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Restaurantes

Descobre (Belém. Lisboa)

Es el proyecto de Susana y Fátima que, por su manera de hacer las cosas, ya es referencia en Lisboa.

En Belém, la zona de Lisboa de donde salieron los descubridores, abrió hace dos años el restaurante Descobre. A pesar de estar fuera del circuito turístico, es ya un lugar un lugar de culto para iniciados. Ahora acaba de actualizarse.

¿Cómo es posible? ni un turista llega a esta reducida distancia de los Jerónimos y del Centro Cultural de Belém, a nuestro alrededor, profesionales liberales, arquitectos, abogados, médicos, gente de la comunicación, diplomáticos, funcionarios de la Presidencia de la República que queda cerca…lo más foráneo, nosotros.

Susana y Fátima, las dos socias y gerentes del restaurante, ¡que solo cierra el día de Navidad! nos reciben para contarnos la historia de su proyecto que va evolucionando y  mejorando con los días. Abrieron este restaurante después de haber pasado por la facultad de empresariales y de hostelería y tras varias experiencias en el sector.

Su objetivo fue, y es, que la comida sea totalmente portuguesa, desde el Duero al Algarbe, con el mayor respeto por los productos, la mayoría de proveedores directos locales de mini empresas familiares, y que se cocine y se sirva con los métodos, las proporciones y la dignidad con la que se come hoy en día. Nos encantó lo del respeto y la dignidad cuando se trata de una lubina o de un cabrito.

El local se encuentra en un edificio de 1940 que pasa totalmente desapercibido, ya que toda la calle es de la misma época y la planta baja donde nos encontramos me cuentan fue una carbonería de la que no quedan más que los arcos de piedra de los techos abovedados, verdaderamente característica de los edificios Pombalinos en Lisboa, un siglo anteriores a éste.

Se entra por  una tienda de productos delicatessen locales y de una bodega de vinos portugueses, y se accede a un restaurante de 46 plazas donde se siente mucha armonía.

La carta, una de verano más fresca y una de invierno más contundente, funde la comida local permitiendo alguna concesión a la interculturalidad ya también local. Me explico, alguna cosa orientalizante para nosotros, orientalizada para ellos, que ya han integrado las influencias de Macau, Goa, Mozambique, y Sao Tomé a su día a día portugués desde hace mucho tiempo. Aunque, ojo al dato, lo del helado de algarroba viene del Algarve, sin ir más lejos.

Te recomendamos el queso de cabra gratinado de entrada, la lubina mediterránea, el bacalao, cómo no, el mero, el curry de gambas. De las carnes, el cabrito y el cordero, como aquí dicen, de las que se comen con chuchara, por lo tiernas que son.

Cuentan con buenos proveedores de pescado fresco del vecino mercado de Algés, y de carne, las verduras y frutas de huertas cercanas, los quesos, directamente de su elaborador.

La única concesión a los productos de fuera de Portugal, curiosamente un cava Juvé Camps, que no saben muy bien por qué motivo está ahí, pero está. Lo demás, vinos catados y seleccionados personalmente por las dos socias.

En este restaurante, todos los días se cocina todo, y  para el huequito para el postre, tendrás problemas para elegir entre el postre de la casa “doce de ovos com sorbete de limão” que se hace cada día con 30 huevos, como los verdaderos dulces conventuales; el ya mencionado helado de algarroba, alucinantemente sabroso, o la tarta de queso con moscatel, entre otros.

Es de todos conocido el amor y el cuidado de “les arts de la table” en Portugal. Aquí tenemos un ejemplo de una sencilla sofisticación muy de ElHedonista. Los vasos basculantes, los cubiertos de Cutipol, la vajilla de Costa verde. Los manteles blancos. El tamaño de las mesas. La sillas,¡Ah!! las sillas! de las que nos quejamos en tantos restaurantes. Mención especial merecen estas sillas. Cuando les halago el gusto y la elección de las mismas, me cuenta Susana que las ha diseñado ella con su marido para que sean comodísimas y bonitas y las ha hecho un ebanista y un tapicero local.

Podría seguir contando, pero creo que lo mejor será reservar ya y pedir la mesa de la bodega, donde sientes que además estás en un casi reservado muy acogedor.

Se me olvidaba, en las paredes de la sala organizan dos exposiciones al año de pintores y fotógrafos amigos. De la última exposición de fotografía con fotos de Lisboa se vendió el doble de lo que se expuso.

Y ya  antes de irnos, muy al final, me cuenta Susana que ha dado hasta clases de Feng sui.

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