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Pan de calidad y divertidas mezclas se traducen en propuestas muy apetecibles John Barrita, esto sí son buenos bocatas

Javi Estévez sorprende con un local especializado en bocadillos visualmente atractivos y deliciosos.

¡Ay, el bocadillo! Puede ser de lo mejorcito pero qué complicado es encontrar uno realmente bueno. Porque a veces nos empeñamos en complicar aquello que es sencillo. Cómo no suspirar por un pepito de ternera rico, unos calamares o unas simples (pero maravillosas) sardinas que, entre pan, saben a gloria. John Barrita es la nueva dirección para quienes pierden la cabeza por un bocata, sí, pero de los de verdad. 

Serán muchos quienes digan que no es nada complicado, que se trata de pan y lo que quieras ponerle dentro. Que no importa si es frío o caliente porque no tiene tanto misterio. Pero sí, claro que lo tiene. De ahí que la apertura de este local en la madrileña calle de Vallehermoso haya sido sonada y secundada. Y nosotros nos alegramos. Lo hacemos y sabemos que volveremos pronto. Porque quedaron más bocatas por probar.

Detrás del proyecto se encuentra Javi Estévez, conocido por su paso por la televisión y por regentar otro local tan interesante como La Tasquería. Junto a él, Quike Pedraz, jefe de cocina en el citado establecimiento, a quienes se suma una tercer persona: John Edwards. Él es responsable de La Panotheca porque los bocadillos tienen su aquel y el primer, y fundamental, paso es elegir un pan de calidad. El suyo está elaborado artesanalmente, cada día y con materias primas ecológicas en hornos de piedra.

Conocedores de que todo no vale, eligen cada pan en función de sus ingredientes, tamaño, consistencia y por supuesto pensando en los ingredientes que ‘albergará’. Y no hablamos de extravagancias, porque se lo toman muy en serio. La carta se estructura de la siguiente manera: sobre y entre pan, así como barritas y varios. Luego nos adentramos en el último capítulo, pero vayamos por el principio.

Sobre pan de semillas funcionan mezclas tan ricas como el pisto, el huevo a 61 grados y el salmón ahumado. La focaccia prensada ensalza el sabor de la sardina ahumada junto con queso y tomates cherry. Un pan rústico es el elegido para poner de relieve un sensacional roast beef con el toque de la mayonesa y chipotle y encurtidos. Y el brioche tostado combina con el excepcional steak tartar elaborado con la carne de La Finca y acompañado de mayonesa picante y brotes.

Entre pan, también focaccia, sorprende la hamburguesa; los calamares, realmente tiernos, casan a la perfección con la chapata y el pan de aceite tostado encuentra su aliado perfecto en el pollo confitado con hierbas. Y sí, tampoco se han olvidado del consabido pepito de ternera. Eligen pan de tomate con un buenísimo filete de ternera, mozzarella y pimiento verde.

Hay más. En John Barrita también presentan barritas con chicharrón, sardinas en aceite y carrillera guisada. Sorprende la parte visual, con bocadillos verdaderamente bonitos. Basta echar un vistazo a las redes sociales para constatar que quien visita este local no se resiste a compartir su bocadillo. Pero además resultan deliciosos en cuanto a sabor y textura. Y eso es lo verdaderamente importante, la razón para volver.

Como decimos, hay un apartado denominado varios que incluye otros platillos tan apetecibles como las alcachofas confitadas y fritas, con huevo y crema de foie; la croqueta de ropa vieja sin forma de croqueta, que se presenta en un vasito de cristal pero cuyo sabor no lleva a engaño. De hecho es riquísima, así que nadie tenga dudas al ver llegar el vasito.

Y claro, en un espacio en el que brilla la autenticidad, no faltan otras raciones perfectas para compartir como el pulpo y la ensaladilla y también alguna ensalada. Por si en la sala hay alguien que mantiene a rajatabla que el pan engorda…

De aire industrial y con capacidad para 30 personas, la mesa principal, para varias personas, resulta divertida. Y es que si se comparte con desconocidos, se cruzan miradas para saber qué han pedido ellos y se escapa, incluso, aquello de: ¿Los partimos y compartimos? Mejor, volvemos otro día y seguimos descubriendo la carta.

¡Larga vida al bocata!

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