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El nuevo concepto de Marcelo Tejedor vuelve a merecer su estrellaCasa Marcelo, nueva estrella Michelin

Ahora más que nunca, volveremos a peregrinar a Santiago de Compostela para alcanzar el cielo.

Lo dijimos hace tiempo: el restaurante Casa Marcelo, por si solo, merece un peregrinaje a Santiago de Compostela. Y ahora que a Marcelo Tejedor le han vuelto a conceder una estrella Michelin (ya la tuvo y renunció a ella cuando cuando decidió cambiar de fórmula en su cocina), serán multitud los que se dirijan en procesión a la capital gallega. Es lo malo de hacerse famoso: la próxima vez que queramos ir a conocer los nuevos y espectaculares platos de este genial cocinero, nos costará encontrar mesa.

Y lo cierto es que estamos deseando volver. Casa Marcelo es uno de nuestros restaurantes favoritos, uno de los lugares donde mejor hemos comido en toda nuestra vida. Hay un truco que no falla para confirmar si un restaurante nos ha entusiasmado: si al cabo de los meses, incluso años, nuestra memoria sensitiva recuerda con deleite al menos un plato que nos emocionó en su momento, entonces es que realmente el lugar forma ya parte de nuestro patrimonio de experiencias gastronómicas felices.

En el caso de Casa Marcelo, son al menos media docena los platos que nos han emocionado. Es posible que algunos no volvamos a probarlos nunca más, pues Marcelo despliega tal derroche de imaginación que sus nuevas creaciones piden paso a las anteriores y acaban imponiéndose. En un ejercicio de libertad total, a los platillos de cocina gallega se les han ido sumando otros de inspiración japonesa, peruana, mexicana y oriental. Una auténtica fiesta de la gastronomía universal con los mejores productos gallegos, que es como decir, del mundo.

Viajo con la imaginación”. Nadie diría que Marcelo no se ha criado entre fogones en Tokio, Lima o Singapur. Porque efectivamente, la imaginación de Marcelo consigue transportarnos a otros mundos: dim sum exquisitos de gambas y manitas, shao mai que nada tienen que envidiar a los que hemos probado en Hong Kong y Shanghai; sushi y sashimi que superan incluso a muchos buenos restaurantes de Japón o Singapur, tal es la calidad y variedad de los productos que Marcelo trae del mercado, de las rías gallegas y del Cantábrico: un día probamos un espectacular sashimi de vieira laminada, otro un sushi de lubina con pimentón, o un impresionante e inigualable salmonete con ralladura de lima. Los mejillones de las rías gallegas, las navajas, el sushi de toro en temporada, son insuperables, como los tiraditos de pescado del día, de inspiración peruana. Entre los entrantes gallegos, nos quedamos con los buñuelos de bacalao, puro aire crujiente y esponjoso, la yema de huevo y tocino, la divertida patata-puerro y la gilda de bonito de Burela (o de merluza de Celeiro, según los días y lo que haya en el mercado). Otro día nos atrevimos con el rey de la casa, el cabracho frito del que se comen hasta las espinitas.

Conviene también dejar un hueco a los postres: los de siempre, los de casa de toda la vida, imprescindibles. Arroz con leche quemada, tarta de manzana, milhojas…

Intuimos que dentro de poco el local de Casa Marcelo se les quedará pequeño. ¡Enhorabuena a Marcelo y a su jovencísimo equipo!

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