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Exposición de collages en APARADOR22 en Girona hasta el 11 de junioGràcia Ribalaiga, el arte de cortar y pegar

Gràcia Ribalaiga tiene un don: ve lo que tú no ves. Se diría que a ella los objetos le hablan. Ella mira, encuentra cosas, recorta, compone, pega y… de pronto, lo aparentemente irrelevante se transforma bajo sus manos, adquiere sentido y nos cuenta una historia. Y entonces sí: también nosotros logramos “ver”.

¿Qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? Pues ni el uno ni la otra: todo comenzó con una huevera. No una huevera cualquiera, no. Una huevera de un tono desvaído, de cartón reciclado suavemente rugoso. Porque en el trabajo de Gràcia Ribalaiga la textura es importante. El tacto. De los papeles antiguos hechos a mano y de libros usados, de cuadernos de colegio y revistas de la época de nuestras abuelas, de cajas de mercadillo y maderas viejas…, todos son aliados perfectos para componer sus paper works.

“Mi forma de trabajar no es nada premeditada. Las obras van surgiendo de manera espontánea, sobre la marcha. Fui acumulando hueveras de cartón, de ese cartón arrugado, mate. Me daba pena tirarlas porque me gustan. Iban pasando los años, las hueveras me bailaban en la cabeza, las sacaba de su caja de vez en cuando o me las encontraba por casualidad un día revolviendo entre mis cosas y pensaba: ¿qué haría yo con estas hueveras?”

Es cierto: Gràcia encuentra objetos y los va dejando por ahí, guardados en un cajón, apilados en una balda, encerrados en un armario…, y se diría que con el paso del tiempo ellos se comunican entre sí, se confabulan. Y Gràcia lo capta, lo interpreta a su manera y comienza a jugar. Le apasiona componer y montar historias, recortar y crear nuevas vidas para sus personajes, casi siempre rescatándolos del olvido. Durante el proceso creativo su mesa es un caos absoluto, ¡parece un gallinero!

“Por otro lado, tenía fotos familiares antiguas en blanco y negro que también me gustaban mucho. Y también casualmente encontré unas palabras que formaron una frase ‘… i tot va començar com si volgués explicar un conte’… Y todo comenzó como si quisiese contar un cuento…”

Y así se va armando la narración y la cajita de cartón, el sencillo contenedor de huevos, se transforma en un escenario donde viven y se relacionan unos personajes, la familia de Gràcia retratada en blanco y negro: por ahí aparecen sus tíos el día de su boda, los dos sonrientes ante un gigantesco pastel de merengue, y la abuela materna María, tan guapa y tan presumida ella con su vestido años 20 y su collar de perlas. ¡Qué favorecida está decorada con esa flor de papel que le ha colocado Gràcia en el pelo! Y la niña pepona, su madre Amelia de pequeña, apoyada en una pera gordota; y su padre Jaume de niño con su hermana Margarita el día de su Comunión con enormes caracolas los dos sobre sus cabezas… Algunos personajes permanecen fijos en el papel, otros aparecen recortados creando un relieve y una profundidad en la huevera tridimensional; hay fotos bordadas, otras pintadas, algunos elementos del collage se salen del marco, asoman ramas, se escurren raíces por los agujeritos de cartón, pequeñas ventanitas por donde se cuela la luz y los personajes tienen sombra… Hay mucha vida, mucho movimiento sobre el escenario.

En la obra de Gràcia Ribalaiga el divertimento es una constante: sus imágenes son lúdicas, alegres, chispeantes. Aparecen flores y frutos por doquier y caracolas marinas, peces, medusas, olas que arrastran algas sinuosas… Los protagonistas, algunos aparentemente muy serios, se animan a entrar en el juego que Gràcia les propone: “feel free!” y se liberan, manteniendo siempre, eso sí, una compostura elegante. Nadie se inmuta porque un bicho de lámina de biología le trepe por el hombro. Nadie hace el ridículo aunque lleve una alcachofa encima de la cabeza.

Si la obra de Gràcia surge de forma espontánea (“todo es casual”), luego, a la hora de componer, esta artista es puro detalle, perfeccionista hasta el punto de romper todo el trabajo realizado y volver a empezar de nuevo porque una flor la ha pegado “mal”. Sus collages responden a un sentido estético muy marcado, en ellos reinan el equilibrio y la armonía dentro de la acción y el movimiento y están llenos de sutilezas: una huevera flota ingrávida dentro de una caja-marco acristalada, y los motivos del collage se reproducen en el propio marco -un toque a la izquierda, otro toque en la base, creando un envoltorio hermanado con su contenido (“todo es casual…, ¡o no!”) Hay también muchos mapas geográficos como telón de fondo, porque a Gràcia le gustan y le gusta viajar: “Me monto películas cuando hago mis collages. Todo puede servir, todo puede motivar y toda búsqueda puede derivar en una vida nueva”.

Autodidacta, curiosa, a Gràcia Ribalaiga le apasiona lo que hace. Su primer collage lo hizo a los seis años para su padre. Ha trabajado siempre en el mundo de la imagen, el diseño y la publicidad. Ahora, con un año de retraso por culpa de ya sabemos qué, expone sus últimas obras en APARADOR22 de Girona hasta el 11 de junio. Gràcia también ha hecho incursiones en el gran formato: ha colaborado en las últimas ediciones de Street Art Ciutadella Antiga y ha sido seleccionada este verano para intervenir un container en el Aftersun Market de Port Adriano, en Mallorca.

El proceso creativo nunca se detiene…

¿Ves esta cajita con rollitos de papel pintado a mano? La caja va de un lado a otro, la pierdo, no la encuentro…. Un día de repente volvió a aparecer, la abrí, desenrollé los rollos y los volví a dejar en su sitio… No sé finalmente qué haré, ¡pero haré algo!”

Información en enlaces

graciaribalaiga.com

@graciaribalaiga_paper

@aparador22

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Gràcia Ribalaiga, el arte de cortar y pegar

Gabriela Domingo

Gràcia Ribalaiga tiene un don: ve lo que tú no ves. Se diría que a ella los objetos le hablan. Ella mira, encuentra cosas, recorta, compone, pega y… de pronto, lo aparentemente irrelevante se transforma bajo sus manos, adquiere sentido y nos cuenta una historia. Y entonces sí: también nosotros logramos “ver”. leer

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