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Restaurantes

Otto

Otto, gente guapa y alta cocina. Casi nada.

Es el lugar de moda, pero no se conforma con esa única etiqueta. En Otto, además, se come realmente bien. Comprobado.

Abrió al público hace más de ocho meses y sus propietarios han sabido, desde el primer día, arrastrar a una amplísima clientela. Lo han conseguido, sí, por su popularidad y dotes como relaciones públicas, pero eso, generalmente, dura lo que dura. En Otto, no solo repiten las caras guapas, también quienes disfrutan de una buena mesa porque, efectivamente, practican una atractiva cocina.

El responsable es Juan Hely Pérez, cocinero de origen canario y raíces venezolanas. Elige una buena materia prima y la interviene en su justa medida; destacan los sabores intensos y una interesante fusión entre la cocina tradicional española, la sudamericana y la asiática. Como prueba, combinaciones de dulce y salado e ingredientes como el cilantro, el tamarindo, el coco y otras frutas exóticas. Entre los nuevos platos, destacan la presa ibérica sobre cuscús de menta y salsa de tamarindo, las lentejas Beluga (cultivadas en tierra volcánica) con coco y langostino, el tartar de atún y sandía con soja, sake, aceite de sésamo, jengibre y caviar de arenque (que potencia el sabor a mar) o el tournedó con setas silvestres y polenta.

Como nuevos son las alubias blancas y la crema castellana, la lubina salvaje y los gnocchi de patata con mollejas de cordero salteadas. No olvidemos tampoco el apartado de platos italianos con fondo español, que hace honor al nombre del restaurante y entre los que se encuentra la lasaña de rabo de toro.

Hay recetas que no cambian como la merluza en salsa verde tradicional, pero infusionada con jengibre y lemongrass; el tiradito con aguacate y pico de gallo; el tartar de salmón, con el toque cítrico del maracuyá, o una sofisticada versión del clásico bocadillo de calmares madrileño que se come con cuchillo y tenedor.

Detrás de estos platos existe curiosidad y un gran bagaje profesional. Se encuentran, además, el respeto por el producto y la búsqueda entre los mejores proveedores. Véanse el jamón ibérico de 38 meses de curación procedente de un pequeño productor de Huelva; los quesos de Poncelet; las frutas, verduras y setas de la sierra de Madrid; los tomates ecológicos de la huerta de Carabaña; sus fresquísimos pescados y las carnes de dos empresas madrileñas: La Finca de Jiménez Barbero, en Guadarrama, y Hermanos Peña, que crían y sacrifican ellos mismos el ganado.

A su propuesta culinaria, Otto suma un animado ambiente desde primera hora de la tarde. Sesiones de Dj de miércoles a sábado, copas y gente, como decimos, guapa, que se encuentra y relaja después del trabajo y, cómo no, llegado el fin de semana.

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