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Restaurantes

Petit Comitè, muy relajado

Sus platos catalanes de larga tradición y buen producto suponen el mejor gancho para elegirlo.

Petit Comitè, ahora en manos de Nandu Jubany, es realmente delicioso. Su cocina de raíz catalana ensalza el buen producto, los puntos y texturas adecuados. El servicio en sala redondea la experiencia en un restaurante ciertamente elegante.

Situado en el Pasaje de la Concepción, en el corazón de Barcelona, siempre fue una referencia en la ciudad. Por eso, la familia Soldevila-Casals ha encomendado a un chef con credenciales de sobra, la tarea de capitanear Petit Comitè. El catalán Nandu Jubany tomó las riendas el pasado mes de febrero y la clientela aplaude el rumbo adoptado.

La base es la que ya iniciara Fermí Puig, su antecesor. Esto es, cocina catalana con tradición y buen producto. Prima, por tanto, el recetario antiguo y los alimentos naturales, de las huertas. Junto a las verduras, otras materias primas como las carnes, los pescados o los arroces se cocinan a fuego lento. Ahí está uno de los secretos: el tiempo, las elaboraciones clásicas, pero con un toque distintivo.

Los pescados, realmente frescos, también son tratados con esmero. Llegan al paladar en su punto. Como el delicado rape, con todo su sabor. Además, Jubany ha incorporado clásicos de su casa, Can Jubany, como la coca con hígado de pato y manzana caramelizada, que fascina a su entregada clientela. Pocas citas en su mesa tienen otro inicio que no sea este fabuloso plato.

La ensalada de perdiz escabechada con escarola y granada; los huevos fritos trufados con tocino y patatas hinchadas; o los canelos Fiesta Mayor asimismo trufados, son otras grandes referencias de la carta. Y hablábamos de los arroces, claves en esta nueva etapa. Los hay tan delicados como el de sepias, alcachofas y guisantes.

La cocina de Petit Comitè es contundente. Es, además, sabrosa y sensata. Degustar las especialidades mencionadas y otras muchas significa una vuelta al ayer, al verdadero pasado culinario. Ahora que tanto se reivindica el producto y la autenticidad, este restaurante es un buen ejemplo de ello. Como lo es de un gran servicio en sala.

Bacalao a la llauna con judías del ganxet, cochinillo con frutas o las orejas de cerdo a la brasa con patatas y picada, fricandó de ternera con alcachofas fritas son otras muestras de la sensatez de su oferta. En el apartado dulce queda un clásico: la piña a l’ast, inolvidable. Si bien, los buñuelos con chocolate también regresan a la memoria una vez que se han conocido.

En cuanto a los vinos, predomina el acento catalán, con un 80% de etiquetas. El resto se reparte entre vinos de todo el mundo y champán francés. Por todo ello, esta propuesta, de base tradicional, es más moderna y contemporánea que nunca.

En esta etapa, el espacio ha sido estéticamente reformado. El resultado es sumamente relajado, sin pretensiones. Además, se ha incorporado una barra en la entrada, que llama la atención de los paseantes y que puede ser una buena parada en la jornada. Eso o el paso previo antes de tomar asiento en la sala. Allí, se degustan platillos como la ensaladilla, la sobrasada de Can Rovira con coca tostada, y buen vermut. Petit Comitè es un verdadero y relajado placer.

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