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Restaurantes

Es el proyecto de Cervezas MoritzLouis 1856 El Restaurante, la cita es en Barcelona

La emblemática fábrica de cervezas ha encontrado en el chef Jordi Vilà, el aliado perfecto para recuperar la esencia de un restaurante clásico.

Desde hace tiempo, Cervezas Moritz trabajaba en un proyecto en el que la gastronomía catalana fuera capital. Hace apenas unos meses y tras dos años de espera, ha visto la luz Louis 1856 El Restaurante. El chef Jordi Vilà es el responsable de su cocina. 

No solo se han propuesto ensalzar la gastronomía catalana, también se han marcado como claro propósito recuperar la esencia del restaurante clásico. Es decir, aquellos detalles que marcaban la diferencia, que provocaban sorpresa y admiración, que convertían cada visita en una fiesta, sí, porque se trataba de una ocasión especial. En Louis 1856 El Restaurante recuperan lo que nunca se debió perder, pero cuando decimos clásico no nos referimos a trasnochado; todo lo contrario, toman la esencia de los establecimientos de antes y lo proyectan en un lugar esencialmente moderno y rompedor.

La oferta es rotunda y sólida. Se aprecia la maestría de Vilà así como su creatividad y, por supuesto, el protagonismo del producto. La carta presenta platos con historia y otros clásicos, pero revisados, y no faltan, además, de nueva creación. Todos, del primero al último, buscan que el comensal disfrute, que goce y que, como decíamos, sienta que estar ante esa mesa y en esa ocasión, es una gran celebración, es irrepetible.

Chateaubriand de rape, pizza de patata al horno con pescado de mercado o xucrut con careta de cerdo son algunos ejemplos de una cocina con innumerables referencias a las raíces alsacianas de Moritz y que reivindica la cocina catalana.

Se pueden conocer o volver a degustar platos y técnicas que hace décadas que habían sido desterrados. Por ejemplo, destacan las grandes piezas enteras para compartir como segundo plato. El hecho de compartir, sin duda, favorece ese propósito lúdico.

Y si hablamos de ocasiones especiales, merecen, claro está, postres a la altura. Como la tarte tatin, la omelette surprise y el mil hojas con cinco cremas a escoger elaborados a los ojos del cliente.

Como guiño a la tradición, la puesta en escena es clave. Todos los platos se rematan, de una manera o de otra en la mesa. Los hay que se trinchan y cortan en la sala, otros que se flamean o se montan y se preparan ante los clientes. Son protagonistas los carros, hasta diez, que algunos clientes quizá hayan olvidado o, incluso, nunca hayan visto.

Y, claro está, es fundamental la tarea de los profesionales de sala. Ellos acercan la cocina, explican aquello que convierten cada receta en única y ponen el toque final ante la atenta mirada de los comensales, que aprecian la laboriosidad que se encuentra detrás del plato que eligieron. Eso les hace un poquito más felices.

Si importan elementos ya olvidados como los carros, es fácil imaginar que las vajillas o las cuberterías no han sido elegidas al azar. Entre las primeras, tradicionales de cerámica fina y modernas pintadas a mano, así como cuberterías diseñadas por Jean Nouvel  y otras de estilo art déco.

Precisamente el arquitecto Jean Nouvel firma el interiorismo de Louis 1856 El Restaurante. Llaman la atención las pirámides de espejo a nivel de tierra, que captan la luz del sol o de la luna en un sótano del siglo XIX que antiguamente habían sido las bodegas de maduración de las primeras cervezas Moritz; así como una impresionante chimenea, que mezcla agua y fuego.

Busquemos, por tanto, un motivo de celebración porque la cita es en Louis 1856 El Restaurante, en Barcelona.

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