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Un buen restaurante peruano en un enclave espectacularEl parador de Moray, en Perú

El parador de Moray es un auténtico restaurante peruano. A unos 50 km de Cusco, ofrece una magnífica cocina con el plus de unas vistas prodigiosas.

El parador de Moray es un auténtico restaurante peruano. Podría bastar con decir que la comida es deliciosa, pero la magia del entorno nos hace levantar la vista del plato constantemente. A unos 50 km de Cusco, en Perú, en pleno Valle Sagrado de los Incas, ofrece unas vistas prodigiosas.

No es fácil llegar. Caminos de tierra entre plantaciones de quinua, tierras rojas y amarillas, montañas con neveros y, de repente, la sorpresa: un restaurante con una bellísima apariencia, acorde con la naturaleza en la que se asienta.

El enclave de El parador de Moray es magnífico. Perú es un territorio plagado de sorpresas y vestigios del pasado, y aquí, justo al lado del restaurante, existe un laboratorio agrícola de los incas y un observatorio astronómico. El sitio arqueológico es de altísimo valor. Así que la visita está más que justificada.

Una vez que el viajero se sacie ante tanta maravilla, le apetecerá alimentar también su estómago, sobre todo si ha bajado hasta el centro de esa especie de anfiteatro inca y ha vuelto a subir.

La experiencia de sentarse en este restaurante, de esmerada arquitectura y decoración, resulta muy gratificante. El edificio es una antigua hacienda, completamente restaurada, que conserva la disposición original. Una serie de comedores de diferentes tamaños, pensados siempre para pequeños grupos, se sitúan en torno a un patio aislado por enormes cristaleras y cálidos marcos de madera. Si refresca, la espléndida chimenea acoge a los comensales con cariño.

El parador de Moray pertence a Cusco Restaurants, un grupo de siete restaurantes con diferentes propuestas gastronómicas: andina, cusqueña, italo-peruana, japonesa-peruana y orgánica, cada una en manos de diferentes expertos, pero todas bajo la dirección del chef Coque Ossio.

Un estético bufé permite degustar los platos más tradicionales: el tabulé de quinua, la trucha a la sal, el lechón al horno… con guarniciones típicas de la zona, purés y papas nativas. En los postres resulta inigualable la mazamorra de maíz morada. Aparentemente, nada especial, pero hay que probarlo para ver la diferencia.

Probablemente, ningún viajero pueda decir simplemente «pasaba por aquí», por eso El parador de Moray solo funciona mediante reservas. No hay que olvidarse de pedir cita, porque merece la pena.

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