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Un libro autoeditado y en venta en internetDead skin de Rafael Roa, no apto para pieles sensibles

El fotógrafo madrileño presenta su último trabajo sobre las huellas del tiempo en la piel.

La librería La Fábrica de PhotoEspaña ha sido el lugar donde se ha presentado este trabajo duro, difícil de digerir y a contracorriente. Reconocido por su excelente dominio del retrato y los desnudos, el fotógrafo madrileño Rafa Roa (1955, Madrid), creador de un culto blog de fotografía,  ha querido reflejar en su último proyecto Dead skin todo aquello que no queremos ver, eso que tanto tememos; y lo ha hecho descarnado, sin una sombra de duda. Arrugas, tatuajes, varices, marcas… piel arrugada, flácida, transparente, vapuleada o casi marchita.  Signos de la vejez con una iluminación artificial, luz azulada o violácea como único decorado, como si quisiera ponernos en situación ante el ineludible final. Si en su proyecto Hidden Desires los desnudos nos hablan de deseo, obsesiones y fantasías prohibidas, en Dead Skin – donde tampoco hay rostros – los únicos protagonistas son la detallada orografía de la piel y los órganos genitales. Primeros planos de nuestro embalaje exterior con las huellas de los crudos envites del tiempo, el peso de la vida.

¿Por qué Dead skin?

La idea de este trabajo surgió hace dos años, después de unas lecturas sobre la estética de lo efímero. Me interesó ese concepto. Lo efímero en relación con la fotografía, el hecho de que todo lo que fotografiamos es pasado inmediato. Profundicé sobre la idea de las huellas que deja el tiempo en nosotros, cómo nos vamos transformando y cómo se hacen visibles esas huellas en nuestra piel. La piel es entorno que nos rodea. Esas huellas definen en qué parte de nuestra vida nos encontramos y qué lejos o cerca estamos de nuestro final. Paul Klee evocaba la exploración de la nueva dimensión del arte “el tiempo”. Y la paradoja imposible de Penone “hacer eterno lo efímero”. Lo efímero como definición parcial del tiempo, de todos esos instantes que se nos escapan cada día sin poder detenerlos.

Has trabajado muchos años como fotógrafo de moda y publicidad ¿Tenemos una idea equivocada de cómo debe ser nuestro cuerpo?

Vivimos en la edad de la simulación, desde las editoriales de moda siempre se ha vendido la eterna juventud. Con la aparición de la fotografía digital las personas prefieren verse retocadas y rejuvenecidas en vez de aceptar el paso del tiempo. No hay un personaje público en el siglo XXI del que tengamos una imagen real, todas han sido retocadas en mayor o menor medida. En el fondo la mayoría prefiere tener una imagen virtual de sí mismo antes que enfrentarse con la nitidez de las arrugas en nuestros rostros.

¿Por qué el uso del cuerpo desnudo para transmitir la idea del paso del tiempo?

El uso del desnudo a lo largo de la historia del arte siempre ha traído polémicas e incomprensión. Todos los grandes maestros de la fotografía que han usado el cuerpo como vehículo para la expresión de sus ideas o sensaciones han sufrido una censura más o menos velada o durante una gran parte de sus vidas esas obras han pertenecido a su ámbito privado. El uso del cuerpo como medio de transgresión ha sido el arma utilizada por estos autores en contra de la hostilidad que recibían.

En este caso es sólo es soporte para mostrar la decadencia en nosotros mismos.

Dead Skin cumple con todas las definiciones básicas de la fotografía. Como huella de lo real, como una imitación de lo real, y como una interpretación subjetiva de lo real. En este trabajo se encuentran reflejadas estas definiciones, mezcladas entre sí para dar origen a las sensaciones que pretendo provoque en el espectador que las contemple.

La estética de lo efímero melancólico nos lleva al uso de las imágenes para evocar los instantes felices que jamás volverán a nuestras vidas. El recuerdo como evocación de lo vivido. La piel es la protagonista de este trabajo como soporte de las huellas del tiempo, una piel alterada por la ficción del color que la presenta ante el espectador. No es un trabajo documental ni pretende serlo, es una pequeña reflexión sobre lo efímero de nuestra existencia con esa alteración cromática que es la característica principal de estas fotografías.

Si nos acercamos a la contemplación de estas imágenes con nuestros prejuicios sobre la desnudez de los cuerpos o la expresión visual de nuestros deseos más íntimos nos estaremos alejando del significado que para mí tienen estas fotografías y que pretendo compartir con el espectador. La curiosidad del paseante de Walter Benjamin en la exploración de la ciudad debería de ser la actitud con la cual nos debemos acercar a buscar nuestra propia interpretación de cualquier obra de arte.

En estos tiempos en los que prima la belleza ¿duele o alivia reflejar con tanto detalle las impurezas?

A mí ni me duele ni alivia, intento mostrar ese paso del tiempo en los cuerpos que fotografío. Lo que ocurre es que la herramienta de la fotografía refleja con bastante nitidez la huella de lo real. La pintura lo difumina, lo hace menos cruel. Me han comentado que si mi trabajo tiene alguna conexión con la pintura de Lucian Freud. Nunca pensé en este artista cuando hice el trabajo, realmente nunca pienso en las obras de otros cuando estoy creando las mías. Podemos decir de Lucian Freud pinta instantáneas de personas normales desnudas en situaciones cotidianas, y yo me sumerjo en las huellas de la piel buscando incluso la abstracción o el paisaje del cuerpo que no somos capaces de ver a simple vista.

Llevas años dando clases de fotografía… como profesor, ¿hay una lección que podamos aprender de este proyecto?

Yo trato de enseñar a mis alumnos que tenemos que partir de una idea para producir imágenes, defiendo la fotografía con un acto reflexivo. No cojo la cámara sino tengo una idea previa que quiero materializar en imágenes.

Los modelos no son personas muy mayores, aún no son viejos ¿es la edad en la que más duele ese recorrido?

Las edades de las personas que han participado en este proyecto van de 25 a 66,  la mayoría se encuentra en la cincuentena. No creo que haya edades que duelan yo no lo percibo así, el tiempo pasa y hay que tratar de disfrutar cada etapa.

Dead skin es un libro autopublicado disponible en la web del autor y en la librería La Fábrica de Madrid; una obra que ha requerido cerca de dos años de trabajo, pero que se enmarca en un proyecto mayor que Rafael Roa no da por cerrado y en el que continúa trabajando. Con prólogo de Laura Terré y diseño de Gabriel Corchero, Dead Skin es un libro de elegante diseño y sencilla edición.

Desde finales de los años 80, Rafa Roa cuenta con una larga historia de pasión por la fotografía. Después de una época gloriosa como fotógrafo de moda y de retratos colaborando con  Pedro del Hierro y  grandes medios como El País Semanal, Vogue, Elle, Marie Claire, Cosmopolitan… actualmente trabaja en proyectos más personales mientras comparte sus conocimientos como profesor en la Escuela Internacional de Fotografía PIC.A (Alcobendas/PhotoEspaña).

Una respuesta a Dead skin de Rafael Roa, no apto para pieles sensibles

  1. Elisa Albaladejo dijo:

    En otras culturas como en Méjico o en India , están acostumbrados a convivir con la visión del paso del tiempo e incluso con su final ,la muerte, como modo de no perder el contacto con la realidad y mantener la cordura. Dead Skin , me parece un trabajo muy preciso en donde lo que normalmente en nuestra cultura se quiere ocultar ,como si el paso del tiempo no existiera , es mostrado y señalado , alcanzando por ello una gran belleza.

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