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“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. Friedrich Nietzsche

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La nuez

A Pamplona se va a comer verduras, buena carne y pinchos. Y se bebe vino rosado. Cuando se sigue la tradición es así, pero ¿Y si vamos a contracorriente?

En Pamplona, si se quiere salir de lo de siempre, hay que buscar un poquito. Porque, queda claro que en la mesa navarra se mantienen los clásicos. ¿Es así porque funcionan? ¿O funcionan porque no se cambian? Julio Flames y Cristina Puig son propietarios de La Nuez, una rara perla digna de ser visitada. Porque ellos decidieron no seguir la corriente.

Se conocieron en Londres, en un trabajo que recuerdan con cariño. Se ocupaban de elaborar platos caseros para llevar. Y dicen: ‘Eran ricos, realmente buenos, con ingredientes ricos…’. Decidieron establecerse en la ciudad de ella, es decir, Pamplona, hace seis años para, precisamente, cocinar rico, nada extravagante, tan sólo la comida que a ellos más les gusta.

Para entenderlo hay que saber que antes de la capital londinense, Julio había pasado otra larga temporada en Roma. Fue tras abandonar su país, Venezuela, para convertirse en cocinero a base de trabajar duro en diversos restaurantes, a las órdenes de otros. No fue a la escuela pero aprendió desde abajo: a hacer pan, pasta… a valorar la importancia de los productores, a conocer la materia prima que luego se transforma…

 La Nuez es una suma de estas experiencias. Ocupa un antiguo garaje del siglo XIX, ahora transformado en un espacio cálido, bonito y elegantemente sobrio. Apetece que pongan en marcha ese brunch que tantos clientes les reclaman para la mañana del sábado -que la del domingo, esta pequeña familia descansa-.

Apetece, cómo no, que Julio, que se guía por la intuición y dice no tener una cocina propia y sí todas las que ha probado y que le han emocionado, se líe la manta a la cabeza y diga: ‘Esta noche, solo se prepara y se sirve comida tailandesa’.

Es un gusto tomar, cualquier día, unos huevos benedictine, un steak tartar o unas verduras cuya frescura habla por sí sola. A Julio y a Cristina les gustan los sabores y recetas de aquí y de allá. Demuestran influencia francesa y vocación ciertamente internacional. Y eso, sin duda, les convierte en una rara perla.

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