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Está en Madrid, y tiene un toque londinense de los años 20.Cena y copa en Teckel

El ambiente sube, pero no nos movemos de la silla. En Teckel se come y se alarga la sobremesa.

Es nuevo en Madrid. Se abre paso en el 55 de la Avenida de Concha Espina con un interiorismo muy bien resuelto y una propuesta a la carta divertida y de precios contenidos. Teckel es joven y desenfadado, pero con ese punto chic que tan bien casa con la zona.

Subido a esa ola de locales en los que cenas y te quedas apurando mesa y cierre con una copa (o dos), porque la música y el ambiente así lo invita. Como invita el horario, ya que los fines de semana no apaga luces hasta las 2 de la madrugada.

Todo un plan al que ha dado forma el estudio Cousi Interiorismo desde el plano estético, que aseguran, está inspirado en los londinenses años 20 y cuya fachada se ha montado al estilo de las antiguas barberías. El local, pequeño y coqueto, se ha aprovechado al máximo disponiendo una cocina central sobre la que se estructura la sala; una primera parte cálida, con grandes cristaleras a modo invernadero, y un pasillo con mesas dispuestas en fila que acaba abriéndose con la posibilidad de dar cabida a un par de grupos.

Pequeño pero bien resuelto gracias a los espejos que se disponen a lo largo del espacio, incluso en el techo. Azul, madera y bonita vajilla, cubertería y cristalería.

Gastronómicamente, la forma se la ha dado el joven cocinero César Galán, que comparte inversión en el proyecto. Ha desarrollado una propuesta sin pretensiones, llena de bocados reconocibles en una carta con recursos para cualquier gusto.

Por ejemplo, una rica fondue de queso, patata, setas, cebolla crujiente y puntilla de huevo, croquetas de gamba roja al curry o flamenquines de calabaza, queso y pollo. Divertidos platos como el cuarto y mitad de lomo de atún marinado con guacamole y chile habanero o los noodles thai-dición por uno de Madrid. Sin olvidar una de las estrellas de la casa, la hamburguesa con carne de El Capricho de León que es todo sabor, aroma y textura, y que acompañan de una cama de puré de patata y un toque de aceite de trufa.

En Teckel terminas la cena y estás animado. Has comido bien, la cuenta no se dispara y la música te ayuda a recostarte sobre la silla apurando la copa de vino. En nuestro caso de una sorpresa tinta llamada La Planta, de Arzuaga.

Sin embargo, aún hay sitio para postre, para un suave tiramisú que llaman de la Nonna Nella, una tarta de galleta y coco o las croquetas de natillas, crema catalana y nutella.

Y ahora sí, tiempo de destilado. Y de pensar en esa terraza a la que poco le falta para ser una realidad. Con capacidad para 80 bocas y pensada para todo el año, será sin duda un estupendo reclamo para este 55 de Concha Espina.

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