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Arquitectura

Arquitectura a la medida del ser humanoAlvar Aalto, el arquitecto que no envejece

Finlandia está llena de edificios con su firma en perfectas condiciones de uso. Un pretexto más para recorrer este sorprendente país

Se cumplen 120 años del nacimiento de Alvar Aalto. Es un buen pretexto para recorrer Finlandia en busca de los edificios que llevan su firma, y no solo hay que verlos, también vivirlos y comprobar lo bien que se siente uno en su interior. La conclusión es que la obra del gran arquitecto no envejece. Continúa siendo hermosa, funcional, acogedora y moderna.

Hay personas que no salen bien en las fotos. Algo así le ocurre a Alvar Aalto, mejor dicho, a su arquitectura. No es que no sea fotogénica, es que no lo es tanto como merecería ser. En la distancia corta, en directo y sin filtros resulta tan bella que ninguna imagen le hace justicia. Sus edificios ganan al natural y desde dentro: están diseñados para armonizar con el entorno y sentirse bien en su interior.

Si en la historia de la arquitectura no hubiera tantos despropósitos, sería absurdo hablar de edificios pensados para ser habitados. Quizá entonces no sorprendería tanto la perfección anímica y estética que ocurre cuando entramos en un espacio creado por Aalto. La luz tiene por dónde entrar, la naturaleza está siempre presente, las dimensiones son humanas. Sus construcciones protegen la intimidad, pero no aíslan; son un refugio, no un búnker; ninguna está fuera de escala, todas se integran en el entorno que las rodea con elegancia. Es la arquitectura sabia que piensa en las personas.

Hay un antes y un después de Alvar Aalto, el arquitecto a la altura de grandes como Wright, Le Corbusier, Gropius y Mies van der Rohe. Él fue un representante del movimiento moderno, ese que nos cambió la vida, organicista y funcional, pero con un marcado estilo innovador, absolutamente personal. Su obra sigue viva porque sabía escuchar lo que necesitaba la gente. Y también porque respetaba la naturaleza. Los edificios salidos del estudio de Aalto continúan hoy en uso y sus ideas se copian constantemente porque no hay soluciones mejores.

Jyväskylä, la capital de Alvar Aalto

Finlandia es un país hecho de encaje de bolillos, todo calado de agujeros llenos de agua. Jyväskylä está a unas tres horas de Helsinki, en dirección norte; se puede llegar en coche o en un cómodo tren con wifi. Justo allí es donde más lagos hay, y más edificios de Alvar Aalto. La ciudad y sus alrededores ofrecen muchos atractivos para el turismo de no parar quieto. La entusiasta oficina de turismo informa sobre senderismo, pesca, surf, golf, esquí, saunas (por supuesto), un apretado programa de eventos culturales… Todo ello con la contundente revelación de que «los estudios demuestran que es un lugar excelente para criar niños». Jyväskylä se denomina a sí misma «la capital de Alvar Aalto». Y es verdad que reúne la mayor cantidad de sus edificios y de todas las épocas.

Aalto vivió en Jyväskylä mientras estudiaba el bachillerato y volvió a este lugar para abrir su primer estudio de arquitectura, en 1923, en un cursi edificio de estilo romántico nacionalista, uno de los más antiguos de la ciudad. Se conservan 28 planos de sus construcciones más relevantes y 16 edificios visitables, al menos por fuera, y por dentro si se programan las visitas.

Uno de los lugares más interesantes, por lo diferente, es el club de los trabajadores, de 1925, con un teatro de influencia italiana y una pared circular que sorprende por su decoración.

