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Restaurantes

Mamá Campo

cuando la mayoría de los alimentos apenas tiene sabor, surgen tiendas y restaurantes ecológicos que reivindican lo natural.

Repetimos la frase una y otra vez: ‘estos tomates no saben a nada’. No son los únicos; otras hortalizas, frutas y verduras no saben, tampoco huelen. Frente a ello, surgen tiendas y restaurantes en manos de emprendedores que se plantean de dónde proceden los alimentos que ingerimos. Encontraron la respuesta y desean que, como ellos, muchos ciudadanos despierten y escuchen también a su conciencia ecológica y natural.

En la Plaza de Olavide, en Madrid, ha abierto Mamá Campo, un claro ejemplo de dicha corriente. Cuenta con restaurante, en dicha plaza, y a tan solo unos metros de distancia, en la calle Trafalgar, una tienda de alimentos. Además, un poquito más allá o más acá (según se mire), está La Cocinita de Chamberí, especializada en alimentación ecológica infantil, abierta al público hace años y ahora asociada con Mamá Campo por y para la misma causa.

Los productos reunidos cuentan con certificación ecológica y proceden directamente de agricultores, ganaderos y otros elaboradores que miman sus productos y cuidan de su entorno. Se trata de las hortalizas y frutas de Ángel, Albano, Tomeu, y Paquita; las legumbres de Amancia y Cristina; los huevos de las gallinas felices de Mikel y José Carlos, así como de la leche de Julio, los yogures y quesos de Alfredo, Cristina, Isaura y Patxi.

Pero hay más: los aceites de Fernando y Consuelo; Marina y su ternera de la montaña; los pollos de Albert; la miel de las colmenas de Antonio; el pan artesano de Javier Marca; los dulces de Amador… Cada referencia, por tanto, tiene nombre y apellidos. Mamá Campo ofrece confianza, sin lugar a dudas, y si se pregunta por el recorrido que ha vivido cada alimento hasta llegar al colmado, seguro que saben la respuesta y brindan todos los detalles.

Precisamente, esa materia prima es cocinada en el restaurante. Lo de siempre, lo que nunca debió ser alterado por el hombre, presentado de una forma natural, que preserva su buen sabor pero, eso sí, con un toque actual. Son guisos, pucheros, cremas, ensaladas, carnes y pescados. También equilibrados desayunos, deliciosos postres y ricas meriendas.

Si la oferta gastronómica convence, la propuesta estética: encanta. Es, cómo no, una decoración sostenible y muy cuidada. Atiende asimismo a un compromiso social y medioambiental, y apuesta por la mezcla de creaciones de nombres como el riojano Carlos Villoslada, Txula Artesanía, Entic Designs, Jacobo Gavira

Y así, la comida sabe a lo que debe saber y se degusta con alegría porque todo acompaña: el espacio, la atmósfera, el servicio…

2 respuestas a Mamá Campo

  1. gabriela dijo:

    ¡La próxima vez que esté por allí vamos juntos!

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