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Restaurantes

Un lugar donde se come muy, pero que muy bienLa Canica de Sergio Martínez

Un joven cocinero, una despensa de temporada y una cocina sensata son las claves del éxito de este restaurante madrileño.

Lleva poco más de un año de vida rodando, pero a esta Canica le ha bastado para encontrar un trazado propio y personal donde moverse, que recorre a ritmo firme y seguro. En su equipaje carga buen producto, energía y muchas ganas de agradar a través de la experiencia. Y lo consigue.

Pese a la juventud de su jefe de cocina y propietario, Sergio Martínez, este proyecto no tiene nada de juego de niños, pues madurez y experiencia están presentes en cada uno de los platos que salen de su cocina.

Poca improvisación y mucho fondo, en una propuesta que camina por la omnipresente fusión de tradición y vanguardia. Que aquí, todo hay que decirlo, está muy bien llevada. Sin disfraz, con diversión y seriedad al mismo tiempo.

Lo pudimos comprobar a través de unas croquetas sabrosísimas de estofado de carrillera o las setas shiitake salteadas con ali oli de miel. También, en el criollito con hojas de hierbabuena y mostaza verde o en unas manitas rellenas de ropa vieja y crujiente de boniato que sería pecado no pedir cuando uno se sienta a la mesa de este espacio.

Resulta curiosa la selección de “arroces entre comillas”, elaborados en realidad con sémola de trigo, de entre los cuales dimos buena cuenta de uno a la mantequilla de albahaca con alcachofas fritas. Nos encantó.

Y una fina tarta de manzana con helado de vainilla y una tarta de lima con merengue flambeado pusieron final dulce a este grato descubrimiento.

El maestro mixólogo Óscar Pino está al frente de la propuesta de coctelería y barra, que precede y sucede con acierto el capítulo gastronómico, manteniendo viva la chispa de un local que abre en horario ininterrumpido.

Es un espacio muy amplio en el que un gran chester amarillo se combina con sillas de terciopelo rosa, enormes ventanales, carteles, alacenas, mesas de madera y azulejos.

Su ubicación en Campo de las Naciones convierte a La Canica en un ir y venir de ejecutivos y trajes cada mediodía, de lunes a viernes. Y aunque desde el centro de la cuidad pueda quedar un poco a trasmano, el paseo merece la pena.

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