En esta ciudad es un placer entrar en el edificio principal de la universidad y sentarse para ver el paisaje a través de sus grandes vanos. Esa es una de las mejores sensaciones de la arquitectura de Aalto: que la naturaleza no se queda fuera, que continúa presente de puertas adentro. En la animada zona universitaria hay otros edificios del arquitecto: el instituto de pedagogía, la piscina, la residencia de estudiantes…

El teatro municipal, de 1964, que sigue hoy con la perfecta disposición de las butacas para ver el escenario desde todos los asientos y su cafetería magnífica, es otro ejemplo que nos deja sin palabras. En el exterior, los revestimientos cerámicos que él diseñó y que no se caen sobre los viandantes ni se deslucen con el paso del tiempo.

En Jyväskylä está también su museo, con mucha información sobre su obra. Hay varias viviendas interesantes, algunas para trabajadores, que tienen su firma, y edificios administrativos, como la sede de la Policía, que sigue funcionando.

El ayuntamiento de Säynätsalo

A veces, un edificio es capaz de poner a una ciudad entre las escogidas del mundo. Eso le ocurrió a Bilbao con su Guggenheim. A Säynätsalo le pasó lo mismo. La isla donde se plantó el ayuntamiento de Alvar Aalto es la más conocida de Finlandia y miles de personas acuden cada año solo para verlo. Está a unos 15 kilómetros de Jyväskylä.

A principios del siglo XX no había en la isla más que un aserradero. Con el tiempo, la exportación de madera empezó a ir viento en popa y la población creció. Pronto decidieron que hacía falta un ayuntamiento y convocaron un concurso. Lo ganó Aalto con una propuesta nada vista en Finlandia: una construcción de ladrillo en un país donde las casas siempre se habían hecho con árboles.

El town hall fue terminado en 1952. Desde su inauguración estaba claro que era una obra maestra. El exterior combina diferentes formas de disposición de los ladrillos y colocación con distintos grosores, según la importancia de la estancia o su necesidad de aislamiento. El edificio, en dos niveles, se adapta a la forma del terreno y rodea un patio central que mete la naturaleza en las habitaciones. Arriba están los espacios administrativos; abajo, los de uso común: apartamentos para funcionarios, cafetería y locales comerciales. Se comunican por fuera gracias a la llamada «escalera de campo», con peldaños cubiertos de hierba.

En el interior la luz es omnipresente, con tragaluces y lucernarios estratégicamente situados. Hay iluminación natural en las escaleras interiores de peldaños suaves. Unas persianas de madera permiten cambiar el uso de la sala del consejo, a veces abierto a la luz, a veces concentrado. Todo está lleno de detalles de exquisito diseño, como la disposición de las vigas de madera en el techo y una original estructura de mariposa, una especie de adorno que permite la ventilación.

Hay una estratégica ventana que alumbra un óleo de Fernand Léger, de 1950, encargado expresamente por Aalto para ese sitio, esa especie de hornacina. Cuando Léger murió, sus herederos pidieron un precio por la obra que el ayuntamiento de Säynätsalo no podía pagar. Aalto, amigo del pintor, pintor él mismo y coleccionista de arte, compró el cuadro.

Todo cuenta

Incluso el asta de la bandera del ayuntamiento fue diseñada por Aalto. Él no se conformaba con hacer bellos edificios; también cuidaba su interior. En 1935, junto con su mujer, la arquitecta Aino Aalto fundó Artek, una empresa de muebles, lámparas y objetos fabricados fundamentalmente en madera y vidrio. Querían que sus edificios agradaran hasta en el más mínimo detalle. No fue idea suya, sino de otros que vieron la posibilidad de negocio que ofrecía esta pareja genial. Aino y Alvar firmaron juntos todas las obras creadas durante los 25 años que duró su matrimonio, hasta la muerte de ella en 1949. Aino debió de tener una influencia decisiva en su marido, pero no se sabe cuánto hay de uno y de otra. A ella se le atribuye más autoría en el diseño de interiores, iluminación, mobiliario, vajilla y objetos ornamentales, no se sabe si porque la sociedad es como es o porque la división del trabajo fue realmente así.

