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Restaurantes

Ronin, en Hong Kong

Aunque nadie lo diría, en esta esquina se encuentra uno de los restaurantes más exquisitos y respetados de nuestra ciudad china favorita.

Hablábamos el otro día de Casa Marcelo y decíamos que descubrimos su alma gemela en Hong Kong. Pues bien, hoy traemos a Ronin, otro diminuto, escondidísimo y exquisito restaurante de este antiguo enclave británico.

Si hemos llegado a peregrinar hasta Santiago de Compostela sólo para repetir en Casa Marcelo, Ronin ha conseguido que hasta Ferran Adrià se acerque a Hong Kong para probar su cocina. Una vez más, a casi 11.000 kilómetros de distancia, los extremos se tocan. Quizá algún día, Marcelo Tejedor y el dúo canadiense Matt Abergel y Lindsay Jang, el matrimonio propietario de Ronin (el nombre que han puesto a su hijo), lleguen a conocerse. La admiración sería mutua. Y ElHedonista desde luego querría ser testigo de ese encuentro.

Hay sin embargo una importante diferencia entre Casa Marcelo y Ronin: mientras el pequeño restaurante de Hong Kong goza del máximo respeto y a nadie se le caen los anillos por acudir a un local relativamente modesto, donde el ‘bling bling’ no tiene cabida, resulta que el primer ministro japonés Shinzo Abe se quedó sin conocer el mejor restaurante de Santiago porque a las autoridades gallegas les pareció que no era lo suficientemente “importante” y elegante para el dignatario nipón. Una pena. Se ve que nuestros dirigentes viajan poco y desconocen que algunos de los mejores restaurantes de Tokio son auténticos ‘garitos’.

Ferran Adrià, que es el que más sabe y ahora está disfrutando de verdad de los grandes placeres de la vida, en esa especie de periodo sabático hiperactivo que se ha tomado, acudió hace poco a Ronin para compartir con ellos ideas y experiencias. Al inventor de El Bulli y a los dos canadienses expatriados Matt Abergel y Lindsay Jang les une una cultura culinaria innovadora, siempre sobre la base de la cocina local.

Ronin es una barra de sólo 14 asientos, a la que da acceso una puerta que pasa totalmente desapercibida al final de On Wo Lane, en el céntrico barrio de Sheung Wan. Un bar para cenar de manera informal, al estilo izakaya (beber sake y picar algo, típicamente japonés). Las ‘tapas’ en Ronin se centran sobre todo en el pescado y van variando según el día: cangrejo, sashimi, almejas hamaguri con jengibre, chiles y sake, todo bien regado con cualquiera de las maravillas que Ronin guarda en su bodega.

La selección de whiskies japoneses (más de 100) y sakes es imbatible. Cocktails, umeshu (licor de frutas), shochu (destilado de cereales), cerveza o vino acompañan a los platillos que varían cada día en función de lo que haya en el mercado y que se preparan con técnicas de cocción japonesas.

Como dijo Ferran Adrià, “lugares como Ronin hacen del mundo un lugar mejor”.

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