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Restaurantes

Palosanto

El barrio madrileño de Chueca se renueva gracias a locales con ofertas originales como ésta.

Como llegan, se van. Las modas, ay, ¡y su carácter efímero, pasajero! Y los barrios que hoy están en boca de todos, mañana dejan de tener tantos y tantos paseantes. Sí, posiblemente, como muchas voces apuntan, Chueca vuelve a recuperar la energía y el pulso que, en los últimos años, se habían debilitado. A ello ha contribuido la apertura de diversos (e interesantes) locales. Ojalá, duren todos largo tiempo. Palosanto, creemos firmemente que lo hará. Y por ésta y otras muchas razones, hablamos hoy de él.

Para encontrarlo no hay que ir lejos, tan solo acercarse a la Plaza de Chueca. Una ubicación que en temporada de terrazas bulle pero que, luego, cuando pasa, no tenía una oferta demasiado interesante. Y si hablamos gastronómicamente, entonces el ‘demasiado’ se queda grande. Así, Edi Collazos, propietario de este nuevo restaurantito, sueña con la llegada del otoño y del invierno. Dado que para dichas estaciones, frías, prepara novedades que sigan atrayendo a quienes ya disfrutan en los días de calor de su oferta. Y a otros muchos que irán por primera vez. Anoten sus desayunos y meriendas en la lista de tareas del otoño. 

Palosanto es buena energía. Por algo recibe su nombre de la madera suramericana que es utilizada por los indígenas incas para depurar, alejar las malas energías y dar la bienvenida solo a los buenos espíritus. Entre eso y que el equipo que lidera Edi resulta amable y dispuesto de forma natural, se disfruta de una atmósfera tranquila. Y todo fluye entre bocado y bocado.

Se toma un tentempié, se come o se cena sin estrés, sin artificios y sin pretensiones. Solo cositas ricas, preparadas con cariño y con alimentos de calidad. Lo mejor es pedir y compartir; que no falten la ensalada oriental ni los langostinos con queso crema y rebozados en panko; tampoco el carpaccio de calabacín, tomate y parmesano, y la pizza… ¡Ay, esa pizza! Son recetas que, probablemente, no haya probado antes en otro lugar. Las de aquí tienen un toque especial. La pasta, el aceite, esa verdura mezclada con esa otra… le saben poner algo que marca la diferencia. Pero si hay algo singular y que se ha convertido en la estrella de la carta, ése es el pancook

Esto es, un pan de leña de 250 gramos al que cortan la parte superior –a modo de tapa- y que rellenan con mezclas como: curry y langostinos, curry y pollo, rabo de toro… Olvidaremos las dietas y el precepto de no comer con los dedos, porque se se moja hasta acabar con él. 

Para quienes comen fuera a mediodía, de lunes a viernes, por placer o por necesidad, una buena (y económica) elección es el menú de dos primeros, un segundo y postre o café por tan sólo 9,70 euros, bebida incluida. 

Y para beber, aguas de frutas exóticas: de tamarindo, flor de Jamaica, batidos y zumos. O un buen vino y esa cerveza que para muchos es la mejor: Estrella Galicia. Que tirada a la manera madrileña: roza la perfección. 

Todo esto: dentro y fuera, en la terraza más grande de la plaza, con 12 mesas. Bonita, bien atendida y perfecta no solo para tomar unas cañas, sino también para comer o cenar. Palosanto no está de moda, ni lo estará. A Palosanto se va y se repite porque es una dirección amable. Ah, también con los perros: que son bienvenidos y tratados con cariño y algún guiño cortesía de la casa. 

 Palosanto, y su buena onda, además está abierto durante todo el verano.

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