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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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“Caravaggio y los pintores del norte”5 cuadros por los que no te perderás la exposición de Caravaggio

Una pequeña selección de los cuadros del Thyssen-Bornemisza que más nos han conquistado por su fuerza y belleza.

Bastan cinco cuadros para que la visita cumpla todas las expectativas. Con esta selección absolutamente hedonista merecerá la pena sin ninguna duda la visita a la obra expuesta en “Caravaggio y los pintores del norte” del Museo Thyssen-Bornemisza. Una convocatoria que hará que compartas la pasión con la que creaban Michelangelo Merisi (Milán, 1571 – Porto Ercole, 1610) y sus coetáneos. Tienes hasta el 18 de septiembre.

1. San Juan Bautista en el desierto. Caravaggio pintó a este San Juan Bautista en 1602 como un imponente y reflexivo joven arropado con pieles y un manto de una rica tela roja: una obra de gran tamaño en la que el magnífico adolescente resalta y se hace carne en un impresionante claroscuro. La piel de camello con la que se cubre y la frondosa vegetación de fondo sirven para enriquecer aún más la obra. Sin duda el artista rebelde y barroco dejó muda a la sociedad romana de la época saltándose la imagen clásica del pobre asceta en el desierto… ¡y con qué perfección lo hizo!

2. Los Músicos. Una sensual obra realizada por Caravaggio hacia 1595-1596 durante su estancia en Roma, en el Palazzo Madama, para su benefactor el cardenal Francesco Maria del Monte. Cupido aparece a la izquierda de los tres jovencísimos músicos, de los que se cree que Michelangelo dibujó en el centro su autorretrato. Una obra maestra rebosante de carnalidad traída del Metropolitan de Nueva York.

3. La buenaventura. Caravaggio vuelve a salir de las normas convencionales y retrata a un joven rico dejándose leer la mano por una adivina… y quizá de paso sisar su anillo. Mientras él se queda ensimismado, la mujer le mira a los ojos con una leve y pícara sonrisa. Sin duda en su azarosa y pendenciera vida, Merisi conocería a más de una pilla. En su gusto por retratar con realismo utilizaba con frecuencia como modelos a personajes de la vida callejera, pero lo que fascina de este cuadro es la elegante y moderna composición de los personajes, sus ropajes y la fuerza de las miradas. Una instantánea completamente aislada del entorno, sobre un fondo neutro.

4. El sacrificio de Isaac. La escena de esta impresionante obra de Caravaggio impide apartar la mirada de los rostros y la mano de Isaac con el cuchillo mientras aprieta la cabeza de su hijo contra el altar. Tanto realismo y naturalidad apabullan. Casi oímos los gritos del joven. Llegamos un minuto más tarde y le corta la garganta. Sin palabras.

5. Retrato de un joven. Nos apartamos de los grandes cuadros de Caravaggio para centrar la atención en este pequeño retrato realizado por Rubens – un gran admirador suyo – a los 24 años. La cabeza de un joven con rizos negros (1601) es un óleo montado sobre tabla que refleja el movimiento de la cabeza con una naturalidad y frescura exquisitas. Su rostro recuerda a unos de los jóvenes músicos que pintó Caravaggio; seguramente ambos le conocieron. Un retrato que anuncia el estilo exuberante y voluptuoso que Rubens plasmaría en otras obras mayores como las Tres Gracias, hoy día en el Museo del Prado.

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