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Restaurantes

Comerse la luna sin despegar del sueloLúa (Madrid)

Manuel Domínguez se ha convertido en icono de la mejor cocina de Madrid.

¿Y a qué sabe la luna? La respuesta la tiene, desde hace prácticamente una década, Manuel Domínguez en un restaurante que, con la discreción y la humildad que caracterizan a este gran chef, lejos del ruido mediático, se ha convertido en todo un icono de la mejor cocina en Madrid. Ahora, estrena carta de barra y degustación de tapas. Hablamos de Lúa, claro.

Qué tendrá la luna que enamora, que es siempre protagonista de historias de amor y mágicos hechizos. Como ella, el restaurante homónimo en el madrileño Paseo de Eduardo Dato es un homenaje a los sentidos, a los cinco, porque en deleitarlos es un experto Manuel Domínguez, apasionado gallego (de ahí el nombre) que trajo a la capital una parte de sus raíces y la actualizó sin perder nunca de vista sus orígenes.

Desde que comenzó en la calle Zurbano hasta su ubicación actual, Manuel ha sido capaz, con una maestría encomiable, de elaborar con gusto y elegancia esas recetas de la abuela que parecen no estar de moda y que, sin embargo, son las que siempre permanecen en el recuerdo. Para ello, la materia prima es protagonista. El buen producto, no necesariamente caro, es el elemento central de Lúa en preparaciones sencillas que no lo disfrazan. Al contrario, lo realzan y no lo sacan de su contexto tradicional por mucho que el autor ponga su sello con la excelencia que le caracteriza.

Los sabores, colores aromas y texturas son deliciosos. En el menú degustación, en sala, un taco de salmón ahumado con salsa de chile y sésamo, una espectacular molleja de cordero rebozada o fantásticos “mar y montaña”, como el socarrat de conejo con carabinero pasado por soplete o la raya encaldeirada sobre caldo de ibéricos, desfilan sobre la mesa en un equilibrio de sensaciones que no hace sino elevarse “in crescendo”.

Igualmente delicioso es el marco en el que se presentan, renovado con una decoración propia que se basa, asimismo, en lo clásico con algunos destellos de vanguardia en especial en el comedor. Por su parte, la zona de la barra, con madera de castaño de más de 30 años, ofrece ahora una carta cerrada de tapas con el pulpo como referencia estrella; tapas que se pueden probar en sus mesas altas o en la terraza, ya que el tiempo lo permite, de un modo más dinámico e informal.

No obstante, a Lúa es mejor ir sin prisa dispuesto a perderse en una galaxia gustativa que bien merece una estrella que la ilumine. Mientras llega, gracias a Manuel, mago de los fogones, seguiremos mirando a la luna y viajando hasta ella sin levantar los pies del suelo.

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