Sea como fuere, en la obra de Alvar Aalto todo está pensado para que el usuario se sienta bien. Por ejemplo, aunque la entrada sea discreta, con una puerta lateral sin protagonismo, el picaporte en donde pondrá su mano quien entre es cálido, ergonómico, amable. A veces, Aalto esconde los interruptores de la luz tras una solapa de madera, para que no se vea algo que pueda desentonar, o crea formas de ventilar la habitación sin necesidad de abrir un gran ventanal, para evitar que entre en casa el invierno finlandés.

Todo, absolutamente todo cuenta para Aalto. Cuando le pidieron un hospital para tuberculosos, creó la maravilla de Paimio, un lugar donde se respira el cariño, un edificio que él definió como un «instrumento médico». El proyecto, de 1929, tenía en cuenta cosas como la forma especial de los lavabos para que el agua no hiciera mucho ruido al caer, que las puertas que se abrieran sin esfuerzo, que la luz cenital no molestara a un yacente o que la barandilla de la azotea fuera baja para no impedir ver el paisaje a quien tuviera que contemplarlo desde una camilla. Eso sí es delicadeza.

Los seis magníficos de Seinäjoki

Si Jyväskylä es la capital de Alvar Aalto, Seinäjoki se ha concedido el título de «la ciudad de Alvar Aalto». Y también es verdad. Esta localidad de apariencia industrial, arañada por las vías del ferrocarril y con casas mohosas de tanto acumular días de lluvia, está orgullosa de su espectacular centro: seis grandes edificios de Alvar Aalto, uno al lado del otro, que el paso del tiempo no ha hecho más que embellecer, como ocurre con las grandes obras.

Aalto Centre es el corazón de esta ciudad, a unas dos horas y media de la anterior, más al norte y hacia el oeste, muy cerca del mar Báltico. El primero de los seis magníficos es la iglesia Cruz de la Llanura. La iluminación alegre, las lámparas como único ornamento, los bancos suaves y una ligera caída hacia el altar que permite que todo el mundo vea lo que sea que se escenifique allí abajo impresionan. Seguro que Aalto, siempre pensando en las necesidades de sus clientes, quiso que fuera más fácil acercarse al altar que alejarse de él. Aquí da igual que uno no crea en Dios, porque al entrar en la iglesia percibe el milagro de la arquitectura de Alvar Aalto.

El patio para celebrar actos al aire libre, la vajilla eucarística, la vidriera, la fuente, el campanario… también son diseños de este arquitecto global. Igualmente, en el ayuntamiento, en el edificio de la delegación del Gobierno y en el teatro municipal, se ocupa de sillas, mesas, picaportes, luminarias, tapicerías. Son otros edificios que organizan la ciudad en torno a plazas y a espacios peatonales en una época y en un lugar que no serían necesarios, y cuando entramos en ellos siguen siendo útiles. Como lo es la biblioteca, donde Aalto ideó unas mesas triangulares para aprovechar el espacio, unas sillas adecuadas para hincar los codos, las lámparas para leer mejor, la entrada de la luz exterior de manera que no creara sombras e incluso la disposición idónea de los escritorios.

Es verdad que hoy no se lee como antes. La gente ahora oye libros o se entretiene con pantallas. Por eso esta biblioteca de Alvar Aalto, donde hay investigadores silenciosos, se comunica bajo tierra con una nueva, integrada en el Aalto Centre, un edificio de magnífico diseño, como todo en Finlandia, que está pensado para que la experiencia de la cultura resulte feliz. Hay zonas para disfrutar de distintas formas de leer, desde una sala privada hasta espacios para familias. Se pueden elegir libros, claro, pero también música, revistas, experiencias de juego, dispositivos electrónicos, máquinas para personalizar cuentos, zonas donde imprimirlos… Apila Library está literalmente tomada por los habitantes de Seinäjoki. Las familias acuden en masa a pasar allí el rato y todos están orgullosos de este espacio público al que entran quinientos mil visitantes al año… en una ciudad que no llega a los setenta mil habitantes.

