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Restaurantes

Compartir (Cadaqués)

En este restaurante, todos los platos van al centro. Que por algo su nombre es Compartir.

Posiblemente, más de uno (y de dos) reserve mesa en Compartir pensando encontrar una pequeña parte de lo que fue elBulli. No pretenda eso y acérquese para disfrutar de una rica cocina con estilo propio y largo recorrido. Y, por supuesto, acepte la máxima del establecimiento: todos los platos van al centro. Que por algo su nombre es Compartir.

Así se llama y su ubicación –de ensueño- no es otra que el pueblito de Cadaqués. Sí, en ese núcleo de casas junto al Mediterráneo, con una luz especial y una carretera infernal, tres grandes chefs decidieron montar su pequeño gran restaurante. Sus nombres son Mateu Casañas, Eduard Xatruch y Oriol Castro y la fecha de apertura, 2012.

Eran largamente conocidos por la crítica culinaria y los amantes de la alta cocina. Y es que ellos formaron parte del equipo de Ferran Adrià, en la localidad próxima de Rosas. Pero aquello fue otra historia. La actual es igualmente sabrosa y más cercana a todos los públicos, tanto por concepto como por precio y, claro, por accesibilidad.

No es de extrañar, por tanto, que esta rara perla de Cadaqués esté casi siempre completa. No hay nada parecido en las proximidades y, como decimos, la huella de elBulli es una llamada de atención para muchos curiosos. Algunos quizá se vayan desilusionados, pero la mayoría saldrán encantados. Es lo que tienen las ideas preconcebidas.

Compartir es un establecimiento muy amplio. Con una terraza maravillosa y un interior también agradable. Los almuerzos o cenas en grupo resultan muy divertidos.  El equipo de sala se mueve, entra y sale con buen ritmo e introduce los platos con esa pizquita de orgullo del trabajo bien hecho que a muchos comensales todavía despierta más apetito.

Quienes no tengan problemas con las ostras, por favor, que empiecen con una o varias de las que proponen. Las hay, tal cual, es decir al natural y con su sabor marino y desnudez; Con vinagreta y también con ingredientes como manzana, nabo y sidra; jugo de lechuga; con escabeche de zanahoria y coco, o a la japonesa. Ahí es nada para quienes sienten devoción por este bocado.

Suponen asimismo un buen comienzo, las navajas a la gallega con jamón ibérico, las sardinas marinadas con ensalada líquida y, claro estando en este rincón del Mediterráneo, son imprescindibles las anchoas que, rompen moldes y se acompañan de boletus, miel de abeto y trufa. Como se trata de pedir para todos, tampoco deberían faltar el papillote de mini envidias con gorgonzola

Para continuar y, dado que casi nadie suele tener problemas con los arroces, a por ellos. Aunque sea la hora de la cena, un arroz o dos de los que proponen al centro, y nadie sufrirá empacho. Si por número o porque alguien insiste en que sea solo uno, entonces el ibérico con trompetas de la muerte.

La visita no puede concluir sin un buen pescado. Rico y elaborado de una forma inesperada, realmente exótica, es el rodaballo al estilo tailandés. ¿Queda espacio para algo más? Con toda seguridad así que ya están marchando las costillitas de conejo y alcachofas rebozadas con alioli de manzana.

Los postres entre varios suponen menos culpa. Es la excusa perfecta para tomar, por ejemplo, el coulant de avellanas con sorbete de cerezas y los bombones líquidos de chocolate con sorbete de grosella negra.

Compartir permanece abierto al público durante los fines de semana de otoño e invierno, así como diversos días entre semana; la información actualiza se refleja en su web. De modo que no espere a la llegada del próximo verano para diseñar una deliciosa escapada a este rincón del Mediterráneo. Que el mar, en temporada baja, posiblemente no invite al baño, pero sí a perderse contemplando su inmensidad y el buen recuerdo del almuerzo o de la cena del día anterior.

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