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Artesanía.Encuadernación Calero

Nuevo impulso de manos de un equipo con gran entusiasmo.

Nacho Mateos nada tenía que ver con el mundo de la encuadernación. Nada. Tampoco con la Encuadernación Calero, pero junto a otras personas como las empleadas, ahora socias, decidió tomar las riendas de un negocio que se acerca a los 100 años.

Mateos supo que la jubilación de la anterior propiedad suponía el cierre. Que significaba abandonar un oficio que utiliza las mismas técnicas del pasado, con maquinaría del siglo XIX, pero adaptadas a nuestro tiempo, al siglo XXI.

Consciente de las personas que estaban detrás, poseedoras de una gran sensibilidad y autoras de obras de arte que deleitan a quien las adquiere, decidió empezar a escribir un nuevo capítulo de esta empresa madrileña.

Fundado en 1907, es uno de los talleres de encuadernación más antiguos de España, que ni siquiera cerró sus puertas durante la Guerra Civil. En plena era digital, ellos apuestan por el trabajo 100% artesano.

Esta rara perla, en manos hasta ahora de las familias Calero y López-Valencia, hoy toma nuevo impulso gracias al citado empresario, a Mayte Gómez Carabias y Chon González (antiguas trabajadoras con más de 20 años de experiencia), a la restauradora Mónica Sánchez (que ha trabajado en los laboratorios de restauración de la Biblioteca Nacional, del Museo Naval o del archivo de la ciudad de Westminster entre otras instituciones) y a la enmarcadora Carmen Querol.

Se trata de un negocio con pasado, presente y también futuro. Porque, en opinión de Mateos, “Siempre existirán personas cultas y exquisitas que sepan valorar lo que tienen entre sus manos. Por muy acelerada que hoy vaya la vida, nosotros podemos presumir de clientes que saben disfrutar con los 5 sentidos, y digo bien, los 5 sentidos. Del ruido del papel al pasar la página mezclado con el olor de las pieles, telas y papeles elegidos. También de la satisfacción de acariciar la obra por todos sus rincones, del deleite de contemplar una pequeña o gran biblioteca alineada con caprichoso gusto y del gusto que impregna en nuestros dedos las mezclas de cueros y papeles”. Es decir, de sensaciones, al fin y al cabo, tan necesarias hoy por hoy.

La esencia es la misma, pero hay novedades. La arquitecta Luisa González Portillo ha creado un espacio dividido en dos ambientes: el taller y el aula.

El taller conserva el encanto, la magia y los útiles propios de un oficio artesano: guillotinas, volantes, cizallas y máquinas de coser antiguas. También, más de 2.000 hierros entre tipografías, adornos y ruedas de ornamentación (que constituyen una de las mayores colecciones de España) y sellos de las empresas y estamentos oficinales para las que ha trabajado desde su fundación.

Son joyas como los primeros logos del hotel Ritz, Yves Saint Laurent o Chanel, así como los escudos de todas las épocas y gobiernos (desde la Primera República hasta la Guerra Civil y el Franquismo pasando por el reinado de Alfonso XII) que atestiguan su apasionante y apasionada historia.

Por otro lado, confeccionan agendas y artículos en piel con grabados a mano, álbumes de fotos personalizados, estuches de cartonaje y un largo etcétera de piezas únicas. Y se han convertido en taller de enmarcación de cuadros.

En cuanto al aula, con el objetivo de transmitir un oficio para que no caiga en el olvido y que es una actividad de ocio relajante y gratificante, imparten diversos cursos. Son lecciones de encuadernación para devolver el brillo, quizá, a los ejemplares con valor sentimental, de restauración de papel, de caligrafía, dibujo y pintura así como de cartonaje para crear estuches decorados, joyeros, espejos… y otras disciplinas relacionadas con el mundo del libro.

Aúnan técnicas antiguas y modernas, al alcance de cualquier bolsillo. Porque, como dice uno de los nuevos propietarios de Encuadernación Calero, “los productos artesanos tienen que estar al alcance de cualquier persona sensible”.

Una respuesta a Encuadernación Calero

  1. Enrique Recio dijo:

    Mi padre trabajo ahí toda su vida , era marroquinero

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