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En Madrid, en el espacio Castellana 22, hasta el 2 de marzoÉtimo, en torno al origen

We Collect Club presenta la obra Étimo, de Carla Cascales, una treintena de esculturas en pequeño y gran formato.

Tras una meteórica carrera en el ámbito del diseño, la escultora Carla Cascales inaugura exposición en el espacio Castellana 22, que gestiona We Collect Club y donde muestra su trabajo artístico por primera vez en solitario.

Lo tenía todo para triunfar en el mundo del diseño pero decidió dejarlo para apostar por el arte. Con tan solo 28 años, y tras una fulgurante carrera como diseñadora en la que ha recibido numerosos encargos de marcas como Nike, Facebook, Aristocrazy, Louis Vuitton o Lacoste, y participado en congresos internacionales en capitales como Milán, Barcelona, Tel Aviv, Madrid o San Sebastián.

Hasta el 2 de marzo, exhibe su lado más personal. La muestra se titula Étimo y recoge treinta esculturas en pequeño y gran formato realizadas en diferentes materiales nobles. Esto es, madera, mármol o piedra, que habían sido descartados para su uso industrial por irregulares e imperfectos. Además de una serie de esculturas móviles concebidas durante su última beca en la prestigiosa Varda Artist Residency de San Francisco el pasado verano.

La búsqueda de la esencia y el origen de las cosas ha sido una constante en la trayectoria de la artista, de ahí el nombre de la exposición. Cascales explica: “Étimo significa ‘origen’ en griego. Para ellos, la búsqueda del origen de una palabra equivalía a la búsqueda de la esencia de la cosa designada. En nuestro mundo actual, donde no llegamos nunca a profundizar en nada y donde todo es consumo rápido e instantáneo, este camino cobra para mí mucho más sentido. Con esta exposición he querido hacer un pequeño homenaje a esta reflexión, llegar a la esencia sin perder poesía”.

Las piezas que se pueden ver en la muestra reflejan el interés de la artista por la arquitectura del movimiento moderno, el brutalismo y el minimalismo, además de su aprecio por los materiales nobles, las geometrías y la ausencia de ornamentos.

La cultura japonesa ha estado siempre muy presente en su trabajo a través de dos conceptos tradicionales. El primero es el Wabi-sabi, la valoración del paso del tiempo y la apreciación de la belleza imperfecta, irregular y mundana.

En cuanto al segundo, se trata del Kintsugi, técnica de restauración de cerámica que propone reparar las fracturas con oro y mostrarlas en vez de esconderlas. El objeto reparado así es más bello y fuerte que antes de su rotura.

“La belleza de estos conceptos son metáforas que se pueden aplicar a las personas: apreciar el paso del tiempo, encontrar la belleza en lo mundano o mostrar nuestras heridas”, comenta la artista.

Admiremos y reflexionemos en torno a la fugacidad, el comienzo de todo. En torno a lo esencial, ni más ni menos.

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