compostela. Nadie diría que no se ha criado entre fogones en Tokio, Lima o Pekín. Como el Santo Patrón, que recibe a miles y miles de peregrinos a lo largo del año, Casa Marcelo merece que nos acerquemos expresamente a la capital gallega para pasmarnos ante su derroche de imaginación y técnica perfecta. No en vano esta casa viene de una estrella Michelin, y aunque Marcelo ha renunciado a ella para dar un giro a su cocina, ya se sabe que quien tuvo, retuvo. Aunque él no persiga ni el marketing ni la promoción, llegará el día en que en su casa será imposible encontrar mesa.

O taburete, porque este restaurante es un espacio abierto con tres barras, una alta con capacidad para 25 personas, que compartimos encantados con otros comensales de Santiago (mirando de reojo de vez en cuando por si nos tienta algo que les traen a la mesa), una barra de sushi frente al sushiman, y una tercera, la ‘mesa de la cocina’, al fondo. Y con la cocina abierta a la sala, donde se afana un equipo de jóvenes, entusiastas y eficaces profesionales.

Todos los platillos y raciones están pensados para compartir. Las dos veces que hemos cenado en Marcelo éramos cuatro chicas felices de probarlo todo…, o casi todo. Y efectivamente, la imaginación de Marcelo consiguió transportarnos a otros mundos: dim sum exquisitos de gambas y manitas y shao mai que nada tienen que envidiar a los que hemos probado en Hong Kong y Shanghai; sushi y sashimi que a veces nos cuesta encontrar en muchos buenos restaurantes de Japón o Singapur, tal es la calidad y variedad de los productos que Marcelo trae del mercado, de las rías gallegas y del Cantábrico: un día probamos un espectacular sashimi de vieira laminada, otro un sushi de lubina con pimentón, o un impresionante e inigualable salmonete con ralladura de lima. Los mejillones de las rías gallegas, las navajas, el sushi de toro en temporada, son insuperables, como los tiraditos de pescado del día, de inspiración peruana. Entre los entrantes gallegos, nos quedamos con los buñuelos de bacalao y las croquetas de jamón, excepcionales, la yema de huevo y tocino, la divertida patata-puerro y la gilda de bonito de Burela (o de merluza de Celeiro, según los días y lo que haya en el mercado). También nos atrevimos con el rey de la casa, el cabracho frito de tal manera que se come con los dedos…, hasta las espinitas.

Queremos regresar pronto a Casa Marcelo: aún no hemos probado su cappuccino de nécoras y tenemos ganas de volver a cerrar los ojos, extasiarnos y levitar. De momento, nos conformamos con recorrer con los ojos la tentadora galería de imágenes que nos ha enviado Marcelo, desde los aperitivos hasta los postres, hechos en casa siguiendo la mejor tradición gallega.

Otro día hablaremos de su alma gemela. La descubrimos en un rincón perdido de Hong Kong.

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