Seinäjoki es diferente gracias a Aalto, y requiere una visita tranquila a cada uno de los edificios. Allí se guarda también una colección de objetos de cristal producidos por Alvar Aalto y su primera esposa, Aino, entre ellos un enorme jarrón que él diseñó para el 50 cumpleaños de ella y del que solo quedan dos ejemplares, una vez que el tercero murió en las manos de una empleada de hogar.

En Helsinki está su casa y su estudio

Alvar y Aino construyeron su casa en la capital finlandesa para ellos y sus dos hijos, para vivir y trabajar. Sorprende que fuera un hogar no grande, no lujoso, sino simplemente cómodo. Las habitaciones son pequeñas y agrupadas, la cocina está abierta al comedor para poder estar todos juntos… Contempla esas cosas agradables de la vida familiar.

Tres años después de la muerte de Aino, Alvar se casó con de nuevo con el mismo modelo de mujer: una arquitecta y colaboradora, Elissa Mäkiniemi. Construyeron otra vivienda en Muuratsalo, la llamada «casa experimental», en la que ensayaron con materiales y diseños; muy interesante también. Y en la capital está su estudio, un edificio más de la lista que no hay que perderse, donde el arquitecto de la luz logró un verdadero prodigio.

De acá para allá en busca de Aalto

Alvar Aalto visitó una vez España, en 1951. En Barcelona, no le gustó nada la Sagrada Familia (como cabía esperar); en Madrid, solo se interesó por la Facultad de Ciencias Físicas y Químicas de la Ciudad Universitaria (como era de suponer), una obra racionalista de Miguel de los Santos. Otro arquitecto de la época, Coderch, contó: «Nunca olvidaré la impresión que me produjo la primera conferencia que Alvar Aalto dio en Barcelona. Sus palabras fueron la negación de la pedantería y del dogmatismo. Eran como un canto sereno y profundo al verdadero conocimiento humano, a la decencia y al sentido común».

En España nos creemos el dicho de que nadie es profeta en su tierra. Eso no ocurre en Finlandia. Todos los finlandeses parecen miembros destacados del club de fans de Alvar Aalto. Tienen en sus casas las banquetas y sillas que él y sus esposas diseñaron, cada hogar contiene varios de sus famosos jarrones de curvas y compran una y otra vez las mismas lámparas.

Su obra está dispersa por todo el país; otra ventaja, porque viajar por Finlandia es una experiencia a lo Walden. Lo único que está masificado en esta nación, que viene a tener la extensión de dos terceras partes de España con solo cinco millones de habitantes, son los árboles. Crecen en una superpoblación que se dispara hacia el cielo en competencia codo con codo con su árbol vecino. Finlandia es todo bosque apretado, o la mayoría: el 65 % de su superficie terrestre.

Este país tiene también el archipiélago más grande del mundo y unos diez mil lagos. No es que sea un buen lugar para las actividades de naturaleza es que prácticamente es la misma naturaleza. Aquí uno puede hacer cosas como dormir en cabaña en una isla desierta, conducir un trineo tirado por perros, pasear con raquetas… y darse a la sauna, claro.

El interesante recorrido por la obra y la vida de Alvar Aalto (1898-1976) lleva a conocer este país, verde en verano y blanco en invierno. Seguir sus huellas es una experiencia verdaderamente emocionante. Se puede hacer armados de una buena guía o contratar un paquete con alojamiento y visitas guiadas, que se disfrutarán mucho más, tanto en Seinäjoki como en Jyväskylä o en Helsinki. La Fundación Alvar Aalto organiza viajes a todos los destinos para mostrar su legado. Y cualquier mes resulta perfecto para admirar su arquitectura. No se preocupen por el frío: los finlandeses viven allí todo el año y no les pasa nada.

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