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Restaurantes

Es la última apuesta de Nino Redruello Fismuler, es hora de divertirse

Confirmado: es una de las direcciones favoritas del público madrileño. Y éstas son algunas razones.

Una vez más, el madrileño Nino Redruello arriesga y se aleja de lo fácil. En Fismuler, que ya ha rodado de sobra (abrió en junio de 2016) y superado con nota una apertura que fue sonadísima, la diversión sigue estando asegurada. Él supera lo establecido y presenta ingredientes, texturas y sabores ensamblados a la perfección. Junto a él, una vez más, se encuentra Patxi Zumárraga, que le sigue el ritmo como nadie. 

Éste es un restaurante perfecto para los comensales que disfrutan precisamente de eso, de un buen ritmo. Para aquellos que no se quejan cuando hay bullicio y el equipo de sala se mueve sin descanso. Sí, éste no es el lugar de quienes adoran una atmósfera queda. Porque en Fismuler todo sucede a gran velocidad. Así también se da cuenta de los diferentes platos, aumentando la sorpresa ante lo inesperado. Sí, desde la mantequilla y el aperitivo, y hasta el broche final que, háganos caso, debería ser la tarta de queso. No, no es la que usted espera, querido lector. Tampoco lo es el café.

La nota dominante es la transgresión, pero con sentido y gran sensibilidad. Nos referimos a simplicidad pero que transmite otra mirada, otra forma de enfrentarse a las posibilidades de los ingredientes. Y hacerlo cada día. Porque la carta de Fismuler varía cada jornada. Sucede en función de la oferta del mercado, con protagonismo absoluto de los alimentos de proximidad.

Diremos que si lee en ella lentejas, anímese a probarlas. Quizá estén acompañadas de gamba roja y de panceta; si es así, le aseguramos que le fascinarán. Hablábamos de transgresión y añadimos frescura y calidad. En temporada, posiblemente encuentre propuestas como la excepcional tortilla de ortiguillas. Resulta exquisita, además, la oferta de pescados y quienes optan por la carne, tienen asimismo una cuidada selección de recetas. Pollo, pato, chuleta de vaca vieja…

Como novedad, una noche al mes, esta pareja de atrevidos cocineros diseña un menú sorpresa que sólo se sirve en la cena de esa noche y bajo reserva previa. Guiados por la improvisación, proponen tres aperitivos, un pescado, una carne y un postre. El precio es 70€ e incluye cinco vinos diferentes seleccionados por el sumiller de la casa, Francisco Milla.

La oferta gastronómica de Fismuler se complementa con una carta de vinos, que se pueden tomar por copas, jarras de sangría o limonada caseras, café de puchero, una gran variedad de destilados macerados en casa, y una programación de música en vivo para animar las cenas.

Fismuler suele estar lleno hasta la bandera. De ahí la importancia de reservar con tiempo. Cuenta con mesas de gran tamaño porque aquí lo divertido es venir a celebrar y con cuantas más personas, amigos, conocidos o familiares, mejor.

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