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“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson

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Dirige talleres perfectos para sumergirse en el País Vasco En los bosques

Leire Unzueta es fotógrafa con una poderosa sensibilidad. Día sí y día también se pierde, cámara en mano, en el Parque Natural de Gorbea y Urkiola.

Desde pequeña le gusta la fotografía y llevaba la cámara de sus padres en las excursiones del colegio. Hasta que recibió la primera como regalo. Y aunque hasta no hace mucho tiempo Leire Unzueta solo tomaba instantáneas durante sus viajes, hoy por hoy, sabe que éste es su modo y estilo de vida. Dése una vuelta por su web o por su cuenta de Instagram (@leireunzueta) y corrobore de qué nivel artístico hablamos. 

¿Hubo alguna persona o hecho que desencadenara tu elección profesional?
Desde siempre me ha gustado el arte en todas sus formas y cuando tuve que decidir qué quería estudiar me planteé seriamente hacer un grado superior de imagen y sonido. Al final opté por Traducción e interpretación porque también me gustan los idiomas, las culturas y viajar. Además, siento que mis padres tuvieron algo que ver en ese cambio de planes, por lo de “del arte no se puede vivir”.

Cuando terminé la carrera hice un master en cooperación internacional que me llevó a trabajar en ONU Mujeres en México. Fue una experiencia con la que pude aprender mucho y trabajé en los ámbitos que había estudiado y me gustaban, pero con el tiempo supe que trabajar para el sistema no era lo mío. Así que di un giro completo a mi vida, volví al País Vasco e intenté empezar con la fotografía. He tardado mucho en dar el salto, pero quizá es ahora cuando me siento más preparada para ello.

¿Siempre viajas, caminas y te mueves con una cámara?
Hasta hace varios meses he estado trabajando como profesora de inglés en colegios y empresas de la zona donde vivo y siempre llevaba una cámara en la mochila por si acaso. Sobre todo para esas horas libres que tenía entre clase y clase, durante las que he podido realizar la mayoría de mis fotografías de bosques.

Cuando viajo siempre llevo una mochila con el equipo. No me gusta llevar muchos trastos, una cámara y uno o dos objetivos, el dron si voy a hacer paisaje, la cámara analógica, muchos carretes y otros accesorios. Aunque todo eso parezca mucho, siempre intento minimizar el peso de la mochila y llevo lo justo y necesario para hacer el trabajo que hago. Así que sí, casi siempre llevo alguna cámara conmigo.

¿Qué te ofrecen los bosques?
Hace relativamente poco que me he dado cuenta de que pasear por el bosque es una vía de escape del ruido del mundo, es mi forma de desconectar, de escuchar mis pensamientos… Por lo que el bosque me da tranquilidad y me siento muy creativa cuando lo fotografío.

¿Tienen que ver con tu infancia? ¿Siempre ha habido un bosque en tu vida?
La verdad que viviendo en el País Vasco y estando rodeada de tanta naturaleza supongo que algo tendrá que ver. Me siento muy afortunada de tener estos paisajes tan cerca. Es todo un lujo poder salir de tu casa e ir andando hasta uno de los montes más altos de Euskadi o coger el coche y en media hora poder pasear por los pueblos y acantilados de nuestra costa.

¿Cuál es tu favorito?
Aquí en casa supongo que los que más he explorado son los que están en la zona del Parque Natural de Gorbea y Urkiola, así que les tengo mucho cariño a estos dos. Pero el Bambusal de Arashiyama, en Kyoto, los Redwoods de California o la selva Hoh en la Peninsula Olímpica de Washington son algunos de los bosques que más me han impresionado.

No son escenarios demasiado luminosos, ¿te gusta la oscuridad?
No es que me guste la oscuridad, sino que prefiero el ambiente de los días lluviosos y de niebla para fotografiar el bosque. El sonido de la lluvia dentro de un bosque relaja muchísimo y los colores son mucho más vivos, así que son las condiciones perfectas para crear la atmósfera que consigo en mis fotos.

¿En su interior el ritmo baja irremediablemente?
Totalmente y sobre todo cuando lo estoy fotografiando en las condiciones atmosféricas que tanto me gustan. A veces lo disfruto tanto que pierdo el sentido del tiempo. Supongo que esa sensación es todo un lujo teniendo en cuenta el ritmo de vida que llevamos y lo rápido que pasa el tiempo.

Fuera de ellos, sobre todo en las ciudades, ¿vamos demasiado deprisa?
Sí, es curioso… Hace unos diez años me hubiera ido feliz a vivir a un lugar como Nueva York o Tokyo. Cuando vivía en la Ciudad de México me encantaba el ritmo de vida allí y, sin embargo a día de hoy, mi marido y yo escapamos literalmente de las ciudades. Cuando viajamos en furgoneta apenas pasamos por ciudades y si entramos en alguna es para pasar una mañana o tomarnos un café a la tarde.

Igual es que nos estamos haciendo mayores, que también puede ser, pero es increíble como han cambiado mis gustos y ahora me encanta vivir y la comodidad que tiene estar en un pueblo relativamente pequeño.

¿Si tuvieras que elegir un árbol, planta o flor que habite en los bosques, cuál sería?
Hay unos árboles en Yemen que se llaman Sangre de Dragón o Socotra Dragon que me encantaría poder verlos algún día. Lo mismo siento con los Baobabs de Madagascar. Son diferentes a lo que tenemos aquí y me gustan por eso mismo. Me llaman mucho la atención. En cuanto a plantas, el helecho siempre me ha gustado y mis flores favoritas son las peonías y las dalias.

¿Te gusta escuchar el silencio de los bosques?
Mucho. Normalmente cuando voy al bosque a hacer fotos es cuando llueve por lo que no hay nadie alrededor. Me encanta el sonido de la naturaleza, el del viento… es una sensación que todos deberíamos de disfrutar más a menudo.

¿Cómo surge la idea de los talleres, quiénes se apuntan, cómo crees que es la experiencia para los participantes?
El trabajo de un fotógrafo no es solo hacer fotos. ¡Ojalá, qué más quisiéramos! Con la democratización de la fotografía todo el mundo hace fotos y cada vez hay más gente interesada en aprender de otras personas. Durante mucho tiempo recibía correos de personas que querían saber cómo editaba y otras decían que les gustaba la fotografía de paisaje, pero no sabían dónde enfocar o retratar la belleza de lo que tenían delante.

Así que después de muchos años como profesora, creo que tengo la capacidad suficiente como para poder enseñar lo que hago. Lo que yo ofrezco en mis talleres no es teoría de la fotografía ni la técnica exacta de cómo hacer una foto u otra. La fotografía es arte por lo que creo que hay que mirarlo como algo artístico, subjetivo, siempre y cuando no se trate de fotoperiodismo, claro. En mis cursos muestro cómo trabajo, en qué me fijo, cómo edito para llegar a mis colores y eso es lo que le gusta a la gente. Normalmente viene gente que le gusta el paisaje o que quieren aprender las técnicas de edición… Siempre hago amigos nuevos, lo pasamos muy bien y se llevan lo que querían saber ya que intento adecuarme a las necesidades de cada uno.

Por último, viajas en furgoneta. ¿Qué te brinda este tipo de viaje?
Libertad. Libertad para elegir con qué vistas quieres dormir, libertad para ir a tu ritmo y parar dónde y cuándo quieras. Es una sensación maravillosa. No es para todo el mundo, ya que hay que tener la furgo muy organizada para poder pasar semanas en ella y que no te dé una sensación de agobio o un ataque de ansiedad. Nosotros siempre decimos que es nuestro hotel de cinco estrellas y la casa cuando estamos fuera de la nuestra.

¡Hay tantos lugares con los que me quedaría! Creo que el viaje que hicimos a Noruega es uno de nuestros favoritos, ya que todo es espectacular allí. Pero siento que nos queda mucho por conocer. África, por ejemplo, si tenemos suerte bajamos a Namibia el año que viene.

¿El amanecer que difícilmente olvidarás y que te ha concedido la furgoneta?
En una lago glaciar cerca de Olden en Noruega. Fue un amanecer frío, de mucha niebla, pero cuando abrimos el portón de atrás de la furgo y miramos lo que teníamos delante de nuestra cama fue una sensación increíble. Un lago color verde turquesa, rodeados de montañas… Ya podrían ser todas las mañanas así de increíbles.

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