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Restaurantes

El Cercle

Es un deslumbrante restaurante barcelonés a la altura de su emblemática ubicación.

El Reial Cercle Artístic de Barcelona abre sus puertas (las de la primera planta) a todos los públicos a través de una fabulosa oferta gastronómica. El Cercle es la gran apuesta que llega de manos de Julià Cribero y Ana Calpe.

Si reside en Barcelona quizá sepa que en el número cinco de la calle Les Arcs existe, desde 1959, una entidad cultural llamada Reial Cercle Artístic. El título fue concedido en 1916 por el rey Alfonso XIII aunque la institución fue fundada antes, en 1881. Si no lo sabe o si no vive allí, pero ha visitado la ciudad, sí es muy probable que se haya fijado en su agradable terraza, justo donde acaba el Portal de l’Ángel, a un paso de la catedral, y encima de la que aseguran es la fuente más antigua de la capital, la de Santa Anna. ¿Cierto?

Hasta hace algún tiempo efectivamente hubo un restaurante y es probable que su mirada (con un punto de envidia) se fijara en quienes allí, bajo el cielo, tanto de día como llegada la noche, departían. Aquello nada tiene que ver con el momento presente en el que dicha terraza y el interior de la primera planta se han transformado en El Cercle, una propuesta que calificamos, sin ninguna duda, como espectacular y que necesariamente hay que tener en cuenta.

Por las escaleras de este palacete del siglo XV, se cruzan los artistas, que pertenecen al círculo y que tienen allí sus estudios y su lugar de reunión, con turistas y ciudadanos ávidos por degustar lo que allí se cocina. ¡Y no es poco! La oferta comprende desde una barra japonesa a cocina catalana en la célebre ‘Biblioteca’ y en el salón conocido por sus pinturas como ‘Las cuatro estaciones’, pasando por las tapas y combinados de la citada terraza, llamada ‘El jardín’.

También se puede desayunar, tomar el aperitivo o picar algo a media tarde. Y es que abre los 365 días del año con servicio de cocina desde las 11.00 y hasta las 00.00 horas. Alberga, además, una impresionante y bellísima sala privada perfecta para esas celebraciones en las que dejar con la boca abierta a los invitados tan sólo por la elección del espacio.

Desde que fuera inaugurado, en el pasado mes de mayo, la carta se ha hecho más flexible. De ahí que se pueda disfrutar de la exquisita oferta nipona en el comedor interior. Este capítulo, el japonés, es sobresaliente y su barra está llamada a convertirse en parada obligatoria. Cuenta con una excepcional selección de pescados, sumamente frescos, y espectaculares platos como las gyozas de bogavante al vapor con col china o el hígado de rape acompañado de higos y huevas de pez volador. La materia prima es impecable, sirva como pequeño ejemplo el wasabi natural.

La carta es muy extensa y con un precio ajustado y sensato. La calidad de todos los platos es sobresaliente. Los hay clásicos como la bullabesa de pescado de roca o la sopa de cebolla, es decir, recetas que uno no espera en un establecimiento de nuevo cuño y que siempre resultan apetecibles. Y otros más innovadores (y equilibrados), como la fresquísima ensalada de hinojo con burrata, aceituna kalamata, tomate seco y vinagreta de limón, o la caballa marinada acompañada por escarola, uva y tomillo, que merecen un diez. Como lo merece el arroz de erizo y butifarra negra, con un punto y una potencia de sabor inmejorables.

El equipo de El Cercle pretende deleitar y sí, también divertirse con su trabajo. De ahí que propongan maridajes inusuales, que animen al comensal a ir más allá del clásico vino. ¿Por qué no empezar con sake en copa de cristal u optar por un gin tonic con albahaca y lima como compañero del steak tartar? Un plato que, por cierto, se acompaña de unas deliciosas patatas ‘pont neuf’ y una suave mantequilla de anchoas. Probablemente sueñe con ellas durante largo tiempo.

La selección de postres es asimismo abrumadora. Existe la posibilidad de concederse un festival en toda regla y degustar diferentes tartas creadas por los pasteleros de la casa o mostrarse más recatados y elegir la maravillosa macedonia de cítricos con infusión de menta y sorbete de mandarina. Siempre quedará ocasión para la tarta de limón y merengue, o el lingote de chocolate negro. Y es que, sin duda, si prueba El Cercle, deseará volver muy pronto.

Se aprecia que la dirección de esta novísima dirección no es nueva en el oficio, suyos son otros reputados locales como L’Oliana y La Clara. Acumulan conocimiento y experiencia y saben de la importancia de llegar a un público ecléctico mimando siempre la base de su negociado, es decir, la cocina.

La luz y el espacio, con maravillosas obras de arte, el servicio en sala, incluso los baños… la apuesta es mayúscula. Todas las miradas se fijan en este restaurante, El Cercle, en el que cuidan (y mucho) los detalles, entre ellos, cómo no, la música. Sabedores del placer que supone cenar con las notas de John Coltrane, las comparten con su clientela